ESPAÑA EN TAXI - toledo | PUBLICADO EN EL PERIÓDICO EL 15 DE MAYO DEL 2007

El caballero andante


NACHO PARA
periodista

No se puede uno fiar de las apariencias, y hay ciudades que esconden mucho más de lo que muestran. Toledo es un extraordinario ejemplo. Turística, religiosa, comercial y aparentemente ejemplar durante el día, sus noches reservan miles de sorpresas. Cuando al taxista Ambrosio S. se le plantea si sería capaz de mostrarle al cliente el verdadero significado de la expresión noche toledana, sus pupilas resplandecen en la oscura cueva de sus ojeras. "Claro que sí, yo soy un caballero andante", proclama.
Tiene Ambrosio S. el porte de un Don Quijote noctámbulo. Enjuto, espigado, espontáneo y soñador. Si Cervantes hubiera escrito su historia hoy, seguramente hubiera escogido como personaje a este taxista de la capital manchega, impenitente perseguidor de las dulcineas extranjeras y amante fiel de los bálsamos espirituosos.

Timba subterránea
Para empezar la noche, nada mejor que la sala Pícaro, donde el papel de los juglares ha sido usurpado por los disc jockeys. Ambrosio S. no es un tipo de aspecto moderno, más bien parece un rockabilly trasnochado, pero es capaz de saltar a la pista techno y ganarse la atención moviéndose como un molino de viento. El segundo sitio que propone es un prostíbulo lúgubre y grasiento. Torrente se cortaría medio brazo tonto de la ley por conocerlo. Las chicas, latinas, languidecen en las esquinas del local vacío, durmiendo o peinándose. Alonso Quijano caería allí prendido y Sancho Panza se pondría las botas.
El tercer local merece explicación aparte. Convencido ya de que en el club Candy no encontrará la noche toledana a la que se refiere su cliente, Ambrosio se encamina al casco histórico de la ciudad, donde por la mañana hormiguean los turistas y los comerciantes llaman su atención con armaduras, escudos heráldicos y figurillas del Quijote. Pero a la hora que es, las tres de la madrugada, lo único que ahora se oye por allí son las peleas de gatos. Cuando está así, desierta, con las tiendas cerradas, sin turistas, sin autóctonos, las callejas de Toledo son como un túnel del tiempo que te devuelve a su época de esplendor, cuando corría el oro y los espadachines salían de fiesta.
Como un túnel, así era la entrada del local que propuso Ambrosio, cerca de las sinagogas, entre la judería y la casa de El Greco. Tras decir una contraseña a través de un ventanillo de madera, abrir la enorme puerta forjada y bajar una tenebrosa escalera en espiral, se divisan cuatro cinco sombras sobre una mesa mal iluminada. Están jugando al póquer. Uno de ellos tiene una pistola encima de la mesa. Y lleva otra en bandolera. A menudo la acaricia, con la misma pose que El caballero de la mano en el pecho, sin que quede claro si busca la cartera o se va a liar a tiros. Otro es un judío usurero, prestamista para jugadores. La moqueta huele a whisky y orín. "Este lugar es secreto y no tiene nombre", dice Ambrosio a modo de advertencia.

Convivencia del culturas
Después de dos horas en aquel tugurio, la noche toledana se ha consumado, aunque aún hay tiempo de conocer la discoteca Sithon's, fundada en 1969, la más antigua de la ciudad. Al salir de allí, ya es de día y las calles recuperan su actividad. Los turistas emergen de todas partes y se despliegan por todos los rincones. Un padre con alzacuellos aconseja a sus feligreses delante de la frutería y una estudiante musulmana se dirige a la Universidad con sus gafas fashion y su iPod. La convivencia de las culturas y las religiones no ha dejado de ser un sello popular de Toledo, por mucho que la política castellana se haya esforzado tanto por impedirlo a lo largo de los siglos.
Esencia de Castilla, Toledo se debate, como Don Quijote, entre lo falso y lo auténtico, entre los yelmos de hojalata que venden en las umbrías callejuelas y el acerbo milenario que aún se percibe en el porte de los caballeros andantes. Ambrosio, pese a su adusto semblante y su obsesiva búsqueda de ninfas --en las colas de los turistas, en el club Candy o en El Toboso de su imaginación-- es todo un caballero. Antes de volver a casa, compra un ramo de flores para su anciana madre. Lo hace cada día, por muy perjudicado que esté.

TODAS LAS ENTREGAS
ESPAÑA EN TAXI - TOLEDO
La convivencia de culturas y religiones es un sello de la ciudad, por más que la política castellana se haya esforzado por impedirlo