Hereu ha superado con un aprobado justo su primera prueba en unas elecciones. Lo mismo que sus dos socios de gobierno, que como el PSC han visto disminuir su presencia en el consistorio barcelonés en un regidor cada uno. Hay, pues, correctivo, aunque lo podemos calificar de ligero dadas las circunstancias históricas, ya que desde 1979 hay un gobierno de coalición de izquierdas. Ese correctivo lo ha recogido en exclusiva Trias, el único que crece en concejales, sumando 3 a los 9 que tenía. A pesar de este avance, los números no le salen a CiU para intentar acceder al gobierno de la ciudad. Esto hace que el avance de CiU en Barcelona no le sirva para mirar el futuro con optimismo. Significativo es también el nulo avance de Fernández Díaz, que claramente no recoge ninguno de los frutos de la estrategia electoral y política de la dirección española del PP. Una vez más, el PP en Barcelona muestra una debilidad muy superior a la que le correspondería si estableciéramos una proporcionalidad con otras capitales del Estado. En resumen, los pactos en Barcelona tendrán continuidad en la distribución interna, con el único correctivo del sorpasso de Mayol a Portabella, ya que la dirigente ecosocialista ha ganado esa pugna menor que mantenía con Portabella.
Si esta es la lectura política de más importancia por lo que al establecimiento de mayorías se refiere, es evidente que el dato más relevante de las elecciones de ayer en la ciudad de Barcelona fue la abstención. Barcelona tuvo la virtud, por decirlo de alguna manera, de superar con creces la ya generalizada desapetencia política de la ciudadanía en el resto de Catalunya. Harían bien los representantes de los barceloneses de preguntarse qué ocurre en esta ciudad que algunos bautizaron como la ciudad de la participación y no olvidar fácilmente los resultados de ayer. Es evidente que hoy la maquinaria del gobierno de Barcelona se pondrá en marcha con la misma legitimidad democrática que si hubieran votado muchos más ciudadanos. Pero eso no tendría que hacer olvidar el problema de fondo que en Barcelona se expresa con contundencia: una desafección ciudadana hacia las instituciones políticas.