Jordi Hereu se trajo de La Moncloa el traspaso del castillo de Montjuïc y arreció la tormenta preelectoral. Mientras tanto, allí arriba, el coronel Jesús Alberto García Riesco, director del Museu Militar, al que por cierto nadie ha llamado para explicar qué será de él y de los cañones, defiende con ardor la importancia de acercar el Ejército a Barcelona. Su mundo, insiste, no es el de las trifulcas políticas.
--El traspaso del castillo es baza electoral. ¿Qué le parece? --Yo no puedo entrar en un discurso político, en una coyuntura electoral. Mi mundo es otro. Creo que esta sociedad necesita un Ejército. Y he luchado por que ese Ejército fuera mejor. Luego, hay un sector de la sociedad que sigue con un discurso, cuanto menos, sorprendente.
--En ese sector que pedía la desmilitarización del fortín está Marsé, por ejemplo.
--En ese sector hay gente a la que admiro... Pero el castillo es un instrumento precioso de comunicación entre Barcelona y el Ejército.
--La comunicación no parece haber funcionado, coronel.
--Barcelona es plural, tremendamente culta, sensible. Y luego hay interlocutores que no entienden mi mensaje. Yo, como militar, quiero que Barcelona tenga protagonismo en la defensa de España y de Europa. Quiero que una megalópolis como esta esté preocupada por la defensa. ¿Cómo podemos estar ajenos a un auténtico compromiso con la seguridad?
--¿A Barcelona le debe de preocupar su seguridad?
--No mirar al mundo es estar totalmente ciego. Barcelona vive de espaldas a la seguridad. Debería de tener centros de defensa del Ejército español y de la seguridad europea. Tiene óptimas condiciones para tener un cuartel de la OTAN.
--Pues los militares se han ido retirando de esta plaza.
--El Ejército es la segunda institución más valorada, según el CIS, pero queremos gastar poco en Defensa. El Ejército necesita comunicarse mejor con la sociedad.
--¿Catalunya se lo pone difícil?
--Yo llevo 30 años aquí y, sin dejar de ser leonés, amo a Catalunya. Aquí he recibido un afecto infinito.
--Le quieren pero... ¿se lo quitan de encima?
--A mí nadie me ha dicho nada. Yo solo he recibido la orden del ministerio de Economía y Hacienda.
--¿Nadie le ha llamado para decirle qué será de usted?
--El futuro consorcio estará liderado por el Ayuntamiento. Defensa pertenecerá a ese consorcio, y yo pertenezco a Defensa.
--No habrá más Museu Militar. --Desde que llegué, he intentado abrir el castillo a la ciudad y unir Ejército y sociedad. Y siempre habrá que unir Ejército y sociedad.
--El Centro de la Paz hablará de otra cosa, intuyo. --La orden dice que el Centro de la Paz tendrá por misión difundir "la cultura de los derechos humanos y el diálogo en la resolución de conflictos". ¡A esto he dedicado yo toda mi vida! Fui oficial de enlace entre la Comunidad Europea y Naciones Unidas en Bosnia, y vi tal falta de comunicación...
--De algún modo se blanqueará la historia siniestra del castillo. --La historia es la que es. Barcelona fue bombardeada dos veces desde aquí. Y todos somos hijos de los supuestos opresores y de los supuestos amantes de las libertades. Lo inadmisible es seguir con discursos maniqueos en pleno siglo XXI. Yo no puedo admitir que a un militar se le mire como a un opresor... ¿Usted me ve cara de opresor?
--No, señor. --Tenemos una Constitución. Llevamos 30 años de estabilidad democrática. Hay que tener la valentía de ser verdaderamente plurales y verdaderamente libres.
--¿Por qué cree que no gustan? --El ciudadano moderno debería de ser auténticamente democrático, y eso quiere decir comprometido. Pero actualmente está agobiado por la información, y se queda estático, pasivo, y adopta un pensamiento sentimental basado en generalidades bienintencionadas.
--Me da que nos desviamos. --Creo que hemos llegado al Montblanc, pero nos han traído en helicóptero. No hemos llegado escalando. No sabemos lo que cuesta. Eso lo ha hecho gente valerosa que ha luchado por las libertades. El problema fundamental es moral.
--A la paz se puede llegar por la educación. --La educación es un bien precioso. El mayor. Pero yo soy hobbesiano, y creo que habrá que embridar la espiral infinita del deseo. No vale todo. Tiene que haber un límite, y el límite es la sensibilidad humana. El militar es ante todo un ser espiritual. Luchar por un ideal implica alejarse de los componentes superficiales de la condición humana. El éxito, el fracaso, el olvido... El discurso de que las armas son terribles y de que yo soy malo porque las uso es infantil.
--Una pregunta infantil, ¿qué será de la estatua ecuestre de Franco? --No sé dónde está. Fue sacada de aquí y se llevó no sé adónde...