noticia publicada en el periódico el 12 de mayo del 2007

Los partidos catalanes se juegan algo más que los ayuntamientos


LOS CANDIDATOS A LA ALCALDIA DE BARCELONA. DE IZQUIERDA A DERECHA: IMMA MAYOL, ALBERTO FERNÁNDEZ, JORDI HEREU, XAVIER TRIAS Y JORDI PORTABELLA.
LUIS MAURI
BARCELONA

Nadie prevé que las elecciones del 27 de mayo impriman cambios radicales en el mapa político municipal de Catalunya, pero los partidos se juegan en las urnas algo más que los gobiernos locales. Entre estas elecciones y las próximas legislativas --que se celebrarán en el primer trimestre del 2008 si no media adelanto-- está en juego el porvenir de CiU. Y, por extensión, la disposición futura de las piezas en el tablero político catalán.

Los analistas de los partidos coinciden en sus previsiones generales. Bajo la amenaza general de la abstención, las urnas locales sancionarán en Catalunya una nueva victoria socialista en número de votos (fudamentada en las áreas urbanas, las más pobladas) y una ventaja nacionalista en número de alcaldes y concejales (cimentada en su hegemonía territorial).

AVANCE Y REPLIEGUE
Pero también certificarán un avance de la izquierda en el interior del país, ya que tanto el PSC como ERC e Iniciativa presentan muchas más candidaturas que en el 2003. Esta circunstancia puede desembocar en un recorte del poder territorial de CiU, que por primera vez concurre con menos listas que en unos comicios anteriores.

A diferencia de las pasadas elecciones locales, estas no tendrán en Catalunya carácter de primarias. Hace cuatro años, las urnas municipales fueron el heraldo que anunció la inminente conquista del Gobierno catalán por la izquierda.

MOMENTO CRUCIAL
Hoy, recién reconstituida y reafirmada la hegemonía progresista tras la quiebra del primer Govern tripartito, los nacionalistas comienzan su segunda legislatura consecutiva en la oposición y encaran un momento crucial, divididos entre la tentación soberanista y la gobernación de España.
Si estos comicios, como se prevé, no modifican radicalmente la distribución del poder local, la percepción de victoria o de derrota dependerá de la posibilidad de que algunos gobiernos locales emblemáticos puedan cambiar de manos.

Los sondeos pronostican que las ciudades de Barcelona, Girona y Lleida permanecerán en manos de la izquierda. En cambio, no parece tan seguro que CiU pueda conservar su principal bastión local, Tarragona.

LA FLOTA CONVERGENTE
En esta última ciudad, el nacionalista Joan Miquel Nadal, que no repite como alcaldable, empezó el mandato gobernando en alianza con el PP con un único concejal de ventaja sobre el bloque de la izquierda, y lo termina en minoría. La pérdida de Tarragona supondría un golpe muy duro para la flota municipal nacionalista, cuyo buque insignia pasaría a ser Sant Cugat (73.000 habitantes).
En tal caso, la escuadra de CiU perdería muy probablemente la Diputación de Tarragona. Paralelamente, los convergentes puede ser desalojados de la Diputación de Girona, donde gobiernan desde el 2003 merced al apoyo de ERC.

PACTOS LOCALES
Las políticas de alianzas de los partidos en los gobiernos municipales y provinciales son complejas y en ocasiones impredecibles. En muchos casos responden a criterios o razones de índole local, difícilmente extrapolables a otras poblaciones. Con todo, conviene no perder de vista que las anteriores municipales se celebraron cuando CiU aún gobernaba la Generalitat y Esquerra navegaba bajo bandera de conveniencia.
Hoy, eso ha cambiado. La opción de los republicanos por la alianza de izquierdas que gobierna Catalunya constituye una apuesta estratégica de largo recorrido. Y, aunque los pactos municipales responden a criterios particulares, no son totalmente impermeables a los intereses estratégicos de las direcciones de los partidos.

DEBATE INAPLAZABLE
Del resultado final de estas variables dependerá la urgencia y las condiciones con las que CiU abordará, pasadas las elecciones de mayo, el insoslayable e inaplazable debate interno sobre su porvenir. Entrado ya el cuarto año fuera del Gobierno catalán, si además ve recortado su poder municipal, la federación nacionalista se verá abocada al debate de una forma más perentoria y tensa que la deseable por su dirección.

Alejada del poder político, disminuida por tanto como valedora del empresariado catalán, huérfana del liderazgo carismático de Jordi Pujol y enfrentada a la consolidación y estabilización estratégica de la alianza PSC-ERC-ICV, la federación nacionalista fía ahora su futuro a la esperanza de que el PSOE gane por la mínima las próximas elecciones legislativas y precise del apoyo de CiU para gobernar España.

Los dos socios de la federación --Unió y Convergència-- coinciden en la formulación de esa expectativa, pero no en las condiciones para ponerla en práctica si llega el caso.

FUERA DEL PODER
Unió apuesta sin ambages por el abandono de las veleidades soberanistas del núcleo dirigente de Convergència y por un compromiso con el PSOE para ingresar en el Gobierno español sin más condición que el programa, en el que el despliegue del Estatut sería eje principal. Recalcan los democristianos que, fuera del poder, CiU no tiene utilidad para sus electores.
Convergència, por el contrario, mantiene la idea de competir con ERC en la franja electoral soberanista, y solo ve posible un pacto gubernamental con el PSOE bajo estrictas condiciones: que CiU sea imprescindible para asegurar el Ejecutivo (es decir, que la estabilidad de este esté en sus manos), que el Gobierno acepte el despliegue del Estatut que marque CiU y que a medio plazo los socialistas modifiquen su política de alianzas en Catalunya.
Reconfortada por un resultado halagüeño en las municipales o bien encrespada por un marcador adverso, Convergència y Unió abrirá en todo caso el debate interno sobre su futuro antes del verano. La incógnita es cuándo y cómo lo cerrará.

OBJETIVO COMPARTIDO
Los socialistas asisten con indisimulada satisfacción al aprieto histórico de CiU, decididos a darle un buen bocado al poder territorial nacionalista y a contribuir a que el retroceso de CiU devenga irreversible. Este objetivo es compartido por las demás fuerzas de la izquierda, pero también por el PP catalán.
ERC aspira a medio plazo a convertirse en la fuerza de referencia del nacionalismo. Y los conservadores catalanes, a salir de la marginalidad electoral, aunque para ello a Josep Piqué no le basta con la penuria de CiU: necesita un golpe de timón en la dirección española del PP.

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