jueves, 10 de enero de 2008 16:06
Anna Isern,
Sin maíz no hay país
Este año, 2008, se inicia con la puesta en marcha de la última fase del TLC (Tratado de Libre Comercio) entre México, EEUU y Canadá.
En el mes de diciembre, se cumplieron 15 años desde que entró en vigor este nuevo modelo económico comercial, como una verdadera guerra en contra de la supervivencia de los campesinos y campesinas mexicanos.
Finalmente, desde este mes desgravarán todas las importaciones de maíz y fríjol procedentes de EEUU y Canadá y los campesinos y campesinas mexicanos tendrán que defenderse solos contra los productos que cuentan con un subsidio de sus gobiernos hasta 30 veces superior al subsidio promedio que otorga el Gobierno de México.
El control de la comida de esas comunidades y de su soberanía alimenticia pasará a estar a manos de unas cuantas transnacionales. Es la consecuencia de dislocar la producción agropecuaria de un país, orientarla a producir solo para la exportación y que su alimentación dependa totalmente de las importaciones es la forma más rápida de matar al campo.
Pero lo peor no es eso, lo peor es que los gobiernos centroamericanos, ciegos a lo que ocurre en su país vecino, donde la tortilla de maíz, alimento básico de las familias como nuestro pan, ha incrementado su precio cinco veces, andan pregonando las maravillas del TLC y siguen los mismos pasos que México. Sin aprender de los errores ajenos.