Resulta muy extraño encontrarse delante de 160 chicos y chicas, llenos de vitalidad, que acaban de salir de clase y que al comunicarse contigo lo hacen en silencio. Pero en el recinto de la escuela de Kitgum (Uganda) que ostenta las siglas NUCBACD, uno se encuentra sólo con alumnos sordos y para comunicarse usan el lenguaje de los signos, moviendo con rapidez las manos en un ambiente sin sonidos sólo roto de vez en cuando por algún sonoro aplauso. Mientras preparo un viaje a África en el que espero volver a verlos, recuerdo mi primer encuentro con ellos, el año pasado. En la foto que ilustra este post, el muchacho que mira a la cámara está diciendo, en el lenguaje de los signos, que quiere jugar al fútbol.

NUCBACD son las iniciales en inglés de Acción Comunitaria por los Niños Discapacitados del Norte de Uganda. Esta pequeña ONG local empezó hace cuatro años gracias a Teddy Ayoo, una mujer ugandesa a la que conozco desde 1992 que empezó a ocuparse de algunos niños a los que encontró abandonados en las calles de Kitgum. Todos ellos eran sordos, y algunos de ellos además sufrían las consecuencias de la polio. Con el paso del tiempo, los niños fueron aumentando y en el 2006 Ayoo pudo adquirir un terreno donde se han construido dormitorios y aulas, algunas de ellas una simple tienda de lona. Kitgum, una pequeña ciudad del norte de Uganda, sufrió desde 1986 las consecuencias de la guerra que dejó dos millones de desplazados y en la que la guerrilla del LRA llegó a secuestrar a 40.000 niños para obligarlos a combatir entre sus filas. Desde hace algo más de dos años, y a pesar de que no se llegó a firmar un acuerdo final de paz, el hecho de que el LRA se retirara del norte de Uganda ha hecho posible que la gran mayoría de los desplazados hayan vuelto a sus hogares y que la vida vaya retornando a la normalidad, aunque con muchas dificultades. Leer más

"Si quieres acercarte a tu enemigo, aprende su deporte favorito". Esta frase, pronunciada por Nelson Mandela en muchas ocasiones para definir su idea de reconciliación, explica el concepto detrás de Invictus, la película basada en el libro El factor humano, del periodista John Carlin. La soberbia interpretación de Morgan Freeman (en la foto, ante el cartel del filme), que habla con la misma voz que Mandela, camina como él y repite sus mismos gestos, da vida a este brillante film, que pone ante los ojos del espectador la fuerza que tiene el deporte para unir como lenguaje universal.

La primera escena nos lleva a 1990, durante los últimos años del apartheid en Sudáfrica. Dos equipos deportivos –uno de blancos y otro de negros– entrenan en recintos vallados separados por una carretera por donde pasa el convoy de Mandela, que acaba de ser puesto en libertad. "Recordad, muchachos, este es el día en que nuestro país empezará a irse a pique", dice el entrenador de rugby a sus jugadores blancos. Al otro lado, varios jóvenes negros que jugaban al fútbol exultan de alegría. Dos grupos que se miran con recelo y odio mutuo. Todo es diferente en sus mundos, hasta sus aficiones deportivas. Leer más

Siempre he sospechado que las ayudas oficiales al desarrollo que se dan a África consisten en ofrecer con una mano una parte de lo que se ha quitado con otra mano. Una noticia aparecida recientemente me ha confirmado esta percepción que ha ido creciendo durante los 20 años que pasé en África: Durante su presidencia de turno al frente de la Unión Europea, España se ha comprometido a promover en Bruselas que se levante el embargo de venta de armas a China. Así se desprende por lo menos de unas declaraciones del  embajador español en Pekín, Carlos Blasco, en una entrevista publicada hace pocos días en la portada del diario en inglés China Daily. "Esperamos profundizar las conversaciones para levantar el embargo", ha dicho el diplomático. Pues si es verdad, para África esto será un verdadero desastre.

