ESPAÑA EN TAXI - palma | PUBLICADO EN EL PERIÓDICO EL 25 DE MAYO DEL 2007

La ensaimada alemana


NACHO PARA
periodista

Está claro que las islas, por su esencial dependencia del turismo, son un terreno abonado para la especulación, el tejemaneje y el pelotazo urbanístico, esos deportes tan practicados en la España de hoy. Pero los casos de Telde (Canarias) y Andratx (Baleares) son solo pequeños terruños en el océano de la corrupción. La ilegalidad, vestida de soborno, de cohecho, de tráfico de influencias o de mafia pura, está por todas partes y todo lo ensucia. Todo esto es lo que piensa Ana, taxista de La Puebla de Cazalla (Sevilla), que lleva 15 años instalada en Palma y 20 casada con un mallorquín. No hay nada que hacer. Venga quien venga, seguirán robando.

Extranjeros de dos mundos
Camino de la plaza de España, Ana se queja de cómo los alemanes, aunque generan riqueza, disparan el precio de la vivienda en la capital balear hasta límites insoportables. Su propia hija no encuentra un piso por menos de 300.000 euros. Desde el taxi, se ven colas de extranjeros del primer mundo en las puertas de la inmobiliarias. Los extranjeros del tercer mundo también se ven. Cada vez más. En la hostelería, en la construcción y recogiendo basura, cuando no de vendedores ambulantes. Y el nivel de los mallorquines tampoco es alto. La mayoría de los ciudadanos que transita por la calle, turistas aparte, es gente sencilla, como Ana y su hija, que pudo estudiar y ahora trabaja de recepcionista en un hotel. La mallorquina es una ecuación difícil de resolver. Durante la presidencia socialista del Pacte de Progrés, el Govern intentó frenar el tsunami inmobiliario y gravar el turismo con la ecotasa, un impuesto para reinvertir en la protección de los espacios naturales de la isla y acometer expropiaciones o demoliciones de edificios ilegales. El resultado fue la deserción de muchos turistas y capitales extranjeros, que prefieren invertir donde haya manga ancha, o sea, concejales haciendo el egipcio. Eso contribuyó a la desesperación ciudadana, que pasó a votar más con el bolsillo que con el corazón. El PP regresó y, con él, la manga ancha. El resultado ahora han sido dos autopistas en cartera, con sus consiguientes urbanizaciones de lujo en parajes hasta ahora poco accesibles, mano tendida a la corrupción en una isla que se recupera de los efectos nocivos de la bienintencionada ecotasa --vuelven los turistas-- pero a un paso de morir de éxito. "Ya empiezan a venir los turistas", dice Ana, escrutando la calle como si fuera antropóloga. ¿Empiezan a venir? ¡Pero si no se ve otra cosa en la calle que turistas! "Esto es muy grande, y cuando hay muchos turistas en la isla, muchos, muchos de verdad, te aseguro que se nota", zanja Ana.

Crisis coyuntural
Mallorca vive del turismo y sin turismo no podría vivir. Al pasar frente a la fastuosa catedral de Palma, por el paseo Marítimo, se hace imposible distinguir un mallorquín entre la abigarrada nube de sandalias con calcetines. Es cierto que la isla vive en un 80% del turismo, pero de seguir así los propios turistas habrán acabado con eso que tanto les atrae, la naturaleza, y entonces se irán para siempre. Lo que mató al Pacte de Progrés, aparte de su difícil equilibrio político, fue que su gestión coincidió con la crisis turística coyuntural del 11-S y la guerra de Irak. Una lástima, porque aquello de la ecotasa podría haber sido un éxito. Cada vez hay más gente con dinero dispuesta a pagar lo que sea por el entorno. Caos y estrés ya tienen suficiente en sus ciudades de origen. Ana admite que votó al PSOE y, en las siguientes elecciones, al PP. En estas, no sabe qué hacer. "Creo que no votaré. Palma es un sitio complicado, sobre todo para mí, que vengo del sur. No me fío de nadie, imagínate de los políticos. Y menos después de ver lo que han hecho los dos grandes partidos con mi voto. Creo que aquí hay unos cuantos que quieren aprovecharse y una mayoría de ciudadanos que, como ha pasado en Marbella, se queda mirando con cara de bobo, pensando solo en su bolsillo, en lo suyo, en sus rotondas, en sus farolas, sin querer ver más allá". La carrera acaba en el aeropuerto de Palma. Por el paisaje humano, podría ser el de Fráncfort. Pero aquí cada alemán lleva su ensaimada. la de pobre y la de cabreado". De regreso al hotel, al pasar por la sede fundacional de Corporación Dermoestética, el taxista suelta la última: "Esta ciudad se ha sometido a la silicona, la depilación láser y el lifting, pero olvida el colesterol".

TODAS LAS ENTREGAS