Barcelona cumple con creces el índice aprobado por el Parlament por lo que respecta al porcentaje de policías locales por 1.000 habitantes, que es de 1,15. Barcelona está a 1,61 o a 2,21 si se incluye a los miembros de la Policía Nacional y la Guardia Civil de servicio en la ciudad. Pero no se puede comparar la plantilla de la Guardia Urbana en 1991 con la actual en términos estrictamente cuantitativos.
También hay aspectos cualitativos. En 1991, un 17,8% de los agentes no tenían presencia activa en la calle. Ahora este porcentaje se ha reducido al 6,5%. Solo con esto se ha conseguido que haya más agentes ahora en la calle (2.430) que en 1991 (2.300). Y se ha reducido la media de edad, que ahora es de 43 años.
Pero lo más importante para los ciudadanos es que la eficacia de la Guardia Urbana no ha dejado de crecer, tanto en los indicadores de seguridad (arrestos, intervenciones, etcétera), como en aquellas labores más asociadas a la policía local (control de la venta ambulante y del tráfico o inspección de locales).
Desgraciadamente, la derecha solo busca sacar rentabilidad de los sentimientos de los ciudadanos, pero sin resolver nunca sus problemas. Los distintos gobiernos de CiU, de los que formó parte Xavier Trias, planificaron un lento despliegue de los Mossos en Barcelona. Tuvo que ser el primer Govern de progreso el que adelantara este despliegue y aumentara el número de agentes hasta 2.600, con una presencia muy significativa en todos los barrios.