Recuerdo una de las primeras veces en que el Ejército ugandés, tras una reñida batalla con los rebeldes del LRA, organizó un acto público en la ciudad de Kitgum en el que nos hizo ver parte del equipo militar del que se incautó al derrotar a los guerrilleros. Lo primero que llamó mi atención fueron los caracteres chinos escritos en las minas anticarro y antipersonas y en el surtido de bombas, misiles, cohetes, tubos lanzadera, morteros y demás artefactos mortíferos que el LRA recibía del Gobierno de Sudán, país en el que los rebeldes tenían sus bases y desde las que atacaban los poblados de nuestra gente, secuestraban a sus niños y nos sumían en una realidad de horror que duró de 1986 a 2007. La mayor parte de las armas que mataron a más de 150.000 personas durante aquellos años fueron chinas. Hablo del norte de Uganda, pero en cualquiera de los conflictos que han arrasado numerosos países africanos China se ha destacado por ser el primer proveedor de armamento, que terminaba en manos de gobiernos dictatoriales y milicias criminales. No raramente, las mismas armas chinas eran manejadas por las partes que combatían en el mismo conflicto. Gracias a China los africanos han muerto por millones en lugares como la República Democrática del Congo, Burundi, Ruanda (la mayor parte de los machetes usados durante el genocidio de 1994 eran de fabricación china), Chad, Eritrea, Etiopía, Somalia, Angola, Mozambique, Liberia, Sierra Leona, Costa de Marfil y bastantes más que me dejo en el tintero. Leer más

Al menos por una vez, en España nos daremos cuenta de que necesitamos a África para algo importante. Este 10 de enero, comienza en Angola  la XXVII edición de la Copa de África de naciones, un torneo de fútbol en el que 16 equipos pelearán por un sueño: ser los reyes de un continente que en junio vivirá su gran momento con la organización del Mundial. El campeonato se abrirá con un encuentro entre Angola y Malí. La Copa de África se empezó a disputar en 1957 y, a diferencia de un Mundial o de una Eurocopa, se trata de una competición bienal.

Decimos que nos daremos cuenta de que necesitamos a África porque once jugadores de este continente que juegan en equipos de la Liga española estarán ausentes durante un mes. Todos ellos pueden perderse hasta cinco partidos de Liga y dos de Copa. El  Barça perderá a Touré Yaya y a Seydu Keita, mientras que el Sevilla se quedará sin Zokora y sin Kanouté. Y la cosa podría haber sido aún peor para el equipo andaluz si Vahid Halihodzic, seleccionador de Costa de Marfil, hubiese convocado también a Koné y a Romaric. Espanyol y Almería se quedan sin dos piezas fundamentales, como son el guardameta Kameni (Camerún) y el ariete Kalu Uche, de Nigeria. Málaga, Mallorca y Valladolid también sufrirán las ausencias del nigeriano Obinna, el camerunés Webó y el angoleño Manucho, respectivamente. Tampoco se salvarán de la cita el maliense Diarra, del Real Madrid, y el camerunés Emaná, del Betis. Leer más

En los albores del 2010, merece la pena señalar algunos lugares de África donde tendremos que estar atentos a lo que sucederá a lo largo del año. Lo primero que hay que decir es que gracias a la Copa Mundial de Fútbol todos los ojos del mundo estarán puestos en África, que tiene una ocasión de oro para demostrar que es el continente de las oportunidades, y no sólo el de las guerras y la pobreza como suele aparecer. El acontecimiento tendrá lugar en Suráfrica del 11 de junio al 11 de julio. Suráfrica ha invertido miles de millones de dólares en mejorar su infraestructura y espera que en años venideros tendrá efectos positivos en atraer inversores y turistas. Pero habrá que ver cómo recibirá al casi medio millón de personas que se esperan y si el país será capaz de quitarse de encima la mala fama que tiene por sus altísimos niveles de delitos con violencia.

