Kibati IINo digo nada nuevo si digo que Kivu es un lugar invisible en el mundo, que sólo destacaba hace unas semanas debido a que algún columnista empeñado en minimizar la salvajada de Gaza hacía mención al drama de la RD de Congo, increpando a quienes en su momento se manifestaron contra los ataques a la población palestina y urgiéndoles a que hicieran lo propio ante esta catástrofe o la de Darfur.

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Nuestros artistas han tenido que suspender su gira de espectáculos dirigida a niños y niñas en los campos de refugiados palestinos del Líbano. Las muertes ocasionadas por el estado israelí en la Franja de Gaza están conmocionando a las comunidades palestinas, y generan una situación de dolor profundo. Como es lógico nuestro trabajo no surte el efecto deseado en momentos tan ominosos. Es tiempo de quedarse quietos, tristes y reflexionar. ¿Protestar? Si, quizá también, o al menos mostrar nuestra tristeza ante tanta imbecilidad y salvajismo, pero sobretodo reflexionar, porque a fin de cuentas todos somos la misma gente. Leer más

Hace un año me encontraba cabizbajo y triste ante las ruinas del campo de refugiados palestinos de Nahr el Bared. Algunas partes del campo habían quedado totalmente arrasadas y sus estructuras fantasmagóricas me recordaban el significado de la violencia extrema: la guerra. Las hipótesis que me explicaban algunos libaneses eran tan descabelladas como la realidad que contemplaba, o al menos me lo parecían, y por eso ni las cuento. Las acciones terroristas de radicales de una organización extremista atrincherada en el campo llamada Fatah al Islam, habían sido la causa de la reacción furibunda del ejército libanés. Leer más

Hace ya algún tiempo en alguno de los posts relacionados con nuestras actividades en Palestina una lectora nos había criticado por no regalar nuestro trabajo a la población israelí. Recientemente hemos podido restañar esta herida y demostrar que nuestra alegría está dirigida a todos los niños y niñas que sufren las consecuencias de los conflictos de los adultos, independientemente de cual sea el lado de la frontera en el que hayan nacido.

 Por lo común los conflictos potencian la ceguera en los bandos enfrentados de modo que las gentes se radicalizan y justifican los crímenes cometidos por sus fuerzas brutas. Ignoran o criminalizan al vecino de una forma asombrosa. Cada sociedad tiene a su porcentaje de delincuentes vocacionales despiadados que gozan avivando el fuego de la confrontación. Son una minoría pero sus actos abominables sacuden con fuerza a los tejidos civiles de tal modo que siempre es complicado encontrar un camino hacia el final del conflicto.

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Pere BigasOigo el clarinete de Luismi por teléfono y se me pone la piel de gallina. Allí están nuestros payasos increíbles. Y es que en una localidad cercana a Lipjan hacía años que niños serbios y albaneses no compartían nada, hasta hace 24 horas, momento en el cual un grupo de payasos los ha aglutinado para que fundan sus risas.
No sabré decirlo con las palabras exactas, pero Joan Maragall decía que siempre prefería las palabras a los actos, porque las palabras permiten una mayor libertad y por lo tanto facilitan el acto poético, sin embargo humildemente yo creo (y le tengo un respeto enorme al poeta) que no es exacto, porque los payasos consiguen trasladar la poesía a la acción con unos resultados maravillosos, que ninguna agrupación de palabras conseguiría jamás. Leer más

