Benedetta tagliabue, sentada junto a josep cuní, formula una pregunta. JULIO CARBÓ
Ni siquiera faltaba la palmera. No estaba realmente en el escenario, pero crece a pocos metros, en el frondoso patio del Ateneu Barcelonés convertido ayer en sede temporal del oasis catalán. Para ser exactos, era un oasis en las formas. En el contenido, ya era otra cosa.
Detrás de sus atriles, los dos candidatos, el socialista Jordi Hereu y el convergente Xavier Trias, resultaban intercambiables. El traje, del mismo tono gris, parecía salido de la misma sastrería. Hereu completaba su indumentaria con una camisa azul y una corbata gris azulado. Todo un clásico. Una camisa a discretas rayas de un tenue malva y una corbata oscura con motas malva y blanco daban a Trias un aire un pelín más atrevido, por algo el convergente es el aspirante frente al actual titular. La gran diferencia entre ambos era imperceptible. Estaba en las respectivas solapas. En la de Hereu, la insignia de alcalde. En la de Trias, la de regidor. Muy parecidas, pero entre una y otra van unas elecciones.
También el terno clásico del moderador, Juan-José López Burniol, podía ser intercambiable, solo que, al menos en altura, el notario volaba por encima de los candidatos. La única nota de color atrevida en el escenario la puso, brevemente, Oriol Bohigas, presidente del Ateneu, que lucía una corbata de color obispal sobre una camisa a cuadros blancos y rojos. El resto fue un ejercicio de moderación.
Entre los asistentes estaban Francisco Matosas y Román de Vicente, presidente y director de prensa del del Grupo Zeta, respectivamente; Josep Maria Casanovas, editor del diario Sport; el diputado socialista Joan Ferran; Antoni Vives, vicesecretario general de CDC; Josep Carles Rius, decano del Col.legi de Periodistes; Josep Maria Sanclimens, secretario general de Tribuna Barcelona, además de numerosos representantes de la sociedad civil barcelonesa y un grupo de lectores del diario.
El alcalde dio la primera respuesta pero acto seguido, Trias le dio una lección de buenos modales cuando, antes que nada, agradeció a EL PERIÓDICO DE CATALUNYA que le hubieran invitado al cara a cara y al moderador por su trabajo.
En realidad, quienes más trabajo dieron al moderador fueron los asistentes que se explayaban en largas disquisiciones antes de plantear lo que querían saber. "Por favor, prescindan de los planteamientos introductorios" ya pidió a poco de empezar. Más adelante, aprovechó que iba a preguntar el cocinero Fermí Puig para reclamar preguntas "tan breves como las raciones de la nueva cocina". Hacia el final, consiguió que alguien le hiciera caso.
Brevedad y concisión
Josep Cuní planteó su pregunta con concisión y brevedad, lo mismo que la de Bohigas, que además de breve, fue la única que salió de la tónica de todo el cara a cara. No quiso saber qué harían los candidatos una vez ganada la alcaldía, sino con quién lo harían, lo que demuestra que el morado obispal de la corbata no era solo una cuestión estética sino que había un trasfondo de refinada astucia. López Burniol lo tuvo fácil con el lector del diario Juan José Sáez García que había manifestado el deseo de hacer una pregunta sobre aparcamiento. Cuando llegó su turno no se encontraba en la sala. "No habrá encontrado aparcamiento", apostilló el moderador.
El cara a cara discurrió con una impecable corrección, quizá demasiada. A Hereu se le veía contenido y dejó al auditorio con una enorme curiosidad cuando habló de sus "transgresiones" privadas, mientras que a Trias se le veía con un poco más de ganas. El alcalde ya advirtió de que iba de "buen rollo", que solo se resquebrajó levemente cuando se habló de Madrid y el PP, temas que siempre animan.
Como ocurre siempre en debates y cara a caras, quedan un montón de preguntas en el tintero. Rosa Cullell se quedó con ganas de preguntar sobre mujer e inmigración. A Adela Subirana le hubiera gustado preguntar sobre la sociedad civil, "que es el motor de la ciudad y la que da concordia", decía a la salida.
Casi dos horas después de que candidatos y moderador hubieran aguantado en pie y sin muestras de cansancio, López Burniol dio por acabado el cara a cara. "Ha sido fácil moderar el debate. En realidad, ustedes se moderan solos", dijo el notario, afirmación de la que todos los asistentes podían dar fe.
"No se trataba de convencer a nadie" porque todos ya estaba convencidos, decía Marina Subirats, y Pep Vilar veía que con este debate, la campaña se anima. También había quien destacaba la aparición de temas nuevos, como la contaminación acústica. Y muchos coincidían en que el cara cara había sido mas divertido que los debates en la tele.