Los dirigentes del PP no se atrevían a decirlo tan claro, pero apostaron en estas elecciones por provocar la caída de Rodríguez Zapatero con los resultados de las elecciones municipales, como le sucedió a la monarquía alfonsina en 1931. No les ha salido, como su propia prensa reconoce. Ganan por poco en votos populares, pero no han conseguido avances importantes en gobiernos municipales ni autonómicos. Incluso, las alianzas que pueden concretarse a partir de mañana les pueden costar dos gobiernos, el de Navarra y el de Baleares. El partido de Mariano Rajoy se ha quedado brindando por el entusiasmo de los resultados en Madrid y Valencia. Que no es poco, pero no es lo que buscaban.
A corto plazo, cada partido celebrará sus espléndidos logros del 27 de mayo. Pero a medio ya se puede prever un auténtico cataclismo en la derecha española. Mariano Rajoy ha perdido la que seguramente era su última apuesta. Lo ha hecho apartando a los obsoletos Zaplana y Acebes, pero con su estrategia. Y eso le ha costado caro. De los resultados de ayer emergen dos figuras, la de Esperanza Aguirre y la de Alberto Ruiz-Gallardón. Más probablemente Aguirre, que controla el partido de Madrid, donde gana por goleada.
La euforia del PSOE tiene justificación, pero un grave agujero negro, que es justamente la capital y su comunidad, donde la población se declara de forma mayoritaria de centro-izquierda pero la mayoría acaba votando a la derecha porque la izquierda se abstiene de forma escandalosa.
En el horizonte del PP se vislumbra un congreso más pronto que tarde, que defina un nuevo liderazgo. Si recae en Esperanza, cambiará la cara pero no la política adusta. Si el PSOE se dedica a observar con deleite los problemas del adversario y no ve los propios, cometerá un error muy serio. Y dejará al PP un respiro. También en el seno de los socialistas es imprescindible un cambio. Porque Madrid no es poca cosa. Cuatro mayorías seguidas de los populares en una comunidad que se autodefine como progresista anuncian que algo serio sucede dentro del partido.
En todo caso, Zapatero ha salvado la cara. Rajoy lo pagará. Es el momento de Esperanza.