Dolors Blanch (Capçanes, 1927) no es una viuda de encierro y queja. Es una dama que, el día 25 de cada mes, se ajusta un pañuelo verde y se manifiesta en la plaza de Sant Jaume para pedir el aumento de las pensiones. Y eso, pese al boicot de la artrosis y de una rodilla indócil. Modista de las buenas, bisabuela ya, es vocal de la Associació Ciutadana pels Drets de les Dones, que defiende a 600 viudas.
--¿Enviudó hace mucho? --En 1989. Mi marido había trabajado durante 46 años como verificador de calefacción y ventilación, y se retiró con 95.000 pesetas. Pero el día que fui a cobrar la pensión de viudedad y vi que me daban 45.000 pesetas me quedé helada...
--¿Su único ingreso? --Sí. Yo trabajé de modista y fui a sacar mi informe de vida laboral, pero me dijeron que no podía cobrar hasta los 65 años. Tenía 62. Hace dos años se consiguió el seguro obligatorio de vejez e invalidez (SOVI) para las viudas, pero yo no lo puedo percibir. Figura que tengo solo tres años y medio cotizados. Hoy cobro 612 euros.
--¿Llega a fin de mes? --¿A usted qué le parece? Con eso pago 200 euros de alquiler del piso --un tercero sin ascensor--, la luz, el gas, el agua, el teléfono... Me quedan 40.000 pesetas para la comida y los extras. ¡Imagínese!
--Tiene que apañarse con cuatro euros por comida. --Y soy de las que prefieren una sardina fresca que un trozo de merluza congelada. Pero, ¿sabe qué está ocurriendo?
--Cuéntemelo usted. --Cuando cierran los supermercados, muchas viudas van a ver si encuentran algo en la basura para comer. Otras, en el mercado, piden sobras para el gato y no tienen ningún gato, ¿comprende?
--Sí. --Y eso después de mucha lucha para llegar al 52% de la pensión de jubilación de los maridos. Pero las hay que no llegan a los 400 euros mensuales. Y hay una injusticia añadida: no nos dejan trabajar.
--¿Se refiere a hacer labores y cosas así? --¡Lo tenemos prohibido! Si cobramos por alguna labor, nos denuncian. En una mercería, un señor preguntó si sabían de una modista para coger los bajos de un pantalón. Le dieron la dirección de una señora, y resultó ser un inspector. ¡Con lo bien que nos iría ganar tres euros por hacer un dobladillo! No es justo que yo cobre un 52% y tenga que pagar el 100% de todo. ¡Que se pongan en nuestra piel!
--¿Los políticos no se ponen en su piel? --Nosotras hemos ido a hablar con todos los partidos y todos nos dan la razón. Todos dicen: "Ya lo arreglaremos". Pasa un año, y otro año, y otro más... Nos explicaron que para arreglar las pensiones se necesitaban 500.000 firmas. ¡Conseguimos 730.000! Nos montamos en un autocar y fuimos a Madrid a entregarlas al Congreso. Solo dejaron bajar a Pilar Mora, la presidenta de la Associació Ciutadana pels Drets de les Dones.
--Las vieron peligrosas. --¡Ya me dirá usted! Eso fue el 25 de octubre del 2000. A partir de entonces, el día 25 de cada mes, nos manifestamos en la plaza de Sant Jaume. No fallamos. Todas con nuestros pañuelos verdes, que es el color de la esperanza. A veces somos 200, otras diez.
--¿Qué les dice la gente? --Nos respetan. Y los guardias incluso cortan Jaume I y la vía Laietana, porque vamos hasta la delegación de Gobierno.
--Pero no pasa nada. --¡Es muy triste! Nuestra generación pasó la guerra, y la posguerra, y nos tragamos los 40 años de dictadura. Y cuando llega la democracia... ¡que no podamos comer! ¿Es justo eso? Hay quien te dice que pidas ayuda a los hijos, pero los hijos ya tienen bastante con lo suyo. Y las residencias cuestan un dineral. ¡Tienen que hacer residencias que se puedan pagar!
--La ley de dependencia ayudará. --Qué quiere que le diga...
--¿Los viudos lo llevan tan mal como ustedes? --¡Ellos son otra cosa! Mientras nosotras tardamos tres años en recoger firmas --y hace siete que se entregaron--, ellos lo tuvieron solucionado en meses. Si un hombre se queda viudo, cobra el 100% de su sueldo y el porcentaje de la mujer.
--¿Han pensado en hacer una movilización más... radical? --Si vas con el bastón, poco radical puedes ser, hijita. Aunque hace tres años pensamos en cortar una carretera... Pero, ¿para qué? ¡Si los políticos, con esas maquinitas tan chafarderas de ahora, esas que tecleas y te enteras de todo, ya saben lo que cobramos! ¡Que nos lo den!
--No es la vejez que imaginó, ¿verdad? --¡Uh, no! Yo, cuando me casé, quería una docena de hijos. Me gustaba el ambiente familiar, pero ahora me veo tan...
--¿Sola? --No lo estoy. Tengo dos hijos, cinco nietos y dos bisnietos. Pero seguiré peleando por mi independencia.