palabras de paso | PUBLICADo EN EL PERIÓDICO EL 24 DE MAYO DEL 2007

Reflexión


JOSEP M. FONALLERAS

Lo primero que salta a la vista al encontrarte con la palabra reflexión es que se trata de una desviación. En física, por supuesto. Las partículas de la luz, un sonido, una onda acústica, chocan contra una superficie y salen disparados, más o menos, hacia el lugar de donde vinieron. Lo que vulgarmente entendemos por reflexión, es decir, el acto gracias al cual uno se fija en sus propios actos y obra en consecuencia para no volver a repetirlos o para tropezar dos veces con la misma piedra, ese pensamiento íntimo y profundo, no merece, en el diccionario, sino un tercer o cuarto lugar de preeminencia. Debe de ser porque estamos más acostumbrados a las flexiones gimnásticas y a las reflexiones del eco que no a la consideración atenta de nuestro raciocinio.
En cualquier caso, un día cada cuatro años nos invitan a dedicar la jornada a la reflexión municipal. Se supone que invertimos el tiempo de ese sábado (porque suele ser un sábado) en avatares tan filosóficos. No es cierto. Vamos al mercado o a la playa, jugamos con los niños, quizá entramos en un cine o en un estadio, y puede que nos reflexionemos en el espejo.
Es como esa sala de reflexión que está habilitada como tal en una universidad catalana. Se supone que está hecha a medida para que la gente que entre en ella piense. Yo he visto ahí a chicos y chicas besándose. Quizá pensaban, sí, pero no lo hacían en su propio yo, sino en cómo salirse de él para entrar en el de su pareja. Reflexionen, pues, que de eso se trata.

 
PALABRAS DE PASO, POR J. M. FONALLERAS