EL PEQUEÑO COMERCIO | entrevista con JOAN SOLER

Joan Soler:"A veces tengo la sensación de que soy un dinosaurio "


NÚRIA MARRÓN
BARCELONA

Joan Soler tiene 43 años y se ha pasado media vida tras el mostrador de esta pasamanería con tantos años como el Barça. El botiguer no es el último mohicano de la plaza del Pi, pero últimamente ha visto cómo cerraba una farmacia, donde hoy venden helados, y un negocio de lámparas en la que abrirá una tienda de Custo. El último funeral fue, días atrás, una estampería.

--¿La noticia es que no cierra? --Sí, ja, ja. Lo que pasa es que a la gente que se les acaban los contratos les están pidiendo unos alquileres desorbitados. Yo tengo la suerte de que mi padre compró el local. Si no, ya nos habríamos ido.

--El otro día cerró la estampería de al lado y parecía el funeral de una forma de vida. --Aquí ha habido más cambios en los últimos 10 años que en los anteriores 25 o 30. Pero lo que mató a este señor fue internet. Yo, de colegial, le había comprado postales de arte egipcio, griego... Ahora, clicas en Google, te lo imprimes y listo.

--Se dice que hay 5.000 tiendas en el centro que aguantan una gran presión inmobiliaria. --Aquí hay alquileres de renta baja que pagan 100.000 pesetas al lado de otros que cuestan un millón. Un amigo mío, que llevaba 50 años, fue a negociar seis meses antes de que se le acabara el contrato y le dijeron que podía seguir... pero pagando 1,1 millones de pesetas. Y creo que entonces pagaba 100.000.

--¿Qué pasó con su amigo? --Se fue. Ya no quedan ferreterías, ni, Boqueria aparte, comercios de comestibles. Ahora unos chicos paquistanís han abierto uno. ¡Menos mal! Al centro solo están llegando multinacionales o comercios y bares pensados para el turismo.

--¿Se siente extraño? --Se dice mucho, pero es verdad que el barrio parece un escaparate para turistas. No estoy en contra del turismo, pero a veces los vecinos estamos un poco hasta el moño: solo ves guiris comiendo gofres y por las noches hay follón. Luego pasa lo mismo que en Venecia y en todos los centros históricos. Cuando cierra una mercería, ponen un Calzedonia. Y donde había un bar, abre un Starbucks.

--O sea, que llegará un momento en que no habrá demasiadas diferencias entre el centro histórico de Barcelona y el de Moscú. --Tengo una amiga que fue a una ciudad a 4.000 kilómetros de Moscú y ¡había un Mango! Pasa en todas partes: en los centros hay tiendas de moda, bares... Para las cosas más específicas, solo quedamos los antiguos.

--Y reciben ofertas de compra. --Sí. De vez en cuando aparece alguien de una inmobiliaria pidiendo perdón, que no me ofenda, pero que ha visto que el negocio es muy antiguo y que igual me interesaría traspasar el local. Y yo les digo que no me ofendo, pero que me gustaría seguir 100 años más.

--La tentación debe de ser fuerte. Una telefonía está pagando de alquiler 300 euros mensuales por metro cuadrado. ¿Qué le retiene? --Me gusta ser independiente y siempre puedo vender. Pero no todo en la vida es dinero. A lo mejor soy un poco sentimental...

--¿Cómo puede sobrevivir una pasamanería, que está más cercana a L'auca del senyor Esteve que a los tiempos del Google? --Yo no solo vivo del mostrador, también vendo a fábricas de ropa, zapatos... Y resulta que están cerrando porque los centros de producción se están yendo a la India, Pakistán. Es cierto que muchas veces tengo sensación de dinosaurio. Pero intento adaptarme. Ahora vendo a decoradores, a teatros, a programas de televisión... Y también a industriales de moda de mujer, zapatos, espardenyes. En su época, incluso trabajamos con Sybilla.

--En la zona de Trafalgar el ayuntamiento ha acotado el Chinatown para garantizar a los vecinos la pluralidad comercial. ¿Pediría aquí algo parecido? --Hay propuestas para limitar los suvenires y moratorias para restaurantes. Lo de las grandes cadenas es una batalla perdida, porque es el mercado quien regula. Los alquileres se han multiplicado por 10 y una mercería no puede sobrevivir ni aquí ni en el centro de Madrid.

--¿El botiguer es pues una especie en extinción? --Después de lo que se está pagando en Portal de l'Àngel, es una tontería hablar de botiguers. Para estar ahí tienes que ser una financiera.

--Se oye mucho más hablar de seguridad que de este éxodo. --Pues de seguridad no andamos tan mal. Al típico despistado le pueden robar la maleta, pero los hurtos son sin violencia.

--¿Cómo es la relación entre el viejo y el nuevo vecindario? ¿Viven en mundos diferentes? --Un poco. Por ejemplo, los de la asociación de comerciantes fueron una vez a hablar con los de H&M para ver si se sumaban a la recaudación y el encargado ¡les dio un teléfono de Suecia!

--Una curiosidad. Cuando usted se jubile, ¿qué pasará? --No tengo la visión del Senyor Esteve, no quiero que mis hijos sigan si no quieren. Las cosas son como son y los tiempos cambian.

TODAS LAS ENTREVISTAS