Si hay un partido del que elección tras elección se analizan los resultados con lupa, ese es ERC. Lo es porque, como partido bisagra, Esquerra es la única fuerza que, además de presentar unos candidatos determinados, pone sobre la mesa una opción estratégica, la del tripartito de izquierdas, para que sea testada por su electorado.
Es inevitable, pues, que el domingo se lean los resultados de ERC como un aval o una desautorización de su dirección. Y los que resultarán más relevantes para hacer este análisis serán los obtenidos en el área metropolitana, donde hace cuatro años irrumpió con fuerza inusitada. De la noche a la mañana, ERC pasó de la marginalidad a tener representación en ciudades como L'Hospitalet de Llobregat, Badalona, Barberà del Vallès, Castelldefels, Cerdanyola, Esplugues de Llobregat, Gavà, Pallejà i Viladecans. El objetivo de los republicanos para este domingo es demostrar que aquello no fue flor de un día, y aspiran a rematar la faena consiguiendo representación allí donde aún no la tienen: Sant Climent de Llobregat, El Prat de Llobregat, Sant Adrià de Besòs, Castellbisbal y Santa Coloma de Gramanet. Precisamente en esta última ciudad ERC dio el pistoletazo de salida a su campaña municipal, una muestra del interés que tiene por este nuevo electorado.
La estrategia que sigue ERC en el área metropolitana para crecer es diferente en cada caso. En unos pocos ayuntamientos forma tripartitos de izquierda (Badalona); en otros, tripartitos con CiU e ICV o PSC (Sant Feliu, Cerdanyola), y en la mayoría trabaja desde la oposición, una tarea dura y desagradecida llevada a cabo muchas veces por un concejal que se enfrenta en solitario al estilo de Gary Cooper a la poderosa maquinaria socialista.
El auge del voto metropolitano independentista ya se ha notado en las elecciones autonómicas y sirve a Carod-Rovira y los suyos para justificar la apuesta del tripartito. Por el contrario, CiU lleva décadas de estancamiento. En privado, destacados dirigentes socialistas reconocen que sus hijos votan a ERC. El domingo sabremos si lo hacen solo por molestar a sus progenitores o si es una tendencia de futuro.
s, Joan Aregio, Josep Maria Vila d'Abadal y Manel Ferré, no han tenido tiempo de darse a conocer entre sus electores y afrontan las elecciones con el aliento de la oposición en el cogote. Seguramente CiU no previó que estas elecciones serían tan decisivas para su futuro. Y puede pagarlo caro.