El mapa político catalán se ha estirado en dos direcciones en estas elecciones municipales. Por arriba ha reforzado el bipartidismo entre CiU y PSC, y por abajo los partidos minoritarios como Ciutadans y radicales como la CUP y la Plataforma per Catalunya salen beneficiados por la baja participación. En medio los más perjudicados son ERC e ICV, que rompen su tendencia al alza de los últimos comicios. Sobre el terreno, socialistas y convergentes se han repartido los papeles: los socialistas dominan claramente en las capitales y ciudades de más de 50.000 habitantes, mientras que CiU empata o gana en capitales de comarca que había perdido como Manresa, Figueres, Berga, Vilafranca del Penedès, Ripoll o Banyoles. Se da la extraña circunstancia que aún perdiendo poder institucional, sobre todo Tarragona, la federación sale reforzada de estas elecciones porque ha conjurado los peores augurios que la situaban cerca de una especie de big bang como el que sufrió la UCD. Se confirma como el gran partido de centroderecha catalán y alternativa al dominio del PSC. Por su parte, para los socialistas la gran victoria de Tarragona y también de Lleida se ve empañada por los retrocesos antes citados y los no previstos en Sabadell, Badalona u Olot. En el haber también cabe apuntar la victoria en la Vall d'Aran y en Sant Feliu de Llobregat, donde ha superado por fin a una ICV que ya prácticamente sólo mantiene como feudo El Prat de Llobregat.
Por su parte, ERC puede perder alguna alcaldía como La Seu d'Urgell, Banyoles o Ripoll. Pero eso no es lo que más duele, sino la pérdida de representación en muchas ciudades donde había pactos tripartitos de izquierda en beneficio de la CUP, cosa que va a dar alas a los críticos (léase Carretero) con la dirección. ERC tendrá que aprender que estar en el Gobierno no sólo tiene ventajas, también costes. Lo más trágico de estas elecciones, amén de la baja participación es la subida de la Plataforma per Catalunya. Todos los partidos deberán sentarse en una mesa y definir una estrategia conjunta para abordar este fenómeno. Aquí no están en juego los gobiernos de Vic o El Vendrell, sino algo más importante: nuestro futuro como país.