Denpensa familiarDesde que llegué a este país, en el año 1993, me ha tocado (por desgracia) presenciar las diferentes olas de modernidad que llegan al campo guatemalteco, siempre con promesas de un futuro mejor para las familias campesinas.

La ola acostumbra a ser parecida y de características similares cada vez:

Una empresa  x (generalmente alguna multinacional de los agroquímicos) ofrece a los campesinos de la región que en lugar de sembrar maíz y frijol (alimentos básicos de su dieta) siembren un maravilloso producto, casi siempre de importanción y ajeno a su cultura alimentaria, como por ejemplo el brócoli, los guisantes, moras, fresas, flores ornamentales, etcétera.

El paquete tecnológico ofrecido incluye semillas modificadas del nuevo producto, para que sea imposible su reproducción fuera del laboratorio, una cantidad exagerada de agroquímicos para su correcto manejo y la promesa de regresar al cabo de unos meses a comprar la producción a un excelente precio. Todo inicialmente prestado y que será descontado automáticamente del precio del producto final que recibirá el campesino al momento de vender la cosecha.   

Los resultados acaban siempre siendo los mismos. El día previsto llega el camión y cientos de campesinos esperan para vender su cosecha. La empresa, con tanta oferta de producto, selecciona cuidadosamente aquellos de calidad perfecta, que compra a bajo precio y rechaza el resto. Los campesinos no se pueden negar, ya que esta es la única compradora de la región y el producto no tiene ningún valor a nivel nacional.

Finalmente, con pocas ganancias, alguna que otra deuda y sin maíz ni frijol que comer acaba apareciendo la siguiente crisis alimentaria de la región.

La empresa en cambio, ha vendido sus semillas y sus agroquímicos al precio que ha querido y ha conseguido buenas ganancias al comprar también al precio que ha querido. Y sin correr ningún riesgo. Si hay mala cosecha, pocas lluvias o alguna plaga, es el campesino quien asume todas las pérdidas.

Guatemala tiene suficiente territorio y campesinos para producir todo el maíz y el frijol  que necesita el país para estar bien alimentado e incluso tendría excedentes para su comercialización. Sin embargo, cada pocos años llega una nueva ola de modernidad siempre en la misma dirección: convertir al país en una nueva república bananera. 

La última ola: los agrocombustibles.  Pero de estos os hablo otro día.