ESPAÑA EN TAXI - zaragoza | PUBLICADO EN EL PERIÓDICO EL 23 DE MAYO DEL 2007

Optimismo contagioso


NACHO PARA
periodista

Desde la cabina del taxi de Manolo, Zaragoza se muestra como una ciudad ilusionada, sobreexcitada. Zarag-¡oh!-za, se puede leer, como un grito de placer institucional, en las vallas publicitarias del paseo de la Independencia. Los ciudadanos también parecen contagiados por la euforia. El clima es similar al que vivió Sevilla antes de la Expo-92. Zaragoza celebra el año que viene la suya y el síntoma inequívoco de que algo grande va a suceder es la cantidad de gente acreditada que se ve por todas partes. Acreditados para lo que sea, con el colgante y la identificación preceptiva, de aquí para allá, con cara de estar muy ocupados y de tener mucha prisa. El tiempo se echa encima.

Manolo es una taxista optimista, rara avis en el gremio. Está convencido de que la Expo maña será la mejor que se ha hecho nunca en España y que, a su término, la ciudad emprenderá un camino sin retorno hacia la modernización. "Tengo amigos que lo dudan. Dicen que todo esto se evaporará. Que nadie va a venir a Zaragoza, que seguirá siendo lo que es, una gran ciudad de paso sin mar. Pero yo creo que todas las infraestructuras, el AVE y todo eso, nos meterán en el grupo de cabeza de las capitales españolas", reflexiona el taxista.

Enroque tradicional
Al llegar a las inmediaciones de El Pilar, el símbolo religioso y turístico de la ciudad, la modernización deja paso a las tradiciones. Las parejas de recién casados se fotografían en los coquetos puentes sobre el Ebro y los niños bailan jotas en el casco histórico. No es un enroque de tradición, es otra expresión de viveza de la ciudad. La modernidad ha de venir para mejorar, no para diluir la identidad de un pueblo. "No es solo Zaragoza --tercia Manolo--. España entera ha mejorado mucho desde 1975, y quien no lo vea, que vaya al oculista. Yo recuerdo ir a Benidorm de veraneo hace 15 años y aún tenían un paseo marítimo de tierra. Ahora vas a cualquier ciudad española y tiene de todo, y todo bonito. Incluso los pueblos tienen polideportivo".

La inmigración también ha cambiado el paisaje humano de la ciudad. Y la mentalidad. Ser una de las capitales del hip-hop español, con el grupo Violadores del Verso a la cabeza, le confiere un sello especial. El hip-hop es un síntoma de vida para una ciudad, una conexión cosmopolita, y basta con atravesar con el taxi de Manolo las calles del centro para darse cuenta de que la estética rapera de los jóvenes inmigrantes no es una mera casualidad. "Yo debo reconocer que al principio me daban mucho miedo, por todo eso que se habla de las pandillas violentas. Ha sido todo muy rápido y quizá a alguna gente le cueste asimilarlo. Pero hay que abrir los ojos, como hacen ellos. Conozco a un senegalés que baila la jota de miedo".

Un mal necesario
El taxi atraviesa ahora la zona de las grandes obras, en la entrada norte. Grúas y operarios trabajando a destajo emparentarán Zaragoza con el Madrid de Ruiz-Gallardón. Pero hay diferencias. La gente parece asumir las molestias como un mal necesario. Están orgullosos de que Zaragoza se sitúe mejor en el mapa. "Puede que, después de esto, la zona de la exposición universal no pueda reconvertirse en un parque temático, pero lo hecho quedará. Seguro que hay quien se forra, pero creo que ganamos todos", dice el taxista optimista, feliz por la cantidad de trabajo que le cae últimamente. La expansión urbanística es la otra cara de la Expo-2008. Los pisos se han encarecido mucho y los sueldos se mantienen casi igual. Bienvenidos al progreso, maños.

Zaragoza es como su equipo de fútbol. Juega bonito, pero gana pocos títulos. El año que viene, como ciudad, tiene la gran oportunidad de ser líder, de acaparar la atención, de hacerse notar. Y a juzgar por el ambiente que se respira en las calles, será una cita memorable. Zaragoza se beneficiará de un alud ideas foráneas, y quienes acudan a verla se llevarán para casa, seguro, algo de ese optimismo desbordante. En el paseo de la Independencia, de vuelta al hotel, se ve a un hombre solo sujetando una pancarta: Menos corrupción, más respeto. No todo el mundo está entregado a la Expo, claro.

TODAS LAS ENTREGAS