La diversidad de realidades locales de Catalunya no puede ser reducida a la ciudad de Barcelona, pero los resultados de Barcelona contagiarán la lectura, especialmente para el PSC y CiU, de sus resultados en toda Catalunya. Es lo que tienen ser su capital. Siendo así las cosas, podemos fijarnos en aquello de particular que tienen los comicios en Barcelona para estas dos fuerzas.
Para empezar hay que recordar que estas elecciones serán las primeras desde 1983 en las cuales, por un lado, la mayoría que gobierna Barcelona, y que aspira a repetir mandato, y por otro la que gobierna Catalunya son del mismo color. Hay que recordar que en las anteriores elecciones, en el 2003, la Generalitat aún estaba presidida por Jordi Pujol (CiU). Es oportuno recordar que al presidente Pujol se le ha atribuido la teoría de que la ciudadanía castigaría la posibilidad de que un gobierno del mismo color pudiese ocupar los dos edificios de gobierno a lado y lado de la plaza de Sant Jaume.
El 27-M tendremos oportunidad de comprobar si esa teoría era sólida o más bien una excusa para camuflar los reiterados fracasos de CiU para alcanzar la alcaldía de la capital de Catalunya desde 1979 hasta hoy. En cualquier caso, lo que parece cierto el primer día de campaña es que Xavier Trias, por razones ajenas a su calidad como político y persona, está muy lejos de salir como ganador de estas elecciones. Solo un cambio radical de las tendencias que hoy las encuestas detectan --cosa difícil como consecuencia de una campaña-- puede convertirle en caballo ganador. CiU perdió el hilo que la podía catapultar a la alcaldía de Barcelona el día en que en el PSC alguien se decidió a pagar a Joan Clos un billete hacia la Moncloa.
Sin ser Jordi Hereu la renovación, el relevo de Clos mató el argumento de Trias a favor del cambio. Sin embargo, Hereu debe cuidar sus relaciones con sus socios de gobierno. En su acción preelectoral ha dejado entrever demasiado nerviosismo --lo del castillo de Montjuïc era innecesario-- y debería construir un discurso que claramente marque un perfil propio --pero no incoherente-- respecto del de ERC e ICV. La preocupación del PSC debería ser la abstención y no el electorado de estos.