VIAJE POR CATALUNYA -- LA CORONA BARCELONESA| publicado el 21 de mayo del 2007

Paseo por donde mueren los
trenes de cercanías


ANTONIO BAÑOS
BARCELONA

Catalunya es como el sistema solar. O al menos así la dibujan los mapas de la Autoritat del Transport Metropolità (ATM) que se pueden ver en las estaciones. Hay una Barcelona pintada de un amarillo solar y una serie de zonas de colores que, en progresivo oscurecimiento, orbitan sobre la radiante zona metropolitana.
Como en Star Trek, el viaje consiste en visitar el exterior del sistema, donde mueren los trenes de cercanías (los que llegan vivos, claro). La franja pintada de verde en los mapas. La zona 6. Se trata de cubrir el arco que va de Vic (zona 6D) a Igualada (zona 6B), pasando por Manresa. En términos antiguos, la Catalunya interior, el rerepaís.

Ciudad de santos y sabios
Hacia Vic. Una hora y diez minutos. El rasgo más destacado del nuevo Vic es su universidad. Gracias a ella, la ciudad de los santos se postula como una ciudad de sabios. En el Parc dels Estudis está plantado el gigantesco muñeco vudú que simula ser el monumento a Verdaguer. Es un palo muy alto con dos palitos a los lados que representan los brazos del poeta, todo ello en acero corten. Entre el monumento y la estación, un edificio universitario. En una pared destacan unos plafones con trabajos científicos, como La influencia del caudal de ahumado en la conservación de salchichas tipo frankfurt. La Catalunya cárnica e investigadora.
Mercado. El centro de la plaza lo ocupan los vendedores ambulantes hijos de aquel mig amic de la canción de Peret. En un puesto de zapatos se lee una cartulina que pone: Carrefour Gitanuno, 6 euros. El de al lado utiliza un márketing más agresivo: Ofertón. Locura. Tontería. 6 euros.
Los puestos del perímetro están dedicados a productos del terruño. Hay cubos de donde, sigilosamente, se intentan escapar cientos de caracoles. Vic está en el corazón de la Catalunya musulmana y se nota en la cantidad de jóvenes con velo. Van muy a la moda. Son puro islam-chic.
En el Casino, una señora del PSC regala un imán al viajero y le anima a hacer una pregunta a su candidato. "El día 16 contestará a los ciudadanos", dice. Como en el programa de Lorenzo Milá. La pregunta clave es si sabe el precio de unas chanclas en el Carrefour Gitanuno
El Eixbus lleva a Manresa. Viajan cinco personas. Dos estudiantes, dos inmigrantes y el viajero que, como periodista, está a mitad de camino entre el forastero y el aprendiz. Una casilla menos: la zona 6C de la ATM.

La Perimetral
Manresa es igual que Lisboa y Praga: una ciudad de cuestas. Ciudad de agujetas. Para medir su tamaño lo mejor es el autobús de la línea 8: la Perimetral. A medida que la Perimetral sube, los barrios son de gente más pobre. Cuando la Perimetral baja, se entra en el Wisteria Lane de Manresa: la zona residencial. Pasta.
Cena en el Frankfurt Manresa. Dos clientes y dos camareros. El jefe: "Yo, antes que al de ahora, soy capaz de votar a Alianza Popular". Y remacha: "Este alcalde no saluda". "A mí sí me saluda", corrige un cliente. Silencio. Empieza un debate sobre quién ha sido el mejor alcalde. La clientela prefiere a Joan Cornet (1979-87) Al otro lado de la barra, a Ramón Soldevila (1964-75). Cierra el Manresa y queda La Maduixa, un jazz bar. Suena Eva Cassidy. Toni, el dueño, habla de cuando se podía comprar un ático de 100 metros cuadrados por ocho millones de pesetas. De una ciudad que fabricaba telas a otra que vende ropa de marca. Del incendio del 94, del temor a una Manresa demasiado grande.
Aconsejan al viajero que para ir a Igualada coja el tren hasta Martorell. Como en la casilla del pozo en el juego de la oca, retrocede hasta la zona B3. Parece sencillo y cercano, pero el viaje dura 3 horas y 45 minutos. Lo mismo que ir hasta El Cairo.
La vida igualadina se concentra en la rambla de Sant Isidre, pero la ciudad tiene un larguísimo paseo llamado Verdaguer. Está desolado como una calle norcoreana. No tiene bares, solo monumentos. Al lado de uno, homenaje a San Francisco de Asís, hay otro dedicado al encuentro de peñas barcelonistas. En Igualada proliferan este tipo de metáforas: en una misma manzana está el ateneo anarquista y la Oficina de Recaudación de la Diputación. O la sede de ERC, que tiene justo al lado un bar que se llama El Camaleón, ideal para partidos bisagra.
La propaganda de CiU llama la atención. Son carteles con citas célebres: Si buscas resultados diferentes no hagas siempre lo mismo. Albert Einstein. ¿Estaría el físico pensando en Artur Mas? Otro, con un mensaje de Antoni Gaudí: La originalidad consiste en volver al origen Una hora después, y haciendo caso al maestro, el viajero volvía a Barcelona: origen; centro de este país dibujado al compás de anillos y coronas semicirculares. Regreso de esa Catalunya que vive entre Port Aventura y Vaquèira. La Catalunya catalana que habla ya los 1.000 idiomas del país.

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