Niños en GazaHoy, mis dos hijas cumplen siete años. He estado ahorrando durante meses para poder cubrir los gastos y que su cumpleaños sea especial. Hay muy poco que los niños puedan esperar en estos días, por lo que esto es importante tanto para ellas como para mi.

Invité a la mayor cantidad de familiares y amigos que pude a su fiesta. Pero, finalmente, sólo vinieron unos pocos. Algunos no me dijeron porqué, quizás porque no quisieron admitir la triste verdad: no estaban en condiciones de pagar el traslado a la fiesta o incluso comprar regalos. El transporte es difícil dado el goteo de combustible que sólo se permite ingresar en Gaza en este momento. Esto significa que los costos para viajar se han incrementado y muchas familias incluida la mía no tienen combustible para cargar sus autos o dinero para pagar taxis.

Sin embargo, pasamos un buen momento. Yo estaba feliz, ya que hacía mucho tiempo que no teníamos un acontecimiento feliz en la familia. Hay tantos problemas a nuestro alrededor y tan pocas cosas para celebrar. Mis niñas estaban encantadas y sorprendidas al recibir chocolates y dulces (finalmente me las arreglé para comprarlos) Incluso conseguí comprar un pastel para cada una de ellas. También estaba satisfecha, a pesar de que intenté encontrar jugo de naranja ya que es su bebida favorita pero no había ninguno en las tiendas.

La tienda de la vuelta de la esquina de mi casa es famosa en Gaza por sus pasteles. Cada vez que voy está rebosante de cosas dulces y llena de gente. Cuando fui hoy, los estantes estaban casi vacíos y yo era la única clienta, otro recordatorio de lo que el bloqueo está provocando. Le pregunté al dueño porqué había tan poco. Él respondió: "Tuve cortes de energía en mi tienda, lo que hace muy difícil hornear. De cualquier modo, no hay necesidad de hacer muchos pasteles, la gente no puede pagarlos y si hago demasiados, sólo irán a la basura y perderé dinero."

Busqué velas de cumpleaños, pero no había ningún lugar donde encontrarlas. Me las arreglé para conseguir un polvo que viene en un tubo y brilla cuando lo enciendes. Los rostros de mis niñas se iluminaron cuando lo vieron, sus sonrisas no tenían precio.

Generalmente, les compro ropa para su cumpleaños, pero no hay casi nada a la venta en las tiendas de Gaza, ni siquiera ropa de segunda mano. No es de sorprender que la gente haya empezado a confeccionar su propia ropa a partir de otra más vieja. Como padre, me entristece decirlo, compro vestimenta para mi familia hecha de telas con las que generalmente se tapizan sofás. Los carpinteros ya no tienen la madera necesaria para construir muebles, debido a que el bloqueo ha detenido el ingreso de casi todos los materiales. Por lo que las telas que se suponía que serían utilizadas para hacer muebles ahora se usan para indumentaria.

Después de que llegaran todos puse música de la pequeña colección que tengo. La mayoría de nosotros bailó con los niños, riendo y sonriendo. Yo cuidé de no poner el volumen muy alto. No quería molestar a los vecinos. Temía parecer insensible, haciendo una fiesta en tiempo de tristeza y desesperanza. Sin embargo, fue lindo por una tarde olvidarse de la miseria que nos rodea. Si me detengo y cuento los días de felicidad experimentados con la familia durante el último año, me caben en una sola mano. Era importante, entonces, que lo disfrutáramos tal como lo hicimos.

Al día siguiente, los niños festejaron sus notas del último período escolar. Me comuniqué con el maestro de mis niños para saber cómo iba a organizarlo. Generalmente, los padres se reúnen en la escuela para celebrar los logros de sus hijos. Me dijo: "Este año no tenemos nada de que regocijarnos, las notas son bajas y los niños no tienen casi nada para celebrar. No es sorprendente, dado que cuentan con poca comida, cobijo y seguridad. Casi no hay libros para el nuevo período escolar en las escuelas, los niños y maestros están estresados por los efectos del bloqueo y los ataques a nuestra gente."

Mis niños, a los que por suerte les fue bien, se levantaron por la mañana y me miraron sonriendo y dijeron "papi, no te olvides de comprar dulces para hoy". No había caramelos en las tres tiendas cercanas a mi casa, tampoco palabras para explicarles que la mayor parte de sus compañeros habían suspendido. Como palestinos, estamos orgullosos del nivel de educación de nuestra gente. Ahora incluso esto nos está siendo negado.

Más tarde, camino de regreso a mi oficina, oí noticias de última hora de que había habido un asesinato cerca de mi casa, donde unas personas rezaban. Inmediatamente llamé a mi esposa para asegurarme de que ella y los niños estaban bien y advertirles de que no salieran. Estaba preocupado por su seguridad. Nuestras ventanas son de cristal y vibran cada vez que hay explosiones. Tememos que puedan romperse y herirnos.

Se me presentó otro dilema. ¿Dejo las ventanas abiertas para que los cristales no se caigan sobre ellos? ¿O las cierro intentando mantener a mis hijos lo más abrigados posible sin electricidad? Tuve que tomar una decisión: la que menor daño les causara. Esta es la clase de decisiones que tienes que tomar cada día, viviendo en Gaza.

(Omar es trabajador humanitario que colabora con Oxfam Internacional)