Kenia es otro de los países africanos que habrá que observar este año entrante. Con toda seguridad, la Corte Penal Internacional de La Haya abrirá investigaciones formales sobre la violencia poselectoral de 2008, que se saldó con 1.300 muertos y casi medio millón de desplazados. Cuando emita sus órdenes de arresto, entre los acusados habrá ministros y empresarios de alto nivel. Esto tendrá efectos positivos, terminando con décadas de cultura de impunidad, aunque podría también ser la chispa que provocara un nuevo incendio de violencia tribal. Y también para marzo de 2010 está previsto que se apruebe la nueva Constitución en referéndum. Leer más

Durante estos días previos al fin del año todos los medios de comunicación ofrecen su balance del año, destacando los acontecimientos más relevantes. Me llama la atención que en ningún medio español, ni de la prensa escrita ni de la televisión, se presta atención a los hechos acaecidos en el continente africano, con excepción de tres acontecimientos: el secuestro del Alakrana a manos de piratas somalíes, la huelga de hambre de la activista saharaui Aminatu Haidar y el secuestro de tres cooperantes en Mauritania. El interés informativo por parte de nuestro país se ha debido al hecho de que en estos tres casos había y hay importantes intereses españoles de por medio, es decir, lo de siempre: que en España África sólo interesa cuando nos afecta a nuestra seguridad o a nuestra política. Pero en África han ocurrido muchas otras cosas de sumo interés durante este año. En este post ofrezco mi propio análisis, y en un segundo post hablaré de algunas perspectivas para el 2010. Leer más

Hace cuatro años, cuando vivía en Gulu (norte de Uganda) me encontré un día con una de las personas más interesantes con las que me he topado en mi vida. Se llamaba Fabian Jowles, se acercaba ya a los 60 años y era, según definición propia, "un inglés andaluz". Nacido en Riotinto, de padres británicos, tras una larga carrera dedicada a los negocios artísticos, él y su esposa Elisabeth decidieron dedicar el resto de sus días a ayudar a niños huérfanos en África dándoles lo mejor  que ellos les podían transmitir: la ilusión por la música y la danza. Tengo que confesar que mi primera reacción fue un tanto escéptica y me preguntaba cómo dos personas sin experiencia en África y cuyos años jóvenes quedaban ya bastante lejanos podían pensar en embarcarse en una aventura que requería unos esfuerzos tan intensos.

Y sin embargo, este es un caso en el que he vuelto a ver que donde hay una voluntad hay un camino. Pasaron por momentos muy duros, engaños y desilusiones incluidos, pero a los pocos meses empezaron con una casita en Kampala en la que acogieron a varios niños y niñas huérfanos que vivían en la calle. Con mucho esfuerzo, ilusión y cariño, y con ayuda de dos buenos profesionales ugandeses de arte dramático, inculcaron en los chavales el interés por actuar en un escenario y organizaron la troupe Natumayini ("esperanza", en lengua suahili), un grupo de 30 chicos y chicas que cantan y bailan danzas tradicionales de Uganda. Con el paso del tiempo han ido ganando en profesionalidad, calidad artística y desde hace cuatro años viene a España dos veces al año para realizar una gira con la que recaudan fondos para pagar los gastos de dar cobijo, alimentar y enviar a escuelas de calidad a los chicos y chicas que con ellos han encontrado un futuro mejor. Para dar sostenibilidad a esta iniciativa se constituyeron en ONG con personalidad jurídica (http://www.musicaparasalvarvidas.com/), que desarrolla un programa de apadrinamientos que funciona con gran eficiencia.

He tenido la suerte de conocerlos en Uganda y cada vez que vienen a España intento ir a verlo al menos una o dos veces. Sus actuaciones son de una gran calidad artística y transmiten el colorido, frescura y la alegría que sólo África ofrece. Algunos de ellos, ya mayores, han terminado ya la enseñanza secundaria y están orgullosos de haber comenzado estudios de música o de arte dramático en alguna universidad de Uganda. Viéndolos después de varios años, nadie pensaría que los que ahora cantan con fuerza y exhiben sus cualidades artísticas hace no muchos años dormían en la calle o eran carne de delincuencia juvenil en algún suburbio miserable de Kampala.

La troupe Natumayini actuará en el Palau de la Musica de Barcelona este domingo 27 de diciembre a las 19:00 horas. Si tienen ocasión, no se lo pierdan. Les aseguro que les encantará.

