"La palabra Cantabria me pone, pero también me pone oír la palabra España". Estas declaraciones, que arrancaron las risas de los senadores en un aburrido debate en el 2005, hicieron famoso al presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, fuera de su comunidad. Ahora son los cántabros los que deben decidir si les pone este líder tan carismático, campechano y populista.
Se da la paradoja de que pertenece a la fuerza menos votada en el 2003, el Partido Regionalista de Cantabria (PRC), pero con escaños suficientes como para ejercer de bisagra. En lugar de pactar con el PP, partido que siempre ha gobernado en Cantabria, Revilla llegó a un acuerdo con el PSOE para obtener la presidencia. La gestión de ambos se ha centrado en mejorar las comunicaciones, el abastecimiento de agua y el turismo. La vicepresidenta y candidata del PSOE, Dolores Gorostiaga, destaca que ha sido "fundamental el impulso del Gobierno central" para que se llevaran a cabo muchas de las inversiones. Sin embargo, para el candidato del PP, Nacho Diego, "han sido cuatro años perdidos", sobre todo en materia de empleo.
SUBIDA DEL PRC
El sondeo del CIS pronostica que a los cántabros les ha gustado el estilo de Revilla, por lo que el PRC aumentará entre dos y tres escaños su representación, mientras sus rivales descenderán. De ser así, Revilla ya ha confesado que "probablemente" repetirá el pacto con el PSOE, dado que el PP se ha centrado en "insultar". Lo que salta a la vista es que el presidente levanta pasiones en zonas rurales y obreras. Recientemente visitó un mercadillo y fue como si llegara una estrella de rock. La diferencia es que el político conocía personalmente a muchos de los que se le acercaban y a los que no, por lo menos les daba recuerdos para tal o cual persona de su pueblo. Se notaba que conocía la región.
Sus defensores destacan su sinceridad y su lenguaje llano, aunque hasta los miembros de su equipo reconocen que en ocasiones es "imprudente". "Si acabo la carretera pronto, me quedo en el paro", le respondió a una de las compradoras que insistía en preguntarle por una vía.
Hasta el candidato popular reconoce que es un hombre "aparentemente simpático", aunque el PP ha llegado a acusarle de "payaso nacional". Y es que son los votantes conservadores, que se concentran en Santander, los más detractores de Revilla. No soportan su estilo llano ni le perdonan que después de la boda de los príncipes confesara que se había quedado con hambre.