En esta aburrida campaña, los enteradillos nos buscamos diversiones al margen, so pena de aletargar al personal definitivamente. Y la última diversión tiene que ver con la cocina electoral, esos cocineros de los partidos que, en la intimidad de los hornos, cuecen las ideas. Habitualmente eran gente silenciosa, hasta que David Madí los estrelló en el estrellato público. Pero como Madí está escondido, y los otros se mueven cual fantasmas silenciosos, nos queda adivinar qué fuerzas de la naturaleza mueven los hilos de cada cual.
Me fijo en los últimos movimientos significativos, los carteles nuevecitos que Hereu y Trias han presentado en sociedad. Curiosa dicoto- mía, en uno desaparece el partido y todo es cara del candidato, y en el otro la cara pasa a mejor vida, sustituida por el partido. El cambio de cartel de Hereu tiene poco comentario malicioso, ya que la lógica es aplastante: su novedad tiene más fuerza que la pesada carga de un PSC que lleva toda la vida, y en unos tiempos de agotamiento de la política, la novedad es un plus. Por tanto, Hereu a tope, gran foto, una estrellita con la palabra "nou" y un aire de detergente lava más blanco que tiene su encanto.
Pero lo de CiU es más críptico. Veamos. Trias se ha pasado toda la campaña eludiendo al partido, cual Llanero Solitario sin interés por telonear a Mas y Duran. Ha hecho la suya, más allá de las directrices de la calle de Còrsega, y no ha querido saber nada de Madí. Entonces, ¿qué ha ocurrido para pasar, ahora, a un cartel sin su rutilante foto y con estética del 70? ¿No decían que Trias salvaría a Mas? Y, sin embargo, lo abducen y lo cambian por las mismas siglas que él iba escondiendo. ¿Correctivo convergente? ¿O pánico escénico ante una derrota anunciada?