Día de mercado previo a la Navidad. Marido y mujer acaban de comprar varias gallinas que, a falta de un lugar mejor donde transportarlas, van colgadas del manillar de la bicicleta con la que vuelven contentos a su aldea. A la espalda de la madre, un bebé duerme tranquilo arrullado por el traqueteo del armazón que de vez en cuando golpea sobre algún bache traicionero. Si la familia y el sentido comunitario de la existencia son el corazón de la identidad africana, se me ocurre que la bicicleta debería ser uno de los símbolos más expresivos de la realidad de este continente que a pesar de todo siempre termina por ir adelante, a pesar de averías, de baches y de recodos inciertos, porque en pocas actividades como el pedaleo están tan juntos los miembros del mismo hogar.

Los vemos de espaldas y no podemos ver sus rostros, pero estoy seguro de que van felices y sonríen. Han gastado sus pocos ahorros en un vestido nuevo de colores para la mamá y unas gallinas para compartir una comida de rumbo el día de Navidad. Tal vez vendan algunas de ellas o a lo mejor las repartirán entre hermanos, primos o padres ancianos. No sería extraño que alguna de ellas fuera llevada en solemne procesión al ritmo del tambor durante el momento del ofertorio hasta el altar como ofrenda al Dios que se hizo niño viniendo a un mundo por la puerta de la pobreza y la incertidumbre, al que los africanos entienden muy bien porque nació y vivió como ellos. Leer más

Una de las imágenes de la Navidad en el norte de Uganda que no se me borrará nunca de la cabeza es la de los corrillos de campesinos acudiendo ese día, muy de mañana, a la sombra de alguno de los árboles donde antes del amanecer dos de sus vecinos habían sacrificado una vaca –más bien entrada en años– o una cabra. Una vez cortada en varios trozos la res y dispuestos éstos en mostradores hechos de hojas de árboles, comenzaba la venta con la ayuda de una vieja báscula de pesas. Había que hacerlo deprisa, antes de que el sol calentara demasiado fuerte, mientras un par de personas con ramajes espantaban las moscas para que no molestaran el improvisado mercadillo.

En el corrillo había hombres y mujeres que se afanaban por sacar del bolsillo las monedas cuidadosamente ahorradas durante meses para hacer la gran compra navideña, consistente por lo general en un kilo de carne, aunque no era infrecuente que tras contar cuidadosamente las monedas y poner cara de resignación el gasto se redujera a medio kilo. Cada compra era precedida por un regateo entre el comprador y el ganadero, con un tira y afloja sobre no me pongas huesos por favor, ese trozo tiene mucha grasa, sí pero entonces te tengo que poner un poco de intestino, y si quieres sólo carne sin hueso entonces págame 300 chelines más, etcétera, etcétera. Leer más

Está a punto de concluir la cumbre de Copenhague. Todo parece indicar que no se van a alcanzar acuerdos que arreglen el estropicio del cambio climático creado por las emisiones de gases que son el producto del desenfreno de los países ricos. Mirando estos días el telediario se me ocurría que lo mejor que se podría haber hecho varias semanas antes de la cumbre es meter en un avión a los jefes de Estado del mundo superdesarrollado, llevarlos a una aldea del norte de Uganda o de Kenia, o de Chad, y dejarlos allí durante un mes para que se dieran cuenta de lo que quiere decir comer una vez al día y caminar cinco kilómetros de ida y otros tantos de vuelta para recoger un bidón de agua turbia para beber, lavarse y cocinar. Aunque, bien mirado, bastante desgracia tiene la gente de esos parajes con vivir en la pobreza para encima tener que aguantar a una cuadrilla de ese calibre.