Hace unos meses, creo que a finales del año pasado, algunas voces empezaron a anunciar el inminente retorno del grueso de iraquís refugiados en Siria a Irak. Paralelamente, se producía un refuerzo importante en el contingente militar estadounidense y un cese de actividad relevante por parte de las milicias de Moqtada al-Sadr. En aquel momento los retornos se produjeron no por el alcance de la estabilidad definitiva y la calma en Irak, sino debido a la vuelta de algunos iraquís cuya extrema precariedad les impedía asentarse en Siria al tiempo que aceptaban una pequeña retribución económica por intentar volver a sus casas sin verdaderas garantías, como de hecho se ha podido comprobar. Leer más
Dentro de un par de días salen nuestros payasos burgaleses Javier Rey y Javier Ariza de Teatro La Sonrisa a Kosovo-Kosova. El sueño de estos payasos sin fronteras incondicionales y curtidos en cien mil carcajadas es el de hacer reír a todos los niños y niñas de las diferentes localidades de este territorio; albaneses, serbios, gitanos, bosnios, turcos... En realidad, intentamos apoyar a aquellos niños y niñas que viven la anomalía de la segregación étnica. Al norte de Mitrovica encontramos a albaneses aislados, al sur de Mitrovica encontramos a serbios en la misma situación, así como núcleos de población de diversas etnias que también sufren la tensión entre comunidades. Leer más

Camión. Cerca del barrio de Madjedje, en Nampula (Mozambique), se encuentra frecuentemente aparcado en una plazoleta un camión IFA, sin caja, que por lo visto es aprovechado por alguien para comercializar leña.

Cada día, mientras me acercaba a la sala de ensayo de los payasos de Casa Velha emplazada en aquellos andurriales y contemplaba aquel vehículo originario de la Alemania del Este, reflexionaba sobre el enorme cambio que había vivido aquel país y, de paso, caía en la cuenta de que era el mundo el que había cambiado de forma sorprendente con la caída del muro, con la perestroika, la glasnost, el fin de la historia de Fukuyama (quiero decir de la suya) y todo ese vórtice insaciable de hechos y deshechos. Todo ese huracán de realidades y ficciones catequéticas que hemos visto deshacerse y recomponerse truculentamente en 30 años.

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Cuando estuve en Cisjordania volví a mi casa perplejo, sin poder entender aquel mundo en el cual gente idéntica vivía en la ficción de dos Estados distintos, de dos religiones enfrentadas. Uno poderoso, humillando y aplastando al otro, sometido. Una red de carreteras para cada pueblo, vehículos que pueden circular en zonas delimitadas y otros que no, matrículas distintas, controles militares en todas partes, el agua dividida, gente viviendo encerrada en asentamientos fortificados. Una estructura mezquina pensada a favor del poderoso.

Volví empachado de una violencia omnipresente, cotidiana y familiar. En cualquier acto o cosa se había instalado la ignominia. De regreso a Europa todo volvió a la normalidad (a la nuestra), aunque no pasó inadvertida para mí la cuestión de que ante los hechos infames que se producen en Palestina cada minuto las posturas europeas tenían una gran carga de contradicción, estulticia e hipocresía.

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Cris y Claudio hicieron un trabajo maravilloso en Douma -- Damasco, con los artistas iraquíes, con los trabajadores sociales y con las niñas refugiadas y niños refugiados procedentes del desastre humano de Irak. Cuando volvían les pedí que me explicaran sensaciones, flases, porque nuestra actividad se fundamenta en las emociones, en esa comunicación que intento en vano  reflejar por escrito de vez en cuando.

Aún me emociono cuando leo los diarios de Claudio y de Cris, porqué pienso que hemos conseguido "suministrar" un poquito de felicidad a gente que ahora mismo está inmersa en el sufrimiento por su situación presente y por los horrores del pasado. Al margen de las experiencias en el trabajo concreto me sorprenden con unas cuantas anécdotas tangenciales.

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Una necesidad inherente a cualquier actividad humanitaria o de cooperación para el desarrollo, y casi me atrevería a decir que a cualquier actividad humana, es la de medir los resultados de las acciones que se llevan a cabo. Para ello, se han diseñado todo tipo de herramientas de gran precisión en las que por ejemplo tenemos matrices de planificación que supuestamente posibilitan, siempre y cuando haya interés, saber el grado de éxito de un proyecto determinado.

A nuestra organización, que sencillamente propugna difundir la risa y regalarla a  niñas y niños que por las circunstancias que sea experimentan mayor sufrimiento, partiendo del supuesto de que la risa beneficia sicológicamente al 'sapiens sapiens' actual, nos ha costado encontrar indicadores y fuentes de verificación que demuestren el impacto de la risa. Finalmente, Claret Papiol, uno de los analistas mas brillantes del fenómeno de la risa encontró la fórmula del fenómeno, hecho que podría ayudarnos a hallar indicadores perfectos.

