ESPAÑA EN TAXI - sevilla | PUBLICADO EN EL PERIÓDICO EL 13 DE MAYO DEL 2007

La prisa mata


NACHO PARA
periodista

Para respirar el ambiente soleado y callejero de la capital más sureña de la península es mucho mejor coger un coche de caballos que un taxi. Apostados como verdaderos sacacuartos, en la más pícara y cervantina tradición sevillana, los cocheros se pasan la vida a la sombra de la catedral esperando una presa --un turista despistado o un despistado que no sea turista-- para caerle encima como un halcón y sacarle 100 euros por un paseo corto, soso y sin explicaciones. Carlos lleva haciendo eso 25 años, desde que tenía 14. Toda la vida al trote, y ahora se siente aterrorizado por el giro cosmopolita que experimentó Sevilla tras la Expo-92.
La tradición, la buena y mala, conserva aún toda su fuerza, pero también hay otra Sevilla que mira hacia el mundo y no hacia el ombligo. Desde el coche de caballos de Carlos se ve perfectamente esa evolución. La avenida de la Constitución, recientemente convertida en peatonal, abre nuevas tiendas de discos y libros, carril bici y un tranvía que dibuja el nuevo rumbo de una ciudad cada vez más abierta y menos rancia. Años atrás, grandes tiendas de música y literatura modernas fracasaron estrepitosamente. Ahora, el centro de Sevilla presenta un saludable aspecto contemporáneo que no renuncia a su peso histórico.
"Mucha prisa, eso es lo que yo veo ahora. Y hay que vivir más tranquilo, para durar más",
dice Carlos, arreando a su caballo con displicencia. La prisa mata. El dicho marroquí es aquí un dogma de fe, como la Virgen de Triana o como el Jesús del Gran Poder.

Europa es otra cosa
Está claro que pese a la dominación de los señoritos castellanos y su herencia latifundista, Andalucía no ha dejado nunca de ser mora. Europa es otra cosa, afortunadamente. Europa es Madrid y Barcelona. "Aquí lo que tienen que venir son turistas a dejarse el dinero, porque hay mucha competencia. Ahora quiere vivir todo el mundo de eso". Pelar al turista, ese sigue siendo el objetivo de quienes, pudiéndolo hacer bien, prefieren atajar con pillerías quevedescas. Dinero a la saca y mañana ya veremos.
Jesús, el hijo de Carlos, tiene 12 años y ya maneja los caballos. Al lado de su padre todos los días festivos, el chaval se empapa del oficio y de la filosofía paterna: "Este alcalde ha sido el peor que ha tenido Sevilla. ¿Para qué nos hace un carril bici? ¿Por qué quita aparcamientos y los cubre con jardines?". Su hijo le mira con los ojos como platos: "A mí también me gusta la bici, papá". Y el padre zanja: "Tú, calla y tira".

Metro para la periferia
El centro de Sevilla no está hecho para los coches. La iniciativa del tranvía ha chocado contra la naftalina sevillana, que todavía manda mucho. Para mucha gente, los postes de electrificación afeaban. Al final, van a desmontarlos y a usar un modelo de tren de locomoción propia que se acopla a los raíles ya colocados. El metro es otra asignatura pendiente. Ya en los 80, Rojas Marcos intentó un trazado, pero se le hundían los túneles y las casas, y el proyecto fue abandonado. Ahora, un nuevo trazado está a punto de inaugurarse. Más que para el centro, el metro servirá para conectar Sevilla con los barrios y pueblos periféricos, donde se ha construido a destajo durante la última década. Sevilla se expande tras el olor del dinero.
"El alcalde se está llevando el dinero por cara",
dice Carlos, el cochero, siempre sin argumentos. Su hijo lleva un radiocasete con muchas luces y escucha una vieja cinta de Las Grecas. Se ve que el padre también guía sus gustos. Lo guía en todo, como si fuera otro caballo. Con solo agitar la cincha el chaval recupera el rumbo correcto. No es maldad. Es que no sabe más. Y él mismo se da cuenta de sus limitaciones: "Yo no he votado en la vida", proclama. Y acto seguido, en un tono más bajo, se dice a sí mismo: "Claro, de qué te quejas si no has votado nunca".
El paseo se acaba. Ha sido corto y caro, pero suficiente. Ya en un taxi tradicional, camino de una de esas nuevas urbanizaciones amarillas del extrarradio, la ciudad ofrece toda su belleza y sus contradicciones. El Puente del Quinto Centenario es bonito, pero ya no caben los coches.

TODAS LAS ENTREGAS
ESPAÑA EN TAXI - SEVILLA
"No he votado en la vida, así que no puedo quejarme de nada" reflexiona Carlos, de paseo con su coche de caballos