DE ENTRADA | PUBLICADO EN EL PERIÓDICO EL 25 DE MAYO DEL 2007

Los 'freakies' de la campaña


PILAR RAHOLA

Estuve viendo, en lo de Albert Om, a este chico que interrumpe mítines electorales para pedir vivienda digna. Se llama, como es propio, el Supervivenda, va vestido a la guisa de superhéroe, amarillo cantón, y ya ha mareado a todos los candidatos. Es bonito ver cómo los que van de alternativos hacen cara de comprensión y sueltan una sonrisa de coleguis, que no parece convencer al superhéroe, y los otros se limitan al careto de circunstancias. No hay nada más duro que un candidato en campaña, sobre todo cuando tiene que besar niños, hacerse el gracioso o comprar tomates. Como las campañas son para eso, para que se aprovechen de los focos los postergados de siempre, y como se agradece un poco de alegría en estos días de aburrimiento, también ha tenido su color el grupo que se ha desnudado en las Ramblas contra la venta de animales. Toda mi simpatía tanto por el Batman de la vivienda como por el full monty ramblero como por las causas que los animan. Alguien pregunta ante el fenómeno, ¿esto es el freakismo elevado a categoría electoral? No lo creo. Esto es imaginación al poder, cabreo considerable y un poco de morro.
Pero el freakismo existe en campaña, y no va vestido de amarillo ni se enjaula desnudo. Al contrario, se viste de candidato, colorea las promesas electorales y hasta vende producto homologado. Pongo un ejemplo, el de Portabella. Primero nos ofrece el jardinero de barrio, después quiere trasladar el Tibidabo al Fòrum y ahora se descuelga con el canguro familiar. ¿Nos ofrecerá la suegra de vecindario? Ciertamente, para ser freaky no es necesario vestir chillón ni desnudarse en las Ramblas. Solo hace falta vender propuestas alucinantes, a tanto el día, y poner cara de respetable. Los freakies electorales visten de diseño.

 
DE ENTRADA, POR PILAR RAHOLA Y JOAN TAPIA