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El hecho de que el público vea a una mujer actuando de payasa ya produce un shock importante. En determinados lugares del mundo puede resultar revelador, generar un estímulo mental, originar preguntas quizá sin una respuesta inmediata pero con una carga de profundidad importante. Inés de Asaco me explicaba que ella había vivido esta sensación en Pisco. La aparición de una payasa sorprendía a los espectadores, pero principalmente a las espectadoras. Cristina de Kamchatka, en Douma, cerca de Damasco, me contaba que las mujeres reían de una forma mucho más fresca y generosa cuando la veían a ella actuar. Entre las volutas de sorpresa y alegría se tejía una cierta complicidad entre mujeres. Leer más

Íbamos de camino al "Puente Lejano" y cerca de Arnheim nos paramos a contemplar un molino. Amin me preguntó si quería hacerme una foto con el molino detrás y acepté. Me senté en la barra del cuadro de la bicicleta con tanta mala fortuna que caí de espaldas y al final de mi trayecto hacia el suelo se me clavó el manillar en las costillas. El dolor era punzante pero Amin apostó por un extraño tipo de analgésico "Serás el primer cooperante que cae en un curso de preparación para primeras salidas. No te preocupes, te envolverán en la bandera de la organización". Empezamos a reírnos como locos y yo no sabía como soportar el dolor de la costilla fisurada en medio de tanta risa. Me acordaba de una ocasión en la que fui a visitar a un amigo recién operado y le hice reír tanto que provoqué que se le abriera la herida de la operación y que me echaran de la habitación.
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Denguito gritaba como un poseso "no puedo, no puedo, tengo miedo, no puedo subir..." Y el resto de los Mortimers intentaban consolarlo a la vez que lograban convencerlo de que el miedo es una reacción humana muy común y hasta necesaria. Finalmente, Denguito hizo de tripas corazón y se subió al rulo. Los espectadores aplaudieron entusiasmados. Era una victoria colectiva contra el miedo a las réplicas que se producían después del sismo de agosto.

Esto sucedía en San Clemente, en Pisco. Tres semanas antes, en agosto del presente año, un terremoto había provocado la muerte a más de 500 personas en esta zona del Perú. Médicos Sin Fronteras, como en otras ocasiones y ante otras catástrofes, nos invitó a participar en la emergencia dentro del contexto de las actividades de apoyo psicológico a las víctimas del terremoto. Una vez superada la fase de rescate de víctimas, en la segunda mitad de la fase de apoyo en necesidades básicas aparecían los payasos e iniciaban una larga gira por toda la zona afectada.

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Damasco

Sentados Consuelo y yo en la recepción del Centro de Registro de Douma, en la periferia de Damasco, y mientras esperábamos a que nuestro contacto en ACNUR volviera, contemplábamos la entrada de grupos de iraquís que llegaban en oleadas a inscribirse y a obtener su estatus de refugiado. Una mujer totalmente vestida de negro, probablemente viuda y con cinco niños, entraba en aquel momento con la cara pálida y visiblemente agotada al centro. Había culminado un largo proceso de espera y angustia hasta llegar allí.

No hacía muchos días que en los alrededores se habían producido algunos tumultos. La presión social y económica ejercida por dos millones de personas llegadas desde Irak empezaba a notarse en forma de inflación y colapso en los servicios educativos, sociales y de salud. A pesar de pertenecer al llamado "eje del mal", Siria era el único país de la región que abría sus puertas desde hacia meses sin condiciones al éxodo iraquí provocado por la guerra originada a causa de ciertas "armas de destrucción masiva". Sin entrar en calificaciones sobre regímenes el gran peso del enorme flujo migratorio se lo llevaba Siria, y todo tiene un límite. Hacía unos días que el gobierno había decidido exigir visados a los refugiados y ello había producido un movimiento repentino que colapsaba las estructuras de ACNUR. Leer más

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