Mercado GazaEsta semana estamos muy ocupados aquí en Gaza. Es la vuelta al cole de los niños y también el principio del Ramadán.

Tras un verano difícil, lleno de cortes de luz y agua, y falta de gasóleo, los niños están felices de volver al colegio. No sé que es lo que les hace más felices: volver al colegio o ver a sus amigos. A pesar de que hemos podido comprarles algunas cosas nuevas para el cole, nuestros hijos tendrán que ir vestidos con lo mismo que llevaban el año pasado. No quiero que se conviertan en unos niños mimados, aunque tampoco hubiera podido permitirme renovar su vestuario.

Normalmente ya es una época del año dura, pues hay muchos gastos. Pero este año todo es aún más caro a causa del bloqueo de la Franja de Gaza, que empezó hace más de un año. Cuando fuimos a comprarles carteras a los niños, mi mujer y yo nos quedamos atónitos de ver que ahora teníamos que pagar 50 shekels (casi 10€) por una bolsa que costaba 20 shekels hace un año.

Afortunadamente, nuestros hijos no se verán afectados por la huelga de profesores en las escuelas públicas, pues ellos van a una escuela para refugiados de Naciones Unidas. Estoy contento y aliviado por el hecho que el inicio de su año escolar no va a verse afectado por la huelga del sector público, que empezó hace un par de días como consecuencia de la inestabilidad política en Gaza. Al igual que con el bloqueo israelí, son las personas las que sufren más. Como les ocurre a los escolares.

Ayer, visité una de las escuelas privadas de Gaza para tratar de entender cómo la huelga de profesores puede afectar al sistema escolar privado. Me entrevisté con el director y le pregunté si esperaban aumentar el número de inscripciones por parte de aquellos padres que pueden pagar con sus ahorros el precio de la escuela privada, a fin de asegurarse la permanencia de las clases. Me contó que las inscripciones ya han excedido la capacidad de la escuela. "Tenemos a 300 niños que quieren inscribirse, pero sólo podemos aceptar 120," me dijo.

Ayer, también llevé a mis hijos al Viejo Mercado de Gaza. Me gusta llevarlos allí y enseñarles cómo comprar los productos adecuados y cómo regatear. Es muy divertido. Los niños corretean por todas las paradas, hacen preguntas y le dan un bocado a aquello que decido comprar. Me hacen reír. Pensé que el mercado estaría lleno de gente comprando para el Ramadán. Pero, sorprendentemente, no vi a mucha gente. Los precios están muy altos, y la gente no se lo puede permitir.

Francamente, no pienso que nada haya mejorado desde el último Ramadán, cuando sólo llevábamos tres meses de bloqueo. La frágil tregua con Israel que se mantiene desde el pasado mes de junio ha detenido gran parte de la violencia, y algunos bienes y gasóleo han empezado a entrar. Pero llevábamos 15 meses completamente aislados y esto tiene un alto precio. El año pasado, si querías comprar queso, podías escoger entre tres o cuatro variedades, pero ahora sólo hay uno o dos tipos de queso a la venta. Los precios de los dulces también están por las nubes. La tregua todavía no ha tenido el impacto positivo que esperábamos. Además de los altos precios y la escasez de gasóleo, el movimiento de las personas dentro y fuera de la Franja está limitado a mínimos.

Sabes, el Ramadán es una fiesta social. Cuando alguien te invita para Iftar (fin del ayuno cuando se pone el sol), puedes estar seguro que tendrás a toda la familia y amigos reunidos. Se supone que es un momento importante, para compartir una comida suntuosa a base de carne y arroz. ¡Imagínate lo difícil que será tener suficiente carne para alimentar a cientos de personas!

Es una pena, de verdad, porque realmente, me encanta la comida que tenemos durante el Ramadán.

A pesar de estas frustraciones sobre el Ramadán, me alegré mucho cuando vi los dos barcos del movimiento Gaza Free (Gaza Libre) flotando en el Mediterráneo, justo frente a nuestro litoral. Los pacifistas que estaban a bordo se manifestaban contra el bloqueo, y saber que hay gente ahí fuera que se preocupa por lo que nos ocurre, nos dio un soplo de esperanza.

Fue una ocasión para celebrar.

Podía ver los dos barcos desde mi ventana. La BBC informó que uno de los barcos acompañaba a los pescadores de Gaza, y pudieron ir más allá de lo que habían podido ir en los últimos 40 años, desde que Israel impuso la limitación de acceso a las aguas. Vi uno de los peces que pescaron y no podía ni creer que fuera tan grande! Nunca había visto un pez tan grande salir de nuestro mar. ¿Puedes imaginar la cantidad de peces grandes que podrían pescar y el número de gentes que podrían alimentar si se les permitiera ir lejos en el mar cada día?

Para terminar, nuestra familia recibió muy buenas noticias. Tras ocho meses de intentos frustrados para salir de la Franja de Gaza, nuestro sobrino consiguió finalmente autorización del Gobierno israelí para ir a Bélgica a estudiar. Nos llamó desde Bélgica hace dos días. Nos sentimos tan orgullosos, tan felices por él. Toda la familia le apoyó en los tiempos difíciles y le animó a que perseverase en sus sueños.

Esta es nuestra lección. Nunca debemos dejar de tener esperanza