"He sido pescador durante 35 años, desde que cumplí los 15. Nací en Il Jura, un lugar famoso por sus pescadores. Cuando mi padre emigró a Gaza en 1948, lo hizo con su barco", me explica Jamal Mohammed Bassalla, el portavoz de los 450 pescadores del Sindicato de Rafah, en el sur de la Franja de Gaza.

Jamal es uno de los 35.000 pescadores profesionales que trabajan en los 40 km de costa de Gaza. Sostienen a 40.000 personas, entres las que se encuentran sus familias, los mecánicos y los vendedores de pescado. "Pero cada vez resulta más difícil obtener rendimiento de este trabajo", se queja Jamal. Durante los últimos años, la industria pesquera de Gaza se ha visto gravemente afectada por el incremento en las restricciones impuestas por el gobierno israelí, que es quien dictamina a cuánta distancia de la costa se puede pescar.

En 1995, los acuerdos de Oslo  --que significaron un importante avance en el proceso de paz-- establecieron que los pescadores palestinos tendrían permiso para pescar hasta 20 millas náuticas (37km) mar adentro. Hoy, sólo pueden salir 1,4 millas. "Si nos pasamos, los israelíes pueden dispararnos y destruir nuestros barcos y redes, o forzarnos a regresar a la orilla" me explica Jamal. 

Según Israel, las restricciones de pesca forman parte de una estrategia de seguridad general para combatir el contrabando de armas y los ataques suicidas. Pero mientras el contrabando sigue siendo un reto para todos los países costeros del mundo, los pescadores de Gaza tienen que sufrir las consecuencias de esta indiscriminada restricción. Khalil Shahin, del Centro Palestino de Derechos Humanos explica: "Lo más lejos que los israelís han permitido a los pescadores trabajar es a 12 millas náuticas de la orilla. Esto fue en 1990, cuando los pescadores de Gaza capturaban aproximadamente 3.000 toneladas de pescado al año. Pero la productividad ha caído en picado desde entonces, a causa del incremento en las restricciones. Ahora se pescan menos de 500 toneladas al año."

Jamal y sus colegas se sienten frustrados, porque ya no pueden ganarse la vida con la pesca sin arriesgarla. Algunos lo han intentado. Abdullah, otro de los miembros del sindicato, admite: "No tengo alternativa. Yo llevo mi barco cuatro o cinco kilómetros más allá. Algunas veces lo conseguimos, pero otras, nos empiezan a disparar cuando estamos recogiendo la captura."

Las restricciones sobre lo lejos que pueden ir los pescadores también ha afectado el tipo de especies que capturan: ahora dependen mucho más del pescado de aguas poco profundas, como las sardinas. Muchos han empezado a usar redes más pequeñas para capturar pescados más pequeños o jóvenes. Los pescadores argumentan que el bloqueo israelí no les deja otra elección, a pesar de que tienen que hacer frente a las críticas de los estocs que permanecen sin venderse. Irónicamente, el número de pescadores en Gaza ha aumentado en los últimos años, ya que muchos de los hombres que trabajaban en Israel han regresado y han encontrado en la pesca profesional una opción para sobrevivir.

El mar es el recurso natural más grande de Gaza y para los hombres del Sindicato de Rafah la solución a la crisis es bien simple: se acogerán solamente a sus derechos establecidos en los Acuerdos. "Necesitamos la apertura de las aguas", dice Jamal. "Soy un pescador con educación, licenciado en Geografía por la Universidad de Beirut, pero volví a pescar porque amo el mar". Tiene dos hermanos y seis hijos que también son pescadores. "Tenemos nuestros barcos y nuestras redes" explica. "Estamos listos para trabajar".