ESPAÑA EN TAXI - VALENCIA | PUBLICADO EN EL PERIÓDICO EL 24 DE MAYO DEL 2007

Espejismo de grandeza


NACHO PARA
periodista

El taxista Antonio no es, desde luego, un buen receptor del mensaje grandilocuente de la política valenciana. Mientras su taxi cruza por las inmediaciones de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, camino del puerto, Antonio se confiesa: "Llevo aquí toda la vida, apenas he salido. Y la verdad es que no fijo en nada. No sé si la ciudad está mejor o peor, y tampoco me importa mucho. A mí lo único que me importa es llegar a fin de mes". El Papa, la fórmula 1, la Copa América, las Fallas, el Oceanográfico, la ópera, la Ciudad del Cine. Todo le trae sin cuidado a Antonio, un pasota de los de antes, cuya acaracolada melena lolaila ya empieza a peinar canas.

A golpe de talonario
Las instalaciones de la Copa América se han convertido en la nueva Terra Mítica de los valencianos. Mítica porque mucha gente se conforma con el mito y no exige la realidad. El circuito abierto al público de la competición náutica resulta algo decepcionante. Un puesto de refrescos, otro de horchata, un bar de diseño y poco más. Bueno sí, el mar y los barcos, los turísticos fondeados en el puerto. Los que compiten quedan fuera de la vista, en una zona restringida. Por motivos de seguridad, aducen, aunque el otro día un tipo, supuestamente borracho, se saltó los controles, burló a la vigilancia, a las cámaras y hasta a la policía nacional a caballo. Después de circular haciendo haciendo eses y llevarse por delante mesas y sillas de los bares, el tipo se precipitó sobre las aguas del puerto, como si tuviera intención de unirse a la refinada copa Louis Vuitton. Nadie quiere hablar de eso. No interesa. Ningún medio de comunicación lo ha publicado. Es el secreto mejor guardado de la America's Cup, aunque hasta el taxista pasota lo sabe. En Valencia, los políticos han instaurado un sistema en el que la imagen es más importante que la realidad. La imagen de una Valencia enchufada a los grandes eventos, todos a golpe de talonario, y la realidad de un metro en dudosas condiciones de seguridad, algunos barrios abandonados y un vergonzoso gueto con cientos de inmigrantes, bajo el puente de Adamuz sobre el Turia, totalmente desatendidos porque para el gobierno del PP, autonómico y local, es más fácil culpar a Zapatero. A cambio, Valencia ofrece acontecimientos y edificios deslumbrantes, gobernando hacia el exterior, en busca de capitales, de manera populista, en busca de votos. Las grandezas y las miserias de Valencia saltan a la vista, hasta para los ojos de Antonio, quien poco a poco se va entonando y ya no parece que todo le dé igual. "La Copa América ha traído gente, pero tampoco tanta. Yo sigo trabajando igual y cobrando igual. Si tú arreglas algo en el barrio, queda para siempre. ¿Pero qué queda de la Copa América o de la visita del Papa? ¿Cuántos circos más van a ser capaz de inventarse para seguir manteniendo viva la ciudad?".

Chantaje y soborno
Esa es la gran incógnita de Valencia. Saber si podrá mantener el pulso. Y como la gente empieza a darse cuenta de que el modelo tiene pies de barro, el poder se parapeta. El solo hecho de vincular el futuro Gran Premio de fórmula 1 en un circuito urbano a la victoria electoral del PP es el ejemplo perfecto de cómo se las gasta esta gente. Les vale todo, incluido el chantaje y el soborno. Y las comisiones ilegales, que a juzgar por la forma en la que el ladrillo se está comiendo los naranjales e incluso la Albufera, tienen que haber corrido muchos maletines por allí. "Si Camps y Zaplana se pelean es porque no hay ideología, solo ambición. Nos fríen a impuestos y luego se gastan nuestro dinero en reclamos que solo sirven para que unos cuantos se forren", dice Antonio, como si de repente se le hubiera despertado el sentido del compromiso. Pero es solo un espejismo, como los muros falsos de Terra Mítica. "Que les den. No pienso votar. ¿A quién voto? Ni a unos ni a otros. No se puede hacer nada. Y si encima te cabreas, llevas doble ración: la de pobre y la de cabreado". De regreso al hotel, al pasar por la sede fundacional de Corporación Dermoestética, el taxista suelta la última: "Esta ciudad se ha sometido a la silicona, la depilación láser y el lifting, pero olvida el colesterol".

TODAS LAS ENTREGAS