Las encuestas sirven para lo que sirven y las que se realizan en puertas de la campaña electoral ayudan a consolidar los imaginarios colectivos de los electores días antes de la cita con las urnas. Si hacemos caso de la última encuesta del CIS, en Barcelona las cosas van a variar poquito, y si se cumple lo que anuncian, es evidente que CiU y PP tendrán un problema grave.
Desde la recuperación de la democracia municipal en 1979, estos últimos cuatro años han sido los más difíciles para el equipo de gobierno de Barcelona, y particularmente para el PSC, con un alcalde, Joan Clos, de liderazgo social tan escaso que a ocho meses de las elecciones dejó paso a su relevo en el que fue claramente el último intento de los socialistas barceloneses por frenar su declive, con polémicas sobre el uso de las plazas y las calles --la eterna cuestión sobre la conciliación entre el descanso y el ocio en la ciudad--, sin olvidar el fracaso sin paliativos del último gran acontecimiento --Fòrum de les Cultures-- ni tampoco el impacto social del hundimiento del Carmel.
Difícilmente encontraríamos otros cuatro años tan intensos y difíciles para un equipo de gobierno como estos últimos. Y ya se sabe que, en teoría, cuando un gobernante lo tiene difícil la oposición lo tiene mejor. Pues bien, si tenerlo mejor quiere decir que CiU puede ganar entre uno y dos regidores y el PP incluso perder uno, no hay duda de que tendrán que analizarlo. Pero hoy son solo especulaciones.
No obstante, lo que parece claro es que Xavier Trias no está sacando todo el provecho posible de los debates que hasta ahora le han enfrentado con su rival, Jordi Hereu, el último organizado por EL PERIÓDICO el pasado viernes. Probablemente Trias era el mejor candidato contra Joan Clos, pero no es evidente que lo sea contra Hereu, que precisamente le relevó para corregir sus déficits.
En cualquier caso --y este es el otro problema de Trias-- no estamos en una campaña entre dos. Esto no es Francia, y la pluralidad de candidaturas con posibilidades hace que Trias y CiU no puedan recoger todos los posibles votantes que nunca optarían por Hereu. Barcelona no es cosa de dos.