dolores villanueva. begoña lombardía De sus 45 años, Dolores Villanueva solo ha caminado dos meses. Con poco más de un año sufrió una poliomielitis que la dejó postrada en una silla de ruedas. Ahora vende cupones de la ONCE, se ha labrado fama de aguerrida en el comité de empresa y se presenta a la alcaldía de Dos Hermanas por el PP. Su lucha, las barreras arquitectónicas.
--Explíqueme su odisea diaria. --La primera barrera que me encuentro a las siete de la mañana cuando abro mi quiosco de cupones es el aparcamiento de minusválido ocupado. Si, además, llueve, ya empiezas el día al revés. Luego, a la una, voy a vender por bares y cafeterías. Casi siempre me encuentro con un escalón enorme.
--¿Mejora la cosa cuando va a comprar? --¡No! Ahora parece que se empiezan a concienciar un poco, pero vas a comprar ropa y en los probadores no puedes entrar. Tampoco hay lavabos adaptados. Y si alguno lo está, lo usan como almacén. Te dicen: "Un momentito". Y sacan fregonas, cajas. Te sientes desplazada. Hay días en que te quieres quedar en casa y te dices: "Para qué voy a salir a la calle?". Yo quiero ser independiente como los demás.
--¿Y qué hay de la Administración? --En el ayuntamiento creo que no hay barreras, porque es nuevo. Pero yo sufrí un accidente y tuve que celebrar el juicio en la enfermería. O eso, o me subían en brazos y yo me sentía como un mono de feria. Otra vez, ingresada en el hospital, no podía ir al lavabo. Pero lo peor es el escalón. ¿Ha visto en los bares el cartel de prohibido perros? Yo, a veces, me siento así.
--¿Tan pocos deberes han hecho los socialistas en 24 años? --Ahora, en campaña, sí que inauguran vados y aparcamientos.
--¿Y qué revolución hará si llega a la alcaldía? --Yo quitaría todas las barreras.
--¿Cómo? ¿Con ayudas? ¿Decretazos? --Bueno, tampoco iba a entrar matando a nadie. Pero intentaría por todos los medios que una persona que estuviese como yo pueda ir a todos los sitios como van los demás. Y que cuando una persona minusválida llame a la puerta del departamento de Asuntos Sociales, que se encuentre con alguien que sepa la dificultad que hay en la calle. Porque luego ponen rampas que no podemos subir solos.
--Pero todavía no me ha dicho ninguna medida concreta. --Miraría una por una las barreras arquitectónicas y, en la medida de lo posible, las arreglaría.
--Quizá sean prejuicios, pero el PP no hace precisamente bandera de las ayudas sociales ni de la discriminación positiva. --Ya, pero ha sido el partido que me ha llamado. Y he aceptado para que haya un minusválido que luche por nosotros.
--¿Le prometieron la cartera de Asuntos Sociales? --Me comentaron algo de ese departamento, pero aún no me han dicho el cargo que, de salir, ocuparía.
--¿Tienen prevista una partida económica? --Creo que sí. Si no, para qué vamos a estar aquí luchando.
--¿Y no teme que todo acabe en una jugada electoral? --No.
--Hay estudios que dicen que los discapacitados tienen unos gastos extra de 27.000 euros anuales. ¿Qué ayudas recibe? --Ninguna. Cero. Todo en mi casa me lo he pagado yo. La inclinación en el suelo del lavabo; las puertas a 1,10 metros, y la cocina adaptada a mi silla de ruedas. Pedí una ayuda a la tercera persona, y me la denegaron, porque entonces mi marido trabajaba. ¡Y ganaba una miseria! Precisamente, cuando él trabaja, yo tengo menos ayuda. Podemos protestar, pero a veces es como si no existiéramos.
--En cambio, son casi tres millones de discapacitados. ¿Se consideran invisibles ante la política? --Pues sí, porque si no, antes habrían llamado a un minusválido.
--Pero ahora se ha aprobado la ley de dependencia. --Sí, y también está la ley de que el 2% de las plantillas tiene que ser para discapacitados. Y de eso nada. Muchas veces, los discapacitados estamos condenados a la precariedad. Conozco el caso de una chica que envió el currículo a una empresa, la aceptaron y cuando se presentó y vieron que era ciega, le dijeron que no.
--Además del laboral, supongo que uno de los mayores dramas es que la familia se acabe sintiendo esclavizada. --Yo he intentado ser normal, y me ha costado mucho trabajo, mucho llanto, porque quieres hacer una cosa y no puedes, pero nunca he esclavizado a mis hijos.
--La crianza debió de ser dura. --Mucho, porque yo, por ejemplo, no he podido coger a mis niños. De pequeños, no me pedían brazos. Se lo pedían a su padre. Parece que lo entiendan todo. Los míos ni han corrido tras los enchufes ni han cogido un bote de lejía. Pero han tenido que ir a su primer día de colegio solos. Y esa pena la llevo yo.