jueves, 14 de febrero de 2008 12:08
Carles Requena
El “risómetro” o indicadores de la risa

Una necesidad inherente a cualquier actividad humanitaria o de cooperación para el desarrollo, y casi me atrevería a decir que a cualquier actividad humana, es la de medir los resultados de las acciones que se llevan a cabo. Para ello, se han diseñado todo tipo de herramientas de gran precisión en las que por ejemplo tenemos matrices de planificación que supuestamente posibilitan, siempre y cuando haya interés, saber el grado de éxito de un proyecto determinado.
A nuestra organización, que sencillamente propugna difundir la risa y regalarla a niñas y niños que por las circunstancias que sea experimentan mayor sufrimiento, partiendo del supuesto de que la risa beneficia sicológicamente al 'sapiens sapiens' actual, nos ha costado encontrar indicadores y fuentes de verificación que demuestren el impacto de la risa. Finalmente, Claret Papiol, uno de los analistas mas brillantes del fenómeno de la risa encontró la fórmula del fenómeno, hecho que podría ayudarnos a hallar indicadores perfectos.
Claret habla de una fórmula de tal precisión que "no deja ninguna posibilidad a la duda: si al aplicarla les da positivo ustedes ríanse. Si les da negativo, por mucha risa que les de algo, ustedes manténganse escépticos, y si su reacción no es la misma que la de su vecino, no le copien, quizá es él quien está equivocado.
Reír = F . A . (C y E) + I
Es decir; Reír es una falta de armonía entre causa y efecto más el factor imprevisible. El porqué de cada paso en esta fórmula y cómo hemos llegado a ella comprenderán que no lo publiquemos por razones de seguridad internacional ya que podría provocar una serie de explosiones de risa en cadena y afectar el sistema de equilibrio mundial, basado en el miedo y el dolor."
Claret, posiblemente, ha descubierto la puerta que nos ayudará a encontrar financiación a partir de nuestro origen más claro y genuino, y en un volumen más relevante, para seguir haciendo reír a la infancia de diferentes partes del planeta (probablemente también a los financiadores mismos), aunque no deja de resultar paradójico que en determinados casos sea preciso dar determinadas explicaciones y elaborar métodos sofisticados para medir lo que resulta evidente.
Sea como sea, enfrentarse a determinados entes mitológicos suele ser una batalla perdida. Los humanos necesitamos medirlo todo, incluso medir la pertinencia de las mismas mediciones, aunque con frecuencia dependiendo del interés las mediciones sufren mutaciones o caen en la oscuridad del lado más improductivo de la archivística.
Es de tal dimensión la paradoja que, por ejemplo, la especie humana inventó un método para contabilizar transacciones de forma rigurosa que originó las primeras escrituras cuneiformes. Hoy, la humanidad goza de una riqueza enorme en especialistas en contabilidad y economía, macro o micro. Sin embargo, en las contabilidades de nuestro mundo se perdió un detalle; inventariar desde un inicio el patrimonio existente en el planeta para poder comparar balances globales.
Así pues, hoy en día, momento en el que la palabra crecimiento se ha convertido en un adminículo lingüístico tan imprescindible como los móviles (incluso en nuestras entidades sin ánimo de lucro crecer es obligatorio), todo crece excepto la riqueza patrimonial planetaria. Ante tal panorama a nosotros no nos queda otro remedio que, con o sin indicadores apropiados, seguir luchando por acrecentar la Risa Interior Bruta allí donde vayamos.