Por su tono de voz resulta imposible discernir si el taxista Fariña está dormido o despierto, enfadado o contento, nervioso o tranquilo, de ida o de vuelta. Pero nunca habla sin saber. "Para llevarse una idea de esta ciudad lo mejor que se puede hacer es pasar una tarde entera en la plaza del Obradoiro y no dar vueltas tontas. Aquello es el kilómetro cero del mundo", suelta Fariña, 10 minutos después iniciar un bello pero infructuoso peregrinaje bajo taxímetro por las calles y barrios de Santiago de Compostela. Este taxista no sabrá si sube o si baja, pero tiene claro que donde está el movimiento está la información, que el movimiento se demuestra andando, que es cosa de peregrinos.
Tunos insufribles
El Obradoiro es el kilometro cero del mundo y de unos cuantos submundos más. El submundo de los peregrinos de pega, indigentes disfrazados con morral, bordón, sombrero, concha y capa, que corren a beberse todo lo que ganan dejándose fotografiar por los turistas. El submundo de los insufribles tunos de 50 años, que aún viven como zangolotinos, ligando en grupo, porque solos, sin leotardos ni pandereta, no sabrían cómo hacerlo. El submundo de peregrinas tan singulares como las alumnas del colegio de Carmelitas de Pontevedra, virtuosas jovencitas escapadas de la canción Amo a Laura, que aún identifican la figura del tuno con el príncipe azul, uno que le toque Clavelitos durante años y no la toque hasta el matrimonio.
Sorprendentemente, resulta posible acceder en taxi al interior de la plaza. Fariña aguarda. Paciente o impaciente, difícil saberlo. No está lejos, pero de repente su taxi parece enano. El Obradoiro posee una fuerza empequeñecedora. Cualquier cosa, cualquier persona, todo se vuelve liliputiense. Los peregrinos que van y vienen parecen hormigas en su día libre. El ser humano, en realidad, es muy poca cosa, capaz de recibir a los peregrinos con degustaciones gratuitas en la puerta de las pastelerías de Santiago y con alambradas a los inmigrantes en Ceuta y Melilla.
"La diferencia entre un peregrino y un inmigrante es que el primero va de paso y el segundo se quiere quedar", razona Fariña, que acaba de acercarse para saber si aún tendrá que esperar mucho. La convicción de Fariña está tan extendida que parece incontestable. Pero no lo es. Mientras el inmigrante nunca sabe dónde acabará, el peregrino sí que conoce su meta. La meta es Santiago. Al inmigrante, si le va mal en El Ejido, probará en la fresa de Huelva, o en Girona, o en Francia, o en Suiza. Qué le van a contar de inmigración a los gallegos. Con todo, la gran diferencia es el dinero. Muchos peregrinos van equipados de Coronel Tapioca hasta los dientes, llevan GPS, gafas especiales, botas de 150 euros y tarjetas de crédito complacientes por dejarse frotar en los mejores restaurantes del camino.
Punto de encuentro
El día que Fariña esperaba al cliente más pesado que ha tenido nunca, coincidieron en el Obradoiro, a la misma vez, una concentración de la AVT, un pasacalles de cabezudos, un acto comercial de una firma motociclista, una boda, un bautizo, tres malabaristas y un par de células subversivas de la tuna compostelana. Una mujer de la AVT, enfadada porque toda la atención se la birló el multitudinario el reparto de camisetas del equipo de motos, se puso la bandera española como capa y reprendió a la chavalería por su poca "fibra" hacia el terrorismo. Ni caso. Allí, en el kilómetro cero de todos los caminos, se ve muy bien que la gente se ha hartado ya de patrañas.
Desde la balconada del Palacio de Rajoy, curioso nombre para la sede de un ayuntamiento socialista, una cámara web empequeñece aún más al ser humano y lo transporta por las inmensidades de internet. Da igual que seas de la AVT, cabezudo o taxista, lo mismo da que toques la bandurria o ames a Laura. La webcam del Palacio de Rajoy, dicen que la cuarta más vista del mundo, te proyectará como lo que eres, un insecto insignificante. Fariña pregunta: "¿Fue suficiente?", con esa cantarina amabilidad gallega. "Si no, podíamos ir ahora a los pueblos de al lado, todos del PP, donde se está construyendo sin freno", sugiere.