Carrer de GazaMe considero afortunado en comparación con muchos otros habitantes de Gaza. Lo sentí claro el otro día, cuando conocí a Hamyd, un refugiado en el campo de Rafah. Hamyd tiene 36 años, siete hijos y toda la familia duerme en una misma habitación. Las paredes de la casa están hechas con barro y amianto. Lo que Hamyd creyó que iba a ser un alojamiento temporal, se ha convertido en su casa. Lleva casi toda su vida en ese lugar y es el único que han conocido sus hijos.

En el campo, como en muchos otros lugares de Gaza, no hay gasolina para hacer funcionar el pozo. Los cortes en el suministro eléctrico implican que sólo hay agua un día a la semana por lo que es muy poca la cantidad que los habitantes de Rafah pueden obtener.

La Organización Mundial de la Salud establece un mínimo de 15 litros de agua diarios por persona para sobrevivir. La familia de Hamyd recibe tan sólo 110 litros para toda una semana.

Hamyd ya no puede trabajar pues le diagnosticaron una profunda depresión. Ha estado rodeado de violencia toda su vida y, finalmente, ha caído en un agujero negro. Su familia se encuentra entre las 650.000 personas que reciben comida del programa de asistencia de Naciones Unidas, que hace un par de semanas tuvo que ser cancelado por la falta de carburante que afecta a la región. Si esto sigue así, ¿cómo sobrevivirán personas como Hamyd y su familia?