Si hay algo en lo que están de acuerdo los diversos candidatos a la alcaldía de Barcelona y también los diversos cronistas de esta campaña, es que esta es, de largo, la más insípida, aburrida, despersonalizada y gélida campaña de todas las que se han llevado a cabo desde 1979 en el Ayuntamiento de Barcelona. Con esta constatación, no podrá extrañar a nadie que la participación el próximo 27 de mayo caiga por debajo de la que ha sido habitual en otros comicios locales. Es difícil que, en la semana escasa que falta para que la campaña llegue a su fin, esta tendencia sea modificada significativamente.
Llueve sobre mojado. El referendo del Estatut, primero; las elecciones al Parlament, después, y ahora las municipales consolidan un ciclo a la baja en la participación electoral en Barcelona. Diversos factores determinan la ausencia de un clima electoral, pero, para no echar balones fuera, tenemos que pensar que los candidatos y el estilo de campaña que los expertos han diseñado han ayudado, y mucho, a la victoria de la indiferencia. No son los únicos responsables, pero también lo son. Y todo esto sorprende porque algunos ya habían detectado que su principal adversario era la abstención. Sin ir más lejos, el equipo de Jordi Hereu sabía mucho antes del inicio de la campaña que solo si levantaba la participación que no tuvo en las últimas elecciones autonómicas podría respirar tranquilos al cierre de la jornada electoral.
Ferran Adrià ha sido el gran deconstructor ante los fogones. Otros aspiraban a convertirse en los deconstructores de la movilización ciudadana. La democracia también necesita pasión y, con tanta deconstrucción de la movilización cívica, la pasión democrática se convierte en humo. Con la diferencia de que el humo del Bulli mantiene la esencia de lo que era, mientras que el humo de nuestra política vacía la democracia de sentido.
Y, finalmente, todo el mundo debe saber que con una baja participación como la que se apunta, los pronósticos electorales son menos fiables de lo que se querría. No descartamos sorpresas --aunque menores-- en los resultados en Barcelona si la campaña no da un vuelco.