VIAJE POR CATALUNYA -- LLEIDA | publicado en el periódico el 15 de mayo del 2007

La hora del despegue de Lleida


un vecino de lleida contempla la cobertura de las vías por las que circula el ave. RAMON GABRIEL
CÉSAR LÓPEZ ROSELL
BARCELONA

Lleida mira al cielo y al suelo. La puesta en marcha del aeropuerto de Alguaire, la recuperación del de La Seu d'Urgell, la próxima conexión del AVE con Barcelona y la aprobación de un nuevo tramo del canal Segarra-Garrigues, entre otras infraestructuras, empujan a las comarcas leridanas a una nueva visión del desarrollo del territorio: sin renunciar a ser potencia agroalimentaria, buscan ahora su lugar en el sol económico con la oferta de suelo industrial. El vuelo está a punto de despegar. "Somos el futuro de Catalunya", sentencia Joan Simó, presidente de la Cámara de Comercio, aludiendo a las posibilidades que se abren tras años de espera.
"La soledad de Ponent ha quedado definitivamente atrás",
resalta Ramon Morell, economista y profesor asociado de la Universitat de Lleida (UL), para ilustrar una situación que se debe no solo a la mejora de las comunicaciones, sino también a los cambios sociales y a la influencia del centro docente. "Lleida ya no es una ciudad payesa y botiguera", explica para subrayar que el grupo social más fuerte lo forman ahora los funcionarios de diferentes sectores. La UL, con 9.000 alumnos, se implica también en proyectos de futuro como el Parque Científico Tecnológico Agroalimentario de Gardeny, centro crucial para abordar, desde la investigación, la transformación de la industria agropecuaria.
Un viaje del cronista por el Segrià y los pueblos situados en la ruta de la vieja N-II, en el Pla d'Urgell, el Urgell y la Segarra, cuatro comarcas que reúnen en conjunto al 60% de la población de la provincia, ayuda a entender un estudio de la Cámara de Comercio, que prevé que Lleida superará en 15 años los 200.000 habitantes y que poblaciones como Mollerussa, Tàrrega, Bellpuig y Cervera habrán duplicado su población.

Euforia contenida
En Alguaire viven con euforia contenida la oportunidad que supone para un pueblo de 3.100 habitantes la ubicación del aeropuerto de Lleida. Jordi Usall, responsable de urbanismo del municipio, explica que el nuevo plan aprobado prevé un equilibrio entre la oferta de vivienda y suelo industrial. Ha quedado atrás el debate sobre el futuro de esta infraestructura suscitado por una supuesta incompatibilidad con el AVE. "Es un gran reto para la zona", dice Usal. Localidades próximas, como Almacelles, han reforzado ya su oferta de polígonos para albergar las mercancías que llegarán al aeropuerto. Y las autovías de Huesca y la Vall d'Aran abrirán paso a los viajeros con destino a la montaña.
En Tàrrega se muestran orgullosos del milagro de su expansión. El último censo sitúa a la ciudad en los 16.400 habitantes, con un crecimiento del 4% anual. "La situación estratégica, el asequible precio de la vivienda y el desarrollo económico de la zona, que se incrementará con la llegada del canal Segarra-Garrigues, son las claves de este despegue", dice Sylvia Falip, desde la Cámara de Comercio. La polémica sobre la ubicación en la ciudad de la nueva prisión se ha esfumado. La dinámica sociedad civil local ha aceptado los beneficios de un centro que aportará 480 puestos de trabajo directos, además de los indirectos.
Los solares para atraer nuevas empresas se han convertido en la obsesión de Lleida. Desde la Generalitat consideran el territorio como la reserva de Catalunya y prometen una irrupción de 23 millones de metros cuadrados en la provincia. En la capital han pasado "siete años sin suelo industrial público", según Simó, grave déficit subsanado con dos nuevos polígonos que frenarán la deslocalización hacia Aragón.

Los pisos patera
De regreso a la capital buscamos la Lleida mestiza. Y no es oro lo que reluce. Desde la Seu Vella se divisa el espectacular cambio dado por la ciudad durante las más de dos décadas de gestión de Antoni Siurana, con los nuevos barrios, el Parc del Segre, el campus universitario y la cada vez más cercana conexión con áreas desgajadas del centro como La Bordeta, Mangraners y el Secà de Sant Pere. Pero también es visible el degradado Casc Històric. El retraso en acometer la transformación de esta área ha llevado a la proliferación de pisos patera. El ayuntamiento ha iniciado un plan de inspección de 500 viviendas para tomar decisiones que permitan sanear el barrio y facilitar la integración de sus diversas culturas.
La ciudad ha pasado de los 95.000 habitantes en 1980 a los 125.677 habitantes actuales, y ello a pesar de que 7.000 vecinos se han ido a vivir a los pueblos cercanos. Una parte de este incremento se debe a la inmigración, que en la capital alcanza una tasa del 18% y en Guissona supera el 34% por el empleo que ofrece la cooperativa. La construcción, el primer sector de la economía leridana por delante del agroalimentario, encabeza la oferta de ocupación.
La comunidad rumana, con más de 10.000 residentes en la provincia, superará pronto a la magrebí. Florentina Budan lleva más de cinco años en la capital. Los domingos es fácil encontrarla en la parroquia del Carmen donde asiste a los misas que ofician curas de su país, católicos y ortodoxos. Aspira a desarrollar "la cultura propia con toda normalidad" y a demostrar algo: "Los rumanos no hemos venido aquí para robar sino para integrarnos".
La incidencia del AVE en la ciudad mostrará los dividendos más visibles con la ejecución del Pla de l'Estació. Un nuevo puente unirá Príncep de Viana con el otro lado del río y el cubrimiento de las vías aportará 33.000 metros cuadrados de zona verde. Pero al mismo tiempo puede dar solución al traslado de la mezquita de la calle del Nord, que crea incomodidad a algunos vecinos, aunque el Ayuntamiento no le ha encontrado aún nuevo acomodo.

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