La Diputación de Barcelona ha sido el cuartel de invierno donde el PSC ha preparado a sus cuadros durante años para el día en que llegara el asalto a la Generalitat, y también una retaguardia de oro para militantes en retirada.
El exconseller Jordi William subrayaba el pasado lunes su importancia a Toni Sust: cuando en 1996 el PP se hizo con el Gobierno central, la Diputación barcelonesa pasó a ser una de las administraciones gobernada por los socialistas con un presupuesto más grande. Este año es de 720 millones. Las otras tres diputaciones se reparten unos 300 millones y ejercen ahora mismo de cuarteles de invierno de CiU, acechados, eso sí, por las huestes tripartitas.
Lleida parece la plaza más segura para CiU e inalcanzable para la izquierda. Por eso la máxima atención está centrada en Tarragona y Girona. En Tarragona, CiU es la primera fuerza y ejerce la presidencia con un pacto que incluye a todos los partidos. Pero un cambio de gobierno en la capital podría propiciar una mayoría de la izquierda y otro tipo de pacto. En Girona, CiU ya no disfruta de mayoría absoluta y depende de ERC. Un simple cambio de alianzas podría enviar a CiU al cuarto oscuro de la oposición. Aun así, es difícil que eso ocurra. La razón es que, si ERC quiere continuar ejerciendo de partido bisagra, le conviene mantener pactos con CiU como el de Girona. De lo contrario, arreciarían las acusaciones de ser una mera muleta del PSC y, lo que es peor, perdería el margen de maniobra de que disfruta para negociar con unos y otros.
Es como cuando uno quiere vender el coche. Le conviene tener varios compradores, para poder así sacar más tajada. Si solo hay un posible comprador, será este quien tenga la sartén por el mango a la hora de fijar el precio. Esto es lo que diferencia a los partidos bisagra, que consiguen así un peso institucional mayor del que les correspondería por votos, de los partidos muleta, como ICV. Si mantiene el pacto con CiU en Girona, ERC puede tener a los convergentes comiendo de su mano. La simple amenaza del cambio de socio a buen seguro que surte efecto en aquellos que no tienen más sitios donde parapetarse. Fuera puede hacer frío, mucho frío.