Su nombre es Felicita Pérez Macario y tiene 29 años. Vive en el altiplano de San Marcos, en Guatemala, en la aldea Buena Vista del municipio de Ixchiguán, a 2.600 metros sobre el nivel del mar, al pie del volcán Tajumulco, el más alto de centroamérica. Es un lugar muy frío y muy duro para vivir, pero muy bonito.
Felicita Pérez es indígena mam y al igual que la mayoría de mujeres de su edad solo fue a la escuela tres años, o sea que es casi analfabeta (sólo sabe escribir su nombre, firmar y leer algunos números). Cuando era pequeña sus padres pensaron que por ser mujer no necesitaba ir más tiempo a la escuela y que para acabar cuidando de la casa y de los niños con eso sería suficiente. Su futuro, como el de otras personas de su misma procedencia, pasaba por emigrar ilegalmente a EEUU, sin embargo, el trabajo de una oenegé, Veterinarios Sin Fronteras (VSF), la ha convertido en un puntal para la supervivencia de su comunidad.
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