Miro de soslayo todo este gran debate que afecta a lo vasco y que, desde lo vasco, apela directamente a la democracia. Es cierto, como se ha dicho, que la gente de Batasuna podía haberse ahorrado la petición de voto para Acción Nacionalista Vasca, entre otras cosas porque nadie de los propios habría dudado ante la urna. Pernando Barrena habría estado más mono algo más calladito; su sonora rueda de prensa solo es explicable en términos de testosterona batasuna, puro gesto de fuerza. Ahora el PP tiene más munición para el acoso y derribo, y la demagogia gana enteros allí donde los pierde el sentido común. Aunque, para ser sinceros, al PP no le hace falta demasiada pólvora para montar una explosión verbal. Sin embargo, y más allá de la inoportunidad y la inutilidad del gesto de Barrena, su actitud es impecable. Un ciudadano tiene todo el derecho a decir a quién quiere votar, y también lo tiene a animar al voto a los demás. ¿Qué tipo de democracia puede poner bajo sospecha a un partido porque otros lo jalean? Si este es el caso, habrá que preguntar si el PP es plenamente legal a tenor del apoyo que recibe de grupos de extrema derecha. Sin ir más lejos, el inefable Sáenz de Ynestrillas ya ha movilizado a los propios en ese sentido. Y, buceando en las webs franquistas, Rajoy se lleva todos los aplausos.
Hemos perdido el norte de tal manera que un vasco puede estar bajo sospecha por lo que pensaba hace 10 años, o por el partido al que defiende, o por su ideología, y viejos represores franquistas se presentan en muchas listas. La ley de partidos es un agujero negro de la democracia y sus consecuencias son perversas. Pura hipocresía política que deja a miles de ciudadanos en el limbo de la política. Pura maldad legal.