Por Catherine Weibel, responsable de prensa de Oxfam Internacional en Jerusalén.
El mes pasado fui a Gaza para reunirme con tres mujeres que fueron las primeras en los Territorios Palestinos Ocupados en reclamar una indemnización tras ser despedidas sin previo aviso hace cinco años por un empresario israelí. Entonces, yo era parte de una delegación de Oxfam Internacional que actuaba como intermediaria en la entrega de dinero a Gaza.
Orub Al-Najjar Freih, Naame Maghasib y Fida Abu Al-Najjar habían trabajado en las fábricas textiles de Israel, en la zona industrial de Erez, hasta el 2004. Durante varios años, empezaban a trabajar como costureras a las cuatro de la mañana y terminaban a las siete de la tarde. A eso hay que sumar las más de dos horas diarias en autobús de Gaza a Israel.
Su salario era de unos ocho shekels por hora (aproximadamente 1,5 euros), mientras que el salario mínimo en Israel está estipulado en 20 shekels la hora (casi 4 euros). Pero no tenían muchas más opciones, ya que había pocas oportunidades de un trabajo mejor remunerado en Gaza. "Hice tan poco dinero que la abaya (vestido típico) que me pongo hoy es la misma que llevaba en mi primer día de trabajo, hace ya algunos años –dice Fida–. Pero no me quejo. Al menos tuve la oportunidad de comprar comida para mi familia en ese momento. Ahora, hay días que los paso sin un shekel en el bolsillo".
Unos 25.000 habitantes de Gaza, al igual que Fida, solían trabajar para empresarios israelíes. Hoy ya no lo hacen. Eso significa que 25.000 personas –y sus dependientes– han perdido una valiosa fuente de ingresos. La pérdida de empleo entre la población palestina comenzó en el 2000, debido al cierre de la frontera entre Israel y Gaza tras la segunda Intifada. Luego, en el 2004, el Ejército israelí impidió a los trabajadores salir de Gaza y cerró la zona industrial de Erez.
Los trabajadores de Gaza empezaron a faltar a sus puestos de trabajo debido a este cierre de la frontera. Era imposible ir. Lo peor es que muchos empresarios les echaban la culpa a los propios trabajadores por esas ausencias laborales. Así, se negaron a otorgarles una indemnización por despido, a pesar de que la Ley del trabajo de Israel establece que los trabajadores despedidos tienen derecho a un mes de sueldo por cada año trabajado. Hoy, la mayoría de estos trabajadores están atrapados en Gaza, desempleados y dependientes de la ayuda humanitaria.
"Algunos de los trabajadores despedidos en el 2004 estuvieron trabajando durante más de 30 y 40 años en Israel –asegura Karim Nachwan, el director del Centro por la Democracia y los Derechos de los Trabajadores (DWRC) en Gaza–. Algunos de ellos habían empezado a pagar los plazos para recibir las pensiones estatales, que ahora se les han negado".
Dos organizaciones locales que trabajan con Oxfam Internacional, Sawt El-Amel –una ONG de trabajadores palestinos en Israel– y DWRC, están tratando de conseguir una compensación por despido para los trabajadores de Gaza en los tribunales, aunque también están intentando negociar directamente con los empresarios israelíes.
Orub Al-Najjar Freih, Naame Maghasib y Fida Abu Al-Najjar consiguieron finalmente que les pagasen. Lo lograron a través de un acuerdo extrajudicial. Cuando me reuní con ellas mientras celebraban la ocasión, estaban tan sorprendidas que dos de ellas me abrazaron mientras rompían a llorar. "Me siento abrumada por esta buena noticia –dijo Orub–. Mi marido está sin trabajo. Este dinero significa que por primera vez en años no voy a tener que ir a pedir dinero a mi tío. Voy a ser capaz de comprar ropa nueva, pañales y leche para mis cuatro hijos. Podré ocuparme de mi familia durante un mes con este dinero".
Yo estaba feliz por ella. Pero cuando le pedí a Orub que me mostrara el cheque, no podía creer lo poco que había recibido. Más o menos el coste de algunas comidas en un buen restaurante de Londres, París o Nueva York.
"Estas mujeres recibieron mucho menos de lo que legalmente tenían derecho a percibir –sostiene la responsable de Relaciones Internacionales de Sawt El-Amel, Marie Badarne–. Pero para las mujeres que viven en Gaza, un poco es mejor que nada. Sigue siendo un pequeño éxito".
"Aquí hay que ser agradecido por cada shekel que se pueda ganar –me dijo Fida–. Aunque no es un montón de dinero, es suficiente para mí porque había perdido toda esperanza de recibir una indemnización".
Fida me explicó que ha pasado ya siete veces por quirófano debido a un cáncer de mama. Me dijo que a los 29 años ya estaba llena de cicatrices y, sin embargo, aún sigue enferma: "Soy débil y eso me impide recibir el tratamiento adecuado. Sólo espero que las ONG que me ayudaron a obtener la indemnización del empresario que me contrató me puedan ayudar a salir de Gaza para poder someterme a una nueva cirugía en unas condiciones mejores".
También asistió a la celebración Yussef Abu Kamel, de 31 años. Solía trabajar como carpintero en una fábrica de muebles de Israel que empleaba a 350 trabajadores de Gaza, tanto en la zona industrial de Erez y como en la ciudad israelí de Ramla. Todos fueron despedidos en el 2004, cuando se cerró la frontera. Yussef, que llevaba a casa unos 1.000 dólares cada mes, de repente se quedó sin un centavo. Fue el primero en acercarse a Sawt El-Amel, en nombre de sus antiguos compañeros. En diciembre del 2008, la organización presentó las primeras reclamaciones de indemnización para 13 trabajadores en los tribunales de trabajo israelí. Reclamaba un millón de shekels (unos 180.000 euros) por los salarios perdidos y los derechos de seguridad social.
Yussef, que trabaja para la ONG Sawt El-Amel en Gaza, se enfrenta ahora a una situación kafkiana: el Tribunal de Justicia de Israel le ha convocado a acudir en persona a reclamar sus derechos. "Si no compareces ante el tribunal después de haber sido convocado en dos ocasiones, se desestima el caso... Perderé mis derechos –me dijo–. Ellos deben saber que no puedo ir a los tribunales, pues estoy atrapado en Gaza desde el bloqueo israelí, que impide que los palestinos salgamos de la franja".
Por otra parte, una decena de sus excolegas deben aportar unos 270 euros en el próximo par de semanas para pagar los depósitos de seguridad que requiere el Tribunal de Justicia de Israel, donde su caso está pendiente. Si no depositan el dinero, que es necesario para compensar al dueño de la fábrica donde trabajaban si ellos pierden el caso, sus demandas podrían ser desestimadas. Una situación surrealista.