Estas elecciones, en que los inmigrantes no podremos votar, institucionalizan nuestra exclusión política y reproducen un modelo de la antigüedad clásica, el de Atenas, donde solo un tipo de habitante podía votar. Políticamente, los inmigrantes musulmanes solo servimos para calentar la campaña de candidatos animados por el éxito obtenido en otros países europeos por los partidos de extrema derecha. Pero hay que decirlo claro: los inmigrantes no somos solo extranjeros y no solo somos mano de obra barata. Somos personas, ciudadanos. España es un país multicultural y plurirreligioso con dos millones de musulmanes que políticamente no existen.
Votar es básico para la integración. La igualdad solo es real si es plena. Sin integración política no hay integración posible, ya que la plenitud de derechos incluye los derechos políticos. Pero ¿están los partidos dispuestos a pedir nuestro derecho al voto? Salvo para un partido y una oenegé, para el resto es un tabú. Los partidos no quieren promover la integración política de los musulmanes ya que defender nuestros derechos no es rentable electoralmente.
En Catalunya, muchos musulmanes topamos con barreras que nos impiden crecer en la jerarquía social. Los problemas de acceso a la vivienda, la explotación laboral, la desigualdad de derechos y la discriminación generan un sentimiento de exclusión. Ha llegado el momento de permitir a los inmigrantes participar con sus votos en la toma de decisiones que nos afectan como miembros de la sociedad. La integración política nos haría sentir ciudadanos de pleno derecho. Apuesto por el concepto de ciudadanía cívica, que debe comenzar por reconocer que el inmigrante residente, en la medida que paga impuestos y cumple la ley, debe tener derechos políticos, y el primero es votar en las municipales.
Los musulmanes tendemos nuestra mano y nos comprometemos con el laicismo y la aconfesionalidad del Estado y pedimos que se garantice un trato justo a todas las religiones. Creemos que debemos trabajar por el bienestar de la sociedad. El islam establece que el musulmán sea un ciudadano activo y beneficioso para los demás, sean o no musulmanes. Pero se nos ve como un peligro para la seguridad y la identidad. Como catalán que me siento, señores políticos, díganme: ¿Cuáles son mis señas de identidad? ¿Podría el islam ser una de ellas? Yo creo que sí.