la integración de los inmigrantes | PUBLICADo EN EL PERIÓDICO EL 17 DE MAYO DEL 2007

Solo 180.000 del millón de inmigrantes podrán votar


     M. MARTÍNEZ / M. BERNAL
     BARCELONA

Los inmigrantes entran de lleno en el debate electoral: desde el PP, que divulga vídeos en los que vincula inmigración y delincuencia, hasta ICV-EUiA, que pide que los extranjeros ejerzan el derecho al voto, la inmigración ha saltado al abanico de asuntos que marcan la agenda de los partidos. ¿Son una carga para el sistema social o la tabla de salvación de las pensiones? ¿Son sencillamente un problema, o son el nuevo motor demográfico y económico? ¿Reciben los inmigrantes un trato de favor en los servicios sociales, como denuncia la derecha?
Los afectados se lo miran --el debate-- desde la barrera. Decenas de miles de inmigrantes incorporados al mercado laboral, afiliados a la Seguridad Social, consumidores habituales de bienes y servicios y puntuales en el pago de sus impuestos no podrán votar el 27-M porque España no les reconoce ese derecho. Decenas de miles: de los 999.371 extranjeros empadronados en Catalunya, solo 80.000 de países comunitarios y cerca de 100.000 que han obtenido la nacionalidad podrán votar en las municipales. Los demás --unos 700.000 en edad de votar-- deberán seguir la jornada democrática por las pantallas de sus televisores.

MUCHOS Y DE GOLPE
La audacia de las políticas sociales que ha puesto en marcha el Gobierno socialista, sensible con las necesidades de las minorías, no ha llegado todavía a un apartado en el que, para tranquilidad del Ejecutivo, los referentes europeos se limitan a Suecia, Dinamarca y Holanda.
Ningún partido catalán se opone abiertamente a que los inmigrantes voten, pero solo ICV-EUiA lo considera un asunto prioritario. La posición más extendida es que ya habrá tiempo para pensar en ello y, sobre todo, que antes que pensar en el voto hay que demostrar voluntad de integración. Europa no es el mejor espejo para mirarse, ya que países con más experiencia y tradición en los desafíos de la inmigración aún no permiten a los extranjeros elegir o ser elegidos. Francia es un ejemplo. Y aquí, al contrario que allí, los inmigrantes han llegado en masa y de golpe, y todavía falta tiempo para que algunos lo asuman.

MARROQUÍS Y ECUATORIANOS
En el último quinquenio, Catalunya ha visto a la población inmigrante multiplicarse por cinco y todavía le cuesta asimilarlo. Sucede a nivel de la población --la presencia de extranjeros en el vecindario, en el colegio al que acuden los niños y en la lista de espera de los hospitales ya no es una excepción sino una constante-- y también de las administraciones, en general cortas de recursos para asumir el aluvión con eficacia. La Generalitat reconoce que uno de sus retos es poner coto a la extendida idea de que las prestaciones públicas disminuyen para los autóctonos mientras aumentan para los extranjeros.
Un simple vistazo al mapa muestra que los marroquís son los extranjeros con más presencia en Catalunya, seguidos por los ecuatorianos que, pese a ser la segunda comunidad en número, se concentran casi exclusivamente en la comarca del Barcelonès. El colectivo rumano ocupa el tercer puesto y, hasta el año pasado, el cuarto era el de los colombianos, desbancados en los últimos meses por los bolivianos que llegaron en masa antes de que el Gobierno les impusiera el visado.
Las características de este gran grupo migratorio, que con el objetivo de mejorar sus condiciones de vida viene a España a trabajar, nada tiene que ver con los extranjeros procedentes de la UE, encabezados por Italia, Francia, Alemania y Gran Bretaña, que, a grandes rasgos, vienen a pasar su jubilación.
No hay que pasar por alto el nutrido grupo de inmigrantes, en su mayoría procedente del África subsahariana, que ocupa el eslabón más bajo del desamparo, aquellos que no aparecen en ninguna estadística, ni tan solo en el padrón. Llegados a Canarias en cayuco, a veces con un halo de vida y tras haber pagado cantidades de dinero desorbitadas para ellos, permanecen unas semanas en los centros de internamiento hasta que el Gobierno, acuciado por la masificación, opta por fletar aviones para enviarlos a la Península. Generalmente, recalan en Barcelona y Madrid con nada más que una tarjeta de transporte público facilitada por una oenegé.
La distribución de los inmigrantes por las comarcas catalanas tampoco tiene nada que ver con lo que era hace cinco años cuando todo el que llegaba se concentraba en Barcelona y su área. Ahora puede observarse una distribución bastante uniforme. Solo en 11 comarcas el porcentaje de población extranjera es inferior al 10%. A grandes rasgos, las comarcas litorales, seguidas por las de Lleida y alguna pirenaica, son las que muestran mayor concentración de extranjeros. En el extremo opuesto están las comarcas centrales.
El fenómeno de la reagrupación familiar, síntoma evidente de la consolidación de las primeras olas migratorias, ya despunta con fuerza. Tanta que el secretario de Immigració de la Generalitat, Oriol Amorós, espera acabar el año con más inmigrantes llegados por esta vía que de forma ilegal.


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