viernes, 07 de marzo de 2008 10:58
Elva Abad
A las mujeres trabajadoras en su día
Liz Hurtado tiene 29 años, está casada y tiene una niña de 3 llamada Dana Belén. Se organiza diariamente para poder atenderla y cumplir con sus labores como regidora en la municipalidad de El Carmen.
Liz se siente bien de trabajar para su comunidad todos los días, y confiesa que su vida ha cambiado después del terremoto. “Antes llevaba una vida distinta, tenía todo programado: mis tiempos, mi trabajo, mi casa, un espacio para cada cosa. Ahora en el mismo cuarto hago todo. Como, cocino, trabajo y duermo, junto a mi esposo, hija, padre y sobrina. Mucha gente viene a tocarme la puerta de mi casa después del trabajo, y yo los atiendo con mucho gusto por la confianza que me tienen, eso hace que sienta más comprometida en buscarles solución a sus problemas”.
“Cada día salgo más temprano de mi casa para ir a ver las zonas que han sido más afectadas y ver la manera más rápida de darles solución. Pero en la mayoría de casos, ya no depende de mí, ni del municipio. Esperamos que las autoridades pertinentes aceleren los trabajos de reconstrucción para que las familias puedan comenzar a vivir mejor”.
Dina Felicia tiene 73 años, es viuda y vive con su nieta y cuatro bisnietos a quienes cuida en el Centro Poblado de Hoja Redonda.
Es presidenta de una de las 14 ollas comunes que se conformaron inmediatamente después del terremoto, las cuales atienden a un promedio de 33 familias por cada una. Todos los días se levanta tempranito, prepara el desayuno para su familia, y parte al mercado para comprar los alimentos que faltan y con los que cocinará para las 67 personas que vendrán a recoger su almuerzo al mediodía.
“La comida que hacemos es para las familias que tienen niños o para los que necesitan más. Yo hago este trabajo por vocación, yo trabajo con el corazón porqué me dan pena las criaturas y la gente que necesita. Las familias vienen a recoger su menú cada día y pagan 50 céntimos de nuevo sol ($0.172 centavos de dólar) por su almuerzo. Unos días hacemos frijoles, otros días arvejas con arroz, y algunas veces cuando tenemos algo de platita, le ponemos un pescadito frito encima para que esté más rico”.
Con estas ollas comunes, las mujeres de Hoja Redonda esperan que a los daños del terremoto no se sumen los estragos de la desnutrición.
Juana García tiene 47 años y 3 hijos, de 22, 11 y 4 años, con quienes vive en el distrito de El Carmen.
Se levanta todos los días a las 5 de la mañana, deja el almuerzo preparado para sus hijos y sale de su casa rumbo al campo a trabajar.
“En el campo trabajamos de igual a igual, las mujeres nos encargamos de segar las cañas y vamos abriendo el camino para que nuestros compañeros limpien y pase el agua”.
Ella al igual que muchas mujeres trabajadoras, encuentra valor en lo que hace porque sabe que si educa a sus hijos habrá un futuro mejor para ellos y su familia.
Celestina Llauca tiene 37 años, vive con su familia en Montesierpe, centro poblado del distrito de Humay, y junto a su madre, doña Justina, se la ingenia para salir adelante cada día. Tienen un pequeño huerto detrás de lo que quedó de su casa por el terremoto y de acuerdo a la cosecha y las pequeñas ventas, van sembrando un poco de camote, papas, uvas y maíz, los cuales les sirve para su consumo diario o para vender entre los pobladores de su comunidad.
“Sembramos para vender, a veces se gana poco, otras veces un poquito más, pero hay para comer. Si la uva se fermenta aprovechamos y hacemos vino casero…a la gente le gusta y nos compran”.
A todas las miles de mujeres representadas en los testimonios de Liz, Dina, Juana y Celestina, quienes son dignas de reconocer y admirar por su esfuerzo y tenacidad para salir adelante junto a sus familias, queremos hacerles un sentido homenaje en su día, ya que son ellas quienes inspiran nuestro trabajo.