Faltan dos semanas para que mi mujer de a luz. El bebé está feliz ahora, todavía dentro de la barriga de su madre, protegido de la violencia y del sufrimiento que existe en Gaza.

Naturalmente, estoy muy preocupado por la madre y por el hijo. Cuando mi mujer dio a luz a nuestro hijo anterior tuvo muchas complicaciones que, hoy, ya no pueden tratarse en Gaza. A consecuencia del bloqueo, la situación del sistema sanitario es pésima y empeora cada día. Como conocemos la situación, decidimos que el bebé nacería por cesárea antes de intentar un parto natural. Al menos, en Gaza, todavía se hacen cesáreas. Si surgiera algún problema durante el parto natural no habría posibilidad de tratarla, y podríamos perder al niño y a ella.

El otro día me pregunté qué es lo que escribirían en los registros del hospital cuando nuestro hijo naciera. Peso, altura, musulmán, ¿palestino? ¿Qué significa hoy en día ser palestino? Significa no tener agua potable, ni seguridad, ni libertad de movimiento ni ninguna certeza sobre lo que va a ocurrir.

Como padre, me propongo intentar, lo mejor que pueda, garantizar el futuro de mis hijos, pero el futuro ha sido sustituido por la incertidumbre, no sólo para mí y mi familia, sino para el millón y medio de personas que vivimos aquí.

No tenemos gasolina para nuestros coches. Hasta ahora me las he arreglado, pero tendré que transformar mi coche para que pueda funcionar con gas. No quiero arriesgarme a no poder llevar a mi mujer al hospital. Es peligroso, pero la mayoría de la gente de Gaza se ha visto obligada a hacer el cambio, ya que no hay posibilidad de conseguir gasolina. No sabemos cuanto va a durar esto, pero no podemos rendirnos. Tenemos que seguir adelante, lo mejor que podamos. La falta de gasolina tiene efectos devastadores en los hospitales. Muchos médicos y enfermeras no pueden trabajar, las ambulancias tampoco tienen gasolina para poder llegar a los enfermos y heridos.

Hoy, hablé con un amigo al que no había visto hace tiempo. Solíamos hablar cada día, pero ahora sólo lo hacemos de tiempo en tiempo, pues se ha pasado nueve meses bloqueado en Egipto. Me alegró oír lo contento que estaba cuando hablé con él por teléfono. Está preparando su boda por segunda vez. El año pasado, su hermano fue herido gravemente en unas disputas internas, así que se lo llevó a Egipto para que pudieran tratarle, ya que en Gaza no podían ayudarle. Fue terrible, pues a causa del bloqueo, ni él ni su hermano pudieron regresar. Así que no hubo boda.

Hace nueve meses, cuando abrieron la frontera con Egipto, su hermano tuvo que hacer frente a un gran dilema: regresar a Gaza o continuar en Egipto, donde el tratamiento le permitiría andar de nuevo. El temor a no volver a ver a sus amigos y familiares les hizo tomar el camino hacia Gaza. Ahora, su hermano no puede andar, tiene la pierna llena de munición y aquí no pueden tratarle. Pasa la mayor parte del día en cama.

Desde que mi amigo ha vuelto a reunirse con su prometida, las preparaciones para la boda han empezado de nuevo. Ayer, fuímos a comprar su traje de boda. Pasamos horas buscando en las tiendas vacías y no hace falta que os diga que cuando finalmente lo encontró era carísimo. Cuando le dijimos al propietario de la tienda que estábamos buscando otras cosas para la boda, nos dijo: "No perdáis el tiempo, no vais a encontrar nada. Guardad las ropa que ahora tenéis y cuidarla bien para que os dure".

La pregunta que ronda nuestra mente es: ¿Cuánto tiempo va a durar esta barbarie? Después de todo, sólo somos seres humanos.