Mañana, algunos de los dirigentes más poderosos del mundo se reúnen en Nueva York. La UE, EEUU, Rusia y las Naciones Unidas (también conocido como el Cuarteto) se reúnen con el objetivo de poner fin al conflicto del Oriente Medio.

Cuando pienso sobre ello, quisiera comenzar a evocar un sueño en mi mente. En este sueño, he dejado la Franja de Gaza, lugar en el que trabajo como cooperante y donde además como palestino sufro aquí los efectos del bloqueo.

Cierro los ojos y estoy en un avión volando hacia Nueva York. Después de llegar, de repente soy libre, de pie delante de estos líderes, dispuesto a pronunciar el discurso más importante de mi vida. Mis manos tiemblan ligeramente. Me reajusto el cuello, tomo un sorbo de agua y aclaro mi garganta. Me acerco hacia el atril débilmente iluminado y empiezo a leer mi discurso.

"Señoras y señores, honorables miembros del Cuarteto, he llegado hoy a ustedes después de un largo camino desde un pequeño trocito de tierra llamado la Franja de Gaza.

Me dirijo a ustedes para tener una franca y honesta charla. Vengo vestido con mi ropa de trabajo, la ropa de un trabajador humanitario palestino, un ingeniero de agua, cuya vida gira en torno a la prestación de asistencia a las personas de Gaza que siguen sufriendo.

Vengo aquí en calidad de testigo. He visto a mi propio pueblo morir por haberle sido negado el acceso a tratamiento médico en Israel. He sido testigo embarazoso de familias defecando en las estancadas aguas residuales de sus hogares, porque el equipo necesario para que las infraestructuras de saneamiento funcionen no puede llegar a Gaza a causa del bloqueo. He visto a familias bebiendo agua contaminada por la misma razón. He sido testigo de demasiadas cosas.

Cuando se reunieron hace casi un año en Annapolis, les ví desde lejos como decían que los palestinos y los israelíes lograrían alcanzar la paz gracias a su ayuda. Dijeron que ayudarían a la reforma de la Autoridad Palestina, harían un llamamiento a Israel para que detuviera la expansión de los asentamientos, aflojara las restricciones y la dura política hacia el territorio palestino ocupado, hicieron muchas más promesas ...

... Seguimos esperando todavía que esas promesas se conviertan en una realidad.

Algunos dicen que la situación humanitaria para nosotros no es tan mala, porque no nos morimos de hambre, porque no usamos trapos para taparnos. Pero estoy seguro de que saben lo difícil que es para los trabajadores y las familias afrontar esta situación. Sus propias estadísticas afirman que alrededor del 80% de los palestinos en la Franja de Gaza dependen total o parcialmente de la ayuda alimentaria.

Sin embargo, incluso para los organismos humanitarios en Gaza la situación es muy difícil. Tienen la sensación de que sólo pueden obtener los suministros que necesitan para su trabajo vital en Gaza si negocian y suplican. A causa de esto, muchos proyectos humanitarios se han estancado, incluidos algunos de agua y saneamiento en los que estoy trabajando. Así que, ¿dónde están las mejoras que prometieron hace casi un año? Convivimos con los efectos del bloqueo y la debilitación de la Franja que conllevan y podemos ver cuando van a acabar. ¿Por qué?

Dadnos nuestros derechos y libertad. No podemos poner pan en nuestras mesas con tan sólo promesas.

Me pregunto, ¿aceptarían en Washington, Ginebra, Moscú o Madrid que la economía y los sistemas de salud y educación funcionaran tan mal?

Por lo que sé, cuando ustedes tienen un problema en su país, alguien viene y actúa como mediador. Ustedes, los dirigentes, son el mediador. Ustedes nos juntaron para llegar a un acuerdo de paz antes de finales de este año.

Ustedes, los dirigentes tienen la sartén por el mango, pero no lo suficientemente agarrada como para sentarse en la mesa y lograr llevar sus promesas a cabo. La sartén está todavía en su tribunal. Es el momento para que elijan de nuevo.

Ahora vengan y tomen asiento junto a mí y no me muestren su espalda.