ESPAÑA EN TAXI - MADRID | PUBLICADO EN EL PERIÓDICO EL 11 DE MAYO DEL 2007

La jungla en obras


CUN CARTEL DEL PP, EN LA TRASERA DE UN AUTOBÚS, PERFILADO EN EL PARABRISAS DE UN TAXI MADRILEÑO. nacho para
NACHO PARA
periodista

En Madrid es casi un milagro coger un taxi sin que el conductor te reciba maldiciendo a Zapatero y sus antepasados. Es la COPE la que proporciona la bilis que legiones de obreros del taxímetro regurgitan sobre el incauto pasajero. No se admiten réplicas ni interpelaciones. No quieren escuchar tus ideas. Solo quieren escupirte las suyas, o sea, las de Federico Jiménez-Losantos. Se aprovechan de que la única opción que le queda al cliente es lanzarse a la M-30 por la ventanilla. A menudo dan ganas de hacerlo.

En el taxi de Pedro H. se respira otro aire. Este tipo de 46 años, rechoncho y con perilla, no comulga con los enervados. Suena suavemente en la radio el último disco de Aviador Dro, Candidato futurista: 11 discursos políticos bailables. Menuda sorpresa. No solo no es un facha, sino que tiene inquietudes suficientes para sintonizar Radio 3. "Si eres un poco nihilista/ vota al candidato futurista", recomienda el estribillo.

Alivio a los fracasados
Pedro H. permanece en silencio. Un atasco y dos desvíos provisionales después, abre el pico: "Esta ciudad es la jungla, ¿sabes? De mi panda de Vallecas solo seguimos vivos tres. En los 80 pasabas por el túnel de Alcalá y veías a un montón de peña buscándose la vena. Ahora es lo mismo, se atiborran de pastillas. Nadie quiere hacer política de alivio a los fracasados. Cobrar, eso es lo que saben hacer bien. Poner parquímetros para recaudar impuestos y luego hacer párkings donde volverán a cobrarnos. ¿Quién va a creerlos? Ningún político conoce el Madrid que vivo cada día. Donde viven seguro que la gente no se asfixia con un brasero ni encuentran a ancianos solitarios que llevan días muertos en sus casas".

En el Madrid de Pedro H. la gente se muere de un fin de semana de marcha, cena bocadillos de mortadela con aceitunas, se envalentona de buena mañana con el anís, vive bajo techos agrietados, se arruina en el bingo y acaba perseguida por el cobrador del frac. "Yo pedí 6.000 euros a Cofidis y ha sido como vender mi alma al diablo", lamenta el taxista. Divorciado, Pedro H. vive ahora en casa de un amigo que acaba de empapelar su cuarto con fotos de Cho-Seung-Hui, el asesino de Virginia. "Es fácil volverse majara. Yo hubiera querido salir de Vallecas. Empecé a estudiar Derecho, pero tuve que dejarlo para comer. Jamás he salido de España. Rara vez salgo de Madrid. Vivo atrapado y eso me produce una enorme frustración".

Su padre, también taxista, se sentía tan atrapado como él. Dejó Baños y Mendigo (Murcia) y emigró a Madrid en los años 60. Murió antes de cumplir su sueño de reinstalarse en el pueblo. "Un cáncer se lo llevó. Era oyente de la COPE y siempre parecía enfadado. Es curioso como padres trabajadores caen en la trampa populista de sus opresores. Era un facha, un amargado, pero se dejó la piel por nosotros. Se han juntado en Madrid dos generaciones de inmigrantes desatendidos, una autóctona y otra extranjera. Lo de Alcorcón fue sólo un aviso de la tensión acumulada. Siempre pagan los mismos. Quien va a la cárcel es el chaval inmigrante que vende drogas en la puerta del colegio rico, nunca el político que no hizo nada por dignificar el barrio del chaval".

Tres años de obras en Madrid amenizados con la cantinela de Losantos dejan a cualquier taxista al borde del colapso psicológico y coronario. "Separaremos la verdad del dolor/ ningún cirujano lo haría mejor", canta Aviador Dro. El taxi librepensador de Pedro H. pasa bajo el Viaducto, la rampa de los suicidas, y atraviesa el puente de Segovia, desde donde se divisa el hormigueo de los obreros en tramos de la M-30 ganados a la ciudad. "Las obras de Gallardón --dice-- aliviarán un poco el tráfico, lavarán la cara, pero las heridas siguen abiertas. Se hace todo por dinero, no por sensibilidad. El alcalde está orgulloso de que Madrid sea la cuarta ciudad más visitada de Europa y gobierna para atraer visitantes y capitales. Madrid ofrece muchas cosas, da la espalda a muchas otras y enamora por el mero hecho de sobrevivir a ella".

Ya de madrugada, se disfruta del único momento de sosiego posible, solo perturbado por el quejido continuo de las ambulancias lejanas.

 
TODAS LAS ENTREGAS
ESPAÑA EN TAXI - MADRID
"Nadie quiere hacer política de alivio a los fracasados. Cobrar, eso es lo que hacen bien", dice un taxista de Vallecas