La recomendación a la embarazada de nueve meses es subir y bajar escaleras. Si el parto se adelanta unos días, el bebé nacerá antes de que se acabe el periodo de preinscripción en las escoles bressol. Por más surrealista que parezca, esta es una opción para los padres que salen de cuentas a mediados de mayo --el bebé debe tener cuatro meses antes de empezar el curso-- y que intentan lo que ya se ha convertido en una bestia negra para los progenitores: conseguir una plaza en una guardería pública.
Ni esta práctica tan estrambótica les asegura un sitio. Tienen menos de un 50% de probabilidades de conseguirlo. Pese a que el número de plazas en el primer ciclo de educación infantil ha crecido en estos últimos años, el 53% de las familias barcelonesas que han solicitado una plaza para el próximo curso se quedarán sin sitio. Así de crudo. "Hay 5.383 solicitudes y solo 2.500 plazas", dice Antoni Martorell, gerente del Institut Municipal d'Educació de Barcelona.
Esta es la historia interminable. En el curso 2006-2007, el 47,43% de las familias barcelonesas que solicitaron un puesto en una guardería pública --del ayuntamiento, Generalitat o subvencionada-- también se quedaron fuera de las listas. En Girona fue peor: el 52% de los solicitantes no consiguieron sitio. En Tarragona, unos 300 niños se quedaron sin plaza ni en la pública ni la privada. En Lleida, hubo más suerte: se cubrieron las necesidades de las familias.
El aumento de la demanda --hace siete años había 16.831 alumnos en guarderías públicas catalanas; el año pasado ascendieron a 35.200-- en la educación infantil, de 0 a 3 años, ha generado una polémica que ha entrado de lleno en el terreno de las promesas electorales, en los debates de educadores y en las preocupaciones de padres y madres.
Padres y malabaristas
Montse Ferrando tiene dos hijos, Lluc, de 2 años, y Bruna, de seis meses. Lluc nació en octubre y 10 meses más tarde lo preinscribieron en la escuela pública y en otra privada por si no había suerte: "Había 10 plazas y 45 inscripciones. Tuvimos que ir a la privada". En mayo del 2006, cuando LLuc tenía 19 meses, pudo entrar en una escuela del barrio. El respiro duró poco: "A Bruna (su segunda hija), la tuvimos en noviembre. En mayo, la matriculamos a la guardería de Lluc, pero ahora nos encontramos con que quizá tampoco entre. Hay cuatro plazas y somos cinco parejas de padres que hemos tenido un hijo y ya tenemos otro dentro".
La precariedad de plazas convierte a los padres en malabaristas : "¿Dónde los matriculamos para recogerlos de manera escalonada? ¿Podremos pagar 375 euros de la privada y los 200 de la pública? ¿Deja uno de trabajar? O en investigadores: "¿Será del barrio la familia que también pelea por la plaza?"
Según los especialistas, la educación de 0 a 3 años es una necesidad ya que, además de ayudar a la reincorporación de las mujeres a sus trabajos, permite incidir en la educación en una etapa clave para los pequeños. Así lo explica Montserrat Febrés, maestra desde hace 25 años y miembro de Rosa Sensat: "Pese a que es clave, este tramo no tiene apoyo institucional. La LOCE le da un carácter asistencial y la Generalitat apuesta por la creación de nuevas escuelas, pero se externaliza la gestión de estas".
El Departament d'Educació acordó, en el 2004, crear 30.000 nuevas plazas de titularidad pública antes del 2010. A tres años de cumplirse el plazo, ya están comprometidas 28.000 plazas y construidas 11.000. Aun así, los especialistas alertan de que el aumento de plazas debe ir en paralelo a la calidad. "El tramo de 0 a 3 años se está quedando sin profesionales. La externalización precariza los sueldos y la sexta hora ha hecho que muchas maestras se vayan", se queja Rosa Ferrer, de la Xarxa Territorial de l'Educació Infantil de Catalunya.
Catalunya, a la cabeza
Cerca del 40% de los niños menores de 3 años están escolarizados y Catalunya es una de las cuatro comunidades, junto con el País Vasco, Madrid y Aragón, que lidera la educación en este tramo de la infancia. Según una encuesta del Ayuntamiento de Barcelona, el 83% de los padres están satisfechos con la tarea de les escoles bressol. Sin dudarlo, la mayoría de los padres aseguran que acaban en la privada por una cuestión de plazas.
Montse Pujol es madre de tres hijos: Júlia, de 7 años, y dos gemelos, Nora y Marçal, de 2 años y 11 meses. Los pequeños acuden a una escuela concertada. Dos matrículas en la pública eran demasiado para el presupuesto familiar: "Las escuelas públicas de 0 a 3 años son muy caras. Tuve que ir a la concertada. Yo no pude subir y bajar escalones. Los pequeños nacieron el 28 de junio".