No me cansaré de corroborar algo que se ha dicho repetidas veces pero que no parece mover a la acción para cambiar las cosas: que África es el continente que menos contribuye al calentamiento global, pero es el que más paga sus consecuencias. Todos los países africanos sólo son responsables de apenas un 3% de las emisiones de dióxido de carbono del mundo, según datos del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Un africano produce 0,3 toneladas por persona al año, mientras que por ejemplo un estadounidense emite 20. Pero está claro que a un norteamericano –o a un español– el cambio climático no le supone tener que comer sólo una vez al día o quedarse sin agua potable. Leer más

Que en África el fútbol desata pasiones como en ningún otro lugar es algo más que una frase hecha. Recuerdo un sábado de 2007 en que llevé mi coche a lavar en una esquina de Kampala. Las Grullas de Uganda disputaban un partido clasificatorio con Níger para la Copa de África de las Naciones. El equipo anfitrión, que siempre ha sido bastante flojito, marcó un gol –yo creo que más bien de chiripa– que le dio la victoria y en cuestión de pocos minutos las calles de Kampala se convirtieron en un hervidero de gente que desbordó su alegría incontenible bailando al son de tambores, agitando banderas y ramas de árboles mientras cantaban y gritaban exultantes. Los tres jóvenes que estaban lavando mi coche iniciaron una frenética danza alrededor del Toyota agitando sus mangueras por encima de sus cabezas y de paso dándonos una buena ducha que los clientes recibimos primero con estoicismo hasta que no tuvimos más remedio que unirnos a ellos y gritar hasta desgañitarnos que Uganda tenía el mejor equipo del mundo, faltaría más. Leer más

A mí, desde luego, me han servido de mucho. Me alegraré si pueden servir a cualquier persona que viaje a África por primera vez o que viva allí. Buena lectura.
  • 1) La vida en África va a un ritmo muy diferente del europeo. Intenta tomarte las cosas con más calma, yendo más despacio, y no hagas planes demasiado cargados. Además, ten en cuenta que pueden suceder mil imprevistos y hay que adaptarse a cómo surjan las cosas sin perder la serenidad. En África, la prisa suele interpretarse como arrogancia. Cuando te encuentres con gente que está comiendo y te invitan a sentarte con ellos, acepta aunque ya hayas comido.
  • 2) La preparación de un viaje es esencial antes de llegar al terreno y demuestra que nos tomamos los problemas de la gente en serio. Conviene leer y documentarse para tener una idea de dónde aterrizamos. Es el primer paso para evitar la superficialidad que se puede colar en muchos proyectos de cooperación internacional. Leer más
Condenar a los homosexuales a la pena de muerte. Esta ha sido la propuesta del diputado ugandés David Batí hace pocas semanas, durante un debate parlamentario para decidir sobre la futura ley que endurecerá las penas contra los homosexuales. Su propuesta encontró un amplio eco en la Cámara y aunque no es probable que llegue a convertirse en ley, la nueva normativa establecerá, con toda probabilidad,  penas muy duras. A los pocos días, en la vecina Kenia el Gobierno anunciaba que iba a lanzar un censo para establecer el número de hombres gays en el país, algo que ha justificado como parte de los esfuerzos para detener la propagación del sida. Así anda el patio por muchos países africanos por lo que se refiere a este tema. Recuerdo que hace dos años el arzobispo sudafricano Desmond Tutu, una de las figuras que hablan siempre sin pelos en la lengua, se preguntaba por qué las sociedades africanas, y en particular las Iglesias, estaban tan obsesionadas con la homosexualidad.

Bajo el código penal de Kenia, una reliquia del Gobierno colonial británico, los actos homosexuales son punibles con hasta 14 años de cárcel. Las organizaciones de gays y lesbianas llevan mucho tiempo quejándose de que la ley y la homofobia generalizada dificultan el acceso a los tratamientos y prevención del sida. Dadas las leyes y el estigma adscrito a la homosexualidad –el reciente matrimonio de dos hombres de Kenia en el Reino Unido ha dado lugar a una cobertura mediática poco favorecedora y a amenazas a sus familias–, es difícil que los resultados del estudio sean muy precisos, ya que no es probable que ningún homosexual se preste a declarar públicamente su inclinación sexual sabiendo que le podría acarrear consecuencias negativas. Leer más

Durante estos días han tenido lugar importantes actos conmemorativos para recordar el 20 aniversario de la caída del Muro de Berlín. Hemos escuchado muchas voces que nos han recordado las consecuencias que tuvo para cambiar el escenario político en diversos lugares del mundo. Me ha llamado la atención que apenas se haya mencionado nada sobre las consecuencias que este acontecimiento tuvo para África. Sin embargo, las tuvo, y de una gran transcendencia.

