Utilizar es aprovecharse de algo. Usar un martillo, por ejemplo, para clavar un clavo. Aprovechamos la contundencia de la herramienta para conseguir un determinado fin: que el clavo se clave. Usar es también, en castellano, hacer servir. Son verbos de raíz instrumental. Algo está ahí para ayudarnos a conseguir otro algo. Ninguna de las variantes del diccionario cita a una persona como ese posible algo que utilizamos. Siempre nos referimos a un objeto o una cosa.
Algunas campañas publicitarias han utilizado el utilizar en un sentido pronominal. Como si las lavadoras hablasen o como si tuvieran alma los lavabos públicos o las papeleras. "Utilízame", dice un contenedor de materia orgánica. Es mucho más raro que una persona diga "utilízame". Que se ofrezca al consumidor o al usuario como cosa a utilizar. Como mucho, un individuo dice de su pareja: "Me ha utilizado", después de saber que le ponía las cuernos con su mejor amigo/a.
Hay humanos que usan "utilízame" o "úsame" en sentido literal. Como el príncipe Carlos de Inglaterra, que quiso ser el támpax de su novia. Los que se ofrecen para el uso y consumo del otro, más allá de la intimidad, son los actores y actrices de películas pornográficas. Se dedican a ello con ansiedad; ya se sabe que en el porno la persona es, por definición, una cosa a utilizar. Debe de ser por eso que algunos candidatos republicanos se han resistido a utilizar el eslogan <i>Utilízame</i>. Una amiga mía asegura que eso solo lo dice en privado en situaciones de alto voltaje pasional y, por supuesto, intransferibles.