ESPAÑA EN TAXI - oviedo | PUBLICADO EN EL PERIÓDICO EL 18 DE MAYO DEL 2007

La vida a dos velocidades


NACHO PARA
periodista

Dice la leyenda que el rey Fruela I de Asturias salió de caza con unos amigos y se pararon a comer y a departir en un lugar idílico, más o menos donde se encuentra hoy enclavada la ciudad de Oviedo. A lo largo de la conversación, mientras degustaban todo tipo de manjares, surgió una pregunta: "¿Majestad, en qué lugar hará una ciudad, dónde instalará su corte?". El rey contestó "Ubi edo", que quiere decir "donde como".
Para certificar que a los ovetenses les gusta comer no hace falta conocer ni creer esta leyenda. Se ve incluso a la velocidad del impetuoso taxi de Agustín, hijo y nieto de mineros. Oviedo parece un bodegón expresionista de sidrerías, asadores, bares, cafeterías, pastelerías, salones de celebraciones y merenderos.

Allen, contra los coches
Al llegar al casco viejo, Agustín se ve obligado a reducir la velocidad. Una obligación molesta para alguien que tiene el pie del acelerador tan suelto como el de Fernando Alonso, su ídolo. A una velocidad más razonable, se accede a otra dimensión de la ciudad. Se puede leer, por ejemplo, una frase prendida en un edificio público: "Oviedo es una ciudad deliciosa, exótica, limpia y peatonal; como si no perteneciera a este mundo, como si no existiera, un cuento de hadas" (Woody Allen). "A ese lo que le pasa es que no se ha tenido que ganar la vida con el taxi. No puedes tener a Alonso en la cima del automovilismo y aquí, peatonalizando la ciudad", desenfunda Sebastián.
La burguesía ovetense, cada vez más entremezclada con jóvenes emprendedores sin abolengo, disfruta intensamente de esa ciudad de cuento de hadas, aseada, frondosa, comedida y bienoliente. Por esa zona, el taxi ha de circular al paso de las conversaciones. Señoras con más vida interior que La Regenta matan sus días dando vueltas a las mismas plazas, a las mismas calles, a las mismas tiendas. Tres que vienen cogidas del brazo de oír misa en la catedral mantiene una animada charla. "Hoy ya había dos bancos enteros de la iglesia ocupados por los negros", lamenta una. "A dónde vamos a llegar. Si esto lo dejamos, al final nos comen", apostilla otra. "Mañana mismo vamos juntas y le damos un ultimátum al párroco", zanjaba una tercera, cerrándose el abrigo verde.
Los cuentos de hadas son eso, puro cuento. Al taxista Agustín esos cuentos no se los puedes contar. Nació y creció cerca de Mina Collada, vecina de Mina Conchita, el yacimiento donde supuestamente fueron robados los explosivos del 11-M. "No hay muchos asturianos que destaquen, y últimamente lo han hecho dos, por razones muy distintas: Fernando Alonso y Emilio Suárez Trashorras. Esta tierra parece muy tranquila, pero sus entrañas esconden fuego, como en la mina", ilustra Agustín.
Observando la parsimonia ciudadana por las calles del centro de Oviedo es imposible imaginar que de allí haya salido un as de la fórmula 1 y un presunto psicópata sin escrúpulos, traficante de dinamita y hachís, que manejaba ocho coches de alta gama. Vidas al límite las dos, curiosamente amamantadas por una tierra donde la vida de la mayoría --la que convierte al alcalde en uno de los más votados del PP en toda España-- parece un plácido e infinito paseo otoñal. De esos que tan bien describía Clarín.
Seguramente celosa de la bohemia de Gijón, Oviedo se aferra demasiado a lo conocido, a los apellidos, a las familias, al matrimonio, al amiguismo, a los clanes, todo eso a lo que suele llamarse valores tradicionales. Eso de ser principado no ayuda, porque hay quien se lo cree y se convierte en ciudadano institucional. A los ovetenses inquietos, que también los hay, les gustaría poner la ciudad en el mapa, pero si no lo logran, se irán a vivir en Gijón, como hacen ahora cada fin de semana.

Salir derrapando
Agustín es de esos. En cuanto puede, a Gijón que va. Cambia el taxi por el coche tuneado, pone un disco de Los Planetas a todo trapo y deja atrás la vida impasible de su ciudad, donde nunca pasa nada. Solo trabajo, misa, parque y comida familiar. No es extraño que le den ganas de hacer un trompo y salir de allí derrapando.

TODAS LAS ENTREGAS
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