Desde los años 60, cuando la mayoría de los países africanos alcanzaron su independencia, la Unión Soviética y Estados Unidos usaron África como un gran tablero de ajedrez en el que disputarse zonas de influencia. Entre los países que adoptaron regímenes comunistas se contaron: Angola, Mozambique, Etiopía, Congo-Brazzaville y Benín, y Estados Unidos captó para su órbita a regímenes dictatoriales como los de Mobutu (foto) en Zaire –hoy República Democrática del Congo–, Arap Moi en Kenia, Hissene Habré en Chad y Samuel Doe en Liberia. Estados Unidos ayudó también a guerrillas anticomunistas, como la UNITA, y durante bastantes años sostuvo asimismo al régimen del apartheid en Sudáfrica, que hizo del anticomunismo su bandera para justificar su política de segregación racial. Es curioso que algunos países africanos pasaron de una influencia a otra, como fue el caso de Somalia durante el tiempo de Siad Barre, primero firme aliado de la Unión Soviética y más tarde de Estados Unidos, quien usó la posición estratégica de Somalia para marcar de cerca a la vecina Etiopía, en aquellos años bajo un sistema comunista.

Con el fin de la guerra fría, el panorama cambió radicalmente. Las tropas cubanas se retiraron de Angola, el régimen comunista de Menghistu en Etiopía cayó en 1990, y en Mozambique el régimen del FRELIMO abandonó su retórica marxista y firmó la paz con la RENAMO en 1992. En definitiva, los regímenes comunistas en África vieron que no tenían futuro.

El cambio más significativo fue el fin de los regímenes de partido único en África, muchos de los cuales estaban apadrinados por estados de la Europa del Este. Durante la década de los 90 se introdujeron en muchos países africanos regímenes multipartidistas, y los países occidentales empezaron a poner condiciones, como sistemas democráticos y buen gobierno, para poder seguir con sus programas de ayudas. En algunos casos estos cambios cuajaron bien y tuvieron éxito, como en Benín. En otros casos los cambios fueron superficiales y cosméticos, como en Kenia y Togo. Seguramente el cambio positivo más significativo que se dio en África fue la caída del régimen del apartheid en Sudáfrica y las primeras elecciones libres y no raciales, en 1994.

Pero en muchos casos las ilusiones por una democracia real en África se apagaron pronto. En Burundi, tras las primeras elecciones multipartidistas, su presidente Melchior Ndadaye –un hutu– fue asesinado por el Ejército, de mayoría tutsi, en 1993, y este fue el comienzo de una guerra que duraría diez años. Y en la vecina Ruanda, con el genocidio de 1994 se inició una tragedia sin precedentes, que se extendería a la vecina República Democrática del Congo, donde de 1996 a 2003 hubo dos guerras que se saldaron con cuatro millones de muertos.

Tras la caída del Muro de Berlín, en África la década de los 90 fue pródiga en conflictos armados dominados por la entrada en escena de los señores de la guerra. Ya no se trataba de guerras luchadas por motivos ideológicos, sino por el control de valiosos recursos naturales. Los países que las sufrieron más fueron –además de los de los Grandes Lagos– Sudán, Costa de Marfil, Liberia y Sierra Leona.

Como se ha recordado también durante estos días, en el mundo siguen presentes otros muros. En África hay por lo menos dos de ellos. Para evitar la entrada masiva de inmigrantes africanos, España decidió construir a finales del siglo XX dos barreras físicas en Ceuta y Melilla. Estas ciudades españolas en el norte del continente africano son la entrada más directa a Europa desde África, y para evitar la inmigración ilegal se han levantado barreras de hasta seis metros, cámaras infrarrojas, difusores de gases lacrimógenos y un laberinto de cables trenzados. Y no podemos olvidar que, después de la Muralla China, el del Sáhara Occidental (foto), en el noroeste de África, es el segundo muro más largo del mundo, con más de 1.600 kilómetros. Se trata de una barrera de arena, alambres de espino y minas construida en los años 80 por Marruecos, quien se disputa la soberanía sobre el territorio con sus pobladores originales, los saharauis.

"La imagen que más me impacta de África hoy día es ver a una mujer en un poblado con los pechos al aire machacando el grano con un mortero y con el teléfono móvil colgado al cuello". Así de claro lo dijo el misionero javeriano Chema Caballero el pasado 5 de noviembre durante la presentación de la campaña "África cuestión de vida, cuestión debida", organizada por Redes, una coordinadora de 52 ONG ligadas a instituciones religiosas que tienen largos años de experiencia en el continente africano. Está previsto que esta ambiciosa acción dure tres años.

Chema Caballero, que durante los peores años de la guerra de Sierra Leona trabajó en la rehabilitación de niños soldados, trabaja desde 2004 en la educación de los niños y jóvenes de Madina, una zona del norte del país que es la más atrasada y aislada y que en aquel año apenas tenía un 10% de sus niños escolarizados. "Allí la educación es un privilegio y los pocos que terminan no encuentran trabajo y por eso sueñan con emigrar", explica Chema. Sierra Leona fue durante muchos años el país más pobre del mundo, según datos de Naciones Unidas. Actualmente está considerado el tercero más pobre, a pesar de las ayudas, un tema que la campaña de Redes quiere destacar, exigiendo que se pase de las palabras a los hechos. "Yo llevo en Sierra Leona 18 años. Se han recibido y se siguen recibiendo muchas ayudas, pero cada vez veo a la gente más pobre, a pesar de que el país exporta diamantes y coltán", aseguró el misionero, quien puso este ejemplo: "Durante el último año el precio del arroz, alimento básico de la población, se ha cuadruplicado, y esto significa que si antes un maestro podía comprar un saco de arroz con el salario de un mes ahora necesita el salario de cuatro meses".

Me llamó la atención cómo ilustró las meteduras de pata que bastantes ONG (no todas, por fortuna) hacen en África. Chema Caballero puso como ejemplo las campañas de sensibilización sobre la mutilación genital femenina que algunas agencias internacionales realizan en Sierra Leona: "Piden que se forme un comité formado por diez hombres y diez mujeres, a cada uno de los cuales dan una dieta. Como no conocen a la gente, llega entonces el jefe de la aldea y se pone él como presidente del comité, en el que mete a toda su familia. Al final hacen el informe y sacan cientos de fotos para justificar el proyecto, pero al día siguiente todos vuelven al bosque a mutilar a las niñas porque nada ha cambiado". Según Chema Caballero, la diferencia clara entre organizaciones así y los misioneros es que estos últimos, al llevar sobre el terreno muchos años y hablar la lengua, sí conocen a la gente y pueden realizar acciones a su ritmo y contando con ellos.

Esta anécdota me recordó bastante a lo que yo mismo he visto en el norte de Uganda durante los últimos años. Durante siglos, la gente ha practicado rituales de reconciliación gracias a los cuales se ha podido reintegrar a todos los que han cometidos ofensas contra la comunidad. Pero desde que el tema de la construcción de paz se puso de moda entre las ONG, muchas de ellas reparten dinero entre la gente para que organicen estas ceremonias. El resultado es que ahora ningún clan organiza un ritual tradicional sin acudir a una ONG para que les dé dinero, y así se borra una tradición ancestral por obra y gracia de un plan pensado desde un despacho en Europa sin tener en cuenta la realidad sobre el terreno. Sin negar que hay ONG serias que llevan a la práctica buenos proyectos con competencia, no faltan las que actúan con una gran superficialidad, más preocupadas por quedar bien delante de sus donantes que por el bien de la gente.

Así que no me extraña que a pesar del mucho dinero que se vierte en África las cosas no vayan a mejor. En cuanto a las ayudas oficiales, resulta bastante cínico que con una mano se destinen grandes partidas a la cooperación oficial, y con otra se quite a África oportunidades de obtener ingresos por medio de un comercio justo.

Bienvenida sea la campaña de Redes. Durante los tres próximos años vamos a tener muchas oportunidades de entender mejor por qué las cosas no mejoran en África y de participar en acciones que hagan posible cambios de política de cooperación en la dirección adecuada.

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