miércoles, 24 de octubre de 2007 15:29
José Carlos Rodríguez
En cuestiones como el clima también hay clases
Mientras apuro mis últimos días de vacaciones en España antes de volver a Uganda, me han llamado la atención dos noticias aparecidas recientemente en los medios de comunicación españoles, y que no puedo dejar de relacionar con la situación que padecen medio millón de personas en el norte y este de Uganda, a consecuencia de las terribles inundaciones que asolan una buena parte de países del centro y del este de África.
Desde hace varios días veo en los telediarios imágenes de los voraces incendios que asolan California. Sin negar que cualquier persona que padece una desgracia en cualquier parte del mundo merece compasión y ayuda, en este caso me quedo con la impresión de que también en lo que se refiere a desastres naturales sigue habiendo clases.
Estados Unidos tiene medios de sobra para dar a conocer a los medios de comunicación lo que ocurre en su territorio y, por supuesto, tiene dinero más que de sobra para ayudar a los damnificados, entre los que --por cierto-- se encuentran multimillonarios actores de Hollywood y estudiantes universitarios.
No es muy probable que un país pobre como Uganda (y otros países africanos que sufren la misma tragedia) puedan hacer lo mismo. Los cientos de miles de personas que han perdido sus casas y todas sus pertenencias a causa de las lluvias torrenciales viven en lugares donde no suelen ir cámaras de televisión que transmitan la noticia para que las vea el resto del mundo.
Y esto me lleva a la segunda consideración, que quisiera hacer de manera directa al líder del Partido Popular. Señor Rajoy, para convencernos de que el cambio climático es un tema gravísimo no hace falta especular (con o sin primo físico) sobre qué tiempo hará dentro de 300 años ni sobre qué temperatura hará mañana en Sevilla. Basta con coger un avión y trasladarse en pocas horas a países como Uganda, Togo, Níger o Benin, y ver cómo las barbaridades anti-ecológicas que hacemos en los países ricos han traído ya consecuencias nefastas para millones de seres humanos pobres, cuyas vidas se hunden aun más en la miseria sin ni siquiera tener el consuelo de que el resto del mundo verá imágenes sobre cómo lo están pasando al vivir en el más completo aislamiento y desamparo por efecto de lluvias nunca hasta ahora conocidas.