Jóvenes del Sáhara
Algo realmente triste y doloroso es contemplar la existencia de las diásporas y a sus víctimas. Trabajar con poblaciones en esta situación no sólo es complejo, también genera una inquietud profunda y una enorme perplejidad. Nuestra especie mantiene a agrupaciones humanas desterradas de forma crónica. Ni la comunidad internacional, ni los organismos de Naciones Unidas, ni los estados "abanderados" en la defensa de los derechos humanos, ni los implicados en los conflictos son capaces de tomarse en serio este tipo de tragedias. Si uno observa a las víctimas y cae en la cuenta de que son de la misma materia que los verdugos tiene que agarrarse a alguna parte para no perder pie. Si algun día triunfara el cosmopolitismo sincero nos despertaríamos preguntándonos la razón por la cual permanencen en ninguna parte tantos miles de personas. Nuestra especie genera divisiones y subdivisiones de si misma para justificar la depredación y el parasitismo, es una forma de auto-amputación arbitraria la que ejerce el poder humano en la Tierra.

Jorge y Violeta, de Viruta y Sudor, un dúo de clowns patagónicos, hace unos días que volvieron de Tinduf con sus Títeres de Paz después de una intensa gira en la que incorporaron talleres destinados a reforzar los recursos de las animadoras sociales. Nos cuentan que "las caras y las miradas de los niños nos hacían olvidar por un momento el desierto y la situación de injusticia que nos rodeaba". Quizá para los que entendemos lo humano de una forma concreta todo el mundo es una cosa imposible, pero Tinduf es uno de los lugares paradigmáticos en cuanto a imposibilidad de transitar hacia alguna parte de lo humano. No es ni uno de esos desiertos con dunas doradas, ni ese desierto que antiguamente podía ser camino hacia la libertad y el nomadismo, sólo es una parcela cercada política y miltarmente con un polvo muy fino que junto al viento erosiona la confianza en uno mismo. Allí parece que en balde los cooperantes buscamos depositar nuestro grano de arena, ese grano que acumulado con muchos otros tiene que posibilitar alguna recuperación en la torturada autoestima de este pueblo. Luego volvemos con nuestro raciocinio lleno de arena y con su ingeniería y sus engranajes atascados por el polvo.

Como el palestino, el pueblo saharaui es conducido paulatinamente hacia el cansancio y la destrucción. De vez en cuando alguien hace un esfuerzo y señala hacia allí. De vez en cuando alguien recuerda que hay un asunto pendiente. Se arma un poco de ruido pero sólo un poco. Mientras el joven saharaui va olvidando ya casi su origen y tan sólo desea que su vida deje de estar reducida a un cosmos tan despiadadamente yermo. Son refugiados que yacen olvidados en La Luna, y a los que quizá no les falta de nada pero les falta de todo. Casi se puede aplicar aquel chiste cubano contra la desesperanza que cuenta de aquella tierra que "no hay desempleo pero nadie trabaja. Nadie trabaja pero todo el mundo tiene de todo. Todos tienen de todo, pero nadie tiene de nada". En realidad todo sigue siendo necesario para ellos, y la autoestima es imprescindible para una gente a la que se le niega su futuro, su posibilidad de soñar en serio, su derecho a formar parte de la humanidad.

Allí donde vamos siempre nos espera lo incomprensible. En Colombia, en la exYugoslavia, en Costa de Marfil, en Sierra Leona, en Líbano... Nos enfrentamos a la parte mas terrible de nuestros impulsos humanos nariz en mano y frecuentemente volvemos con las mismas preguntas, pero creo que en casos como el saharaui o el palestino existe un componente irracional mucho mayor. La furia del enfrentamiento étnico, político, cultural, religioso que acaba en un destierro feroz y a la vez aceptado por toda la comunidad internacional no deja de ser abismalmente desesperanzador. ¿Qué podemos esperar de nosotros mismos si convivimos con estas barbaridades?

Violeta y Jorge nos escriben desde ese desierto desertizado "Cada día tiene lo suyo, a veces trae luz y armonía y otras oscuridad y confusión. Así es hoy, aunque el sol quema las pupilas y la arena arde bajo los pies, la realidad escapa a nuestros planes. O quizás somos nosotros que escapamos de la realidad haciendo planes que nada tienen que ver con ella en este intento de pigmeos jugando a ser gigantes." En este caso la incongruencia, la fuente de nuestra inspiración, no nos invita a reír y será probablemente porque como decía Kierkegaard "en la raíz de lo cómico, también de lo trágico, se encuentra la discrepancia, la contradicción entre la finidad y lo infinito, entre lo eterno y lo que deviene." En este caso esta discrepancia nos conduce a lo trágico.

Nuestros artistas pocas veces se preguntan si su trabajo sirve para algo porque siempre sirve para algo por pequeño que sea, y si sirve para reír sabemos que sirve de mucho, sin embargo en el caso de los refugiados saharauis la pregunta se me antoja mas terrible ¿De que sirve nada? ¡Cuan enorme es la mentira que no es posible ni advertir su presencia más que en los momentos en los que el polvo de nuestros desiertos